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Crisis y respuesta de los trabajadores 

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Ponencia a ser presentada en la conferencia “Crisis mundial y sus efectos en el Perú, Alternativa de los trabajadores”, organizada por la CSN, Perú, en Lima, 23 y 24 junio, 2009.

Actualmente vivimos un periodo de crisis, eso pretenden hacernos creer los medios de comunicación del capital. La realidad de nuestras vidas nos dice que todos los días estamos en crisis. Hay un abismo que separa el mundo real vivido por los trabajadores, del mundo “real” que nos presentan los grandes medios de comunicación. También hay un abismo entre lo que se percibe como real y lo que en verdad ocurre. Muchas veces nuestros sentidos, deformados por los deformadores del sistema, nos juegan malas jugadas en contra de nuestros propios intereses. De la crisis hablada y pregonada por el sistema y analizada por economistas que solamente ven cifras, a la crisis diaria que viven los millones de personas, que dependen de la venta de su fuerza de trabajo, hay una diferencia. Ahora la crisis de ellos afectará con más fuerza la crisis que vivimos todos los días. Si antes perder el trabajo era un peligro remoto, ahora puede ser casi una certeza. Si antes los aumentos de sueldo algo podían ayudar a mantener el modo de vida del trabajador, ahora no servirán de nada y en muchos casos se esgrime el falso argumento de que, para salvar la fuente de trabajo, hay que aceptar la reducción del salario. Si antes había millones de pobres, ahora hay muchos más y son mucho más pobres.

Algunos políticos demagogos hablan de terminar con la pobreza, como si la pobreza fuera la causa de ella misma, cuando en realidad es la riqueza en pocas manos la que genera la pobreza y la miseria. Para terminar con la pobreza de muchos, primero hay que terminar con la mucha riqueza en manos de unos pocos, mucha riqueza que tiende a concentrarse en menos manos.

En el año 1848 se publica un libro pequeño y grande, pequeño por la cantidad de páginas y grande por su contenido, que a 160 años aún conserva vigencia plena. En él se dice:

"Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarlo decaer hasta el punto de tener que mantenerlo, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede seguir viviendo bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad". Marx – Engels, 1848

Este el el meollo del asunto: la existencia de la burguesía, es decir la existencia de los dueños del capital y del poder, se ha hecho incompatible con la existencia de la sociedad. Ellos trabajan para si mismos y ya no están en condiciones de entregar soluciones a ninguno de los problemas que ellos mismos crean, hablo de soluciones humanas, soluciones que tengan por misión el ser humano. Hoy vivimos la total deshumanización de la sociedad, que es la deshumanización de los dueños del capital y del poder.

Cualquier propuesta de solución a la crisis debe considerar que no hay solución en los marcos del sistema. Qué no nos engañen con sus mensajes ni sus políticas ni sus certezas. Nada que venga de los causantes de este mal mayor, llamado sistema capitalista, puede significar algo bueno para el conjunto de la sociedad, siempre será algo bueno para unos pocos y las mayorías quedan a su propia suerte.

Esta verdad también vale para aquellos que se empecinan en decirnos lo mal que marcha el mundo, cuando eso lo sabemos, por vivirlo todos los días, de lo que se trata es de atrevernos a pensar soluciones desde nuestra perspectiva, desde nuestros intereses, intereses que tienen en cuenta la sociedad toda.

Leo en internet en el blog: El lado oscuro de la tierra:
Dentro de los países de América Latina, el Perú es uno de los más pobres. Lo corroboran múltiples informes de organismos internacionales como el PNUD, BID, CEPAL y otros. Todos ellos señalan que más del 50 por ciento de la población peruana (estimado en 28 millones de habitantes), no satisfacen adecuadamente sus necesidades más elementales: alimentación, salud, educación y vivienda. Y de éstos, aproximadamente el 20 por ciento, viven en condiciones de extrema pobreza, es decir, en condiciones de indigencia.

Con todo, el mal mayor del país y de casi todos los países del mundo no es la pobreza ni la extrema pobreza, es la riqueza en pocas manos que genera tales extremos. El único, y grave, inconveniente con esta verdad es que, en la mayoría de los casos, los afectados no se ven o no quieren verse a si mismos como tales. Por lo mismo no se reconocen en el otro que vive en su barrio o con el cual se comparte un trabajo o una actividad de fin de jornada o el drama de buscar un empleo. Este no reconocerse impide un accionar común por soluciones comunes, son víctimas de la ideología dominante y solamente ven soluciones individuales, soluciones que reproducen el sistema que los aplasta.

Todos los países cuentan con la suficiente riqueza o pueden desarrollar sus potencialidades para que todos sus habitantes vivan en condiciones de dignidad humana, con un sueldo digno, con vivienda apropiada, con suficiente comida, salud y abrigo. Es el sistema capitalista el que impide el desarrollo de todas las potencialidades humanas y condena a toda la sociedad a vivir bajo unas reglas que nos conducen inexorablemente a la extinción. Extinción que comprobamos en cientos de especies vegetales y animales que ya no existen y en otras tantas amenazadas. Ahora se habla de los efectos de los cambios climáticos, vemos como el hielo de los polos se va derritiendo por el calentamiento global, producido por el modo de vida que impone el capital, luego vendrá el efecto multiplicado de este desastre ecológico que vivimos, pero no vemos, pues estamos muy ocupados con nuestra propia sobrevivencia.

La vida nos impone la tarea de despertar del letargo que produce la quimérica posibilidad de ser ricos. Es hora de hacer las cosas de distinta manera. Hoy más que en toda la historia humana, nos enfrentamos al dilema de encontrar soluciones unidos o perecer.

Necesario es detenernos en el tiempo que estamos viviendo. Vivimos el momento clave en que todo está en quiebra, el momento en que no hay certezas, el momento en que todo parece venirse abajo y sin embargo el mundo continúa su marcha como si no pasara nada. Las conciencias más avanzadas nos alertan, muchas lo hacen sin la capacidad de proponer soluciones. A este pensamiento debemos decir basta, no es sólo con análisis ni explicaciones de como se ha llegado a lo que se ha llegado que cambiamos el mundo. De una parte en necesario saberlo, pero sin una acción concertada por el cambio, nada cambiará a favor de los trabajadores.

Cada uno de nuestros análisis pierden razón de ser si no van acompañados de una propuesta de acción concreta y también las acciones concretas quedan en nada si no son defendidas con profundas razones: ¡Ni razones sin acción ni acción sin razones!

Toda crisis es un estallido de contradicciones, es un paso hacia otra etapa, que puede ser una continuación a otro ritmo de lo mismo o puede ser un cambio radical. Hasta la fecha el capitalismo ha demostrado que puede sobrevivir, pero la crisis también pone de manifiesto las verdades profundas, es un instante de duda, de vacilación y de febril efervescencia en que se pueden incorporar miles de personas a la lucha. Aprendamos a ver que todo problema existe en tanto hay una incapacidad para encontrar una solución, en este sentido la crisis es una oportunidad de oro para cambiar el sistema que crea estas relaciones monstruosas, estas deshumanizaciones y este descalabro que es el mundo actual.

Hoy es el ser o no ser, en que se lucha o se asume la contemplación como un estado natural, en que avanzamos hacia otra forma de vida o quedamos a la espera de una nueva crisis. Es el ser o no ser de los problemas acumulándose y millones de seres humanos sin capacidad de reaccionar, los gobiernos del sistema implementan políticas que lejos de ser una solución sólo postergan la quiebra total y quienes tienen ciertos poderes de liderazgo muchas veces están o mirando para otro lado o preocupados por su propia sobrevivencia.

Es el momento culminante en que los estragos que el sistema crea se multiplican: cientos de miles de personas que pierden su trabajo y con ello se aumenta la distancia entre pobres y ricos, empresas que son símbolos del sistema quiebran, aumenta la presión de los patrones y sus gobiernos para aumentar los precios de los productos y reducir el salario de los trabajadores. El sistema imperante nos ha conducido a un callejón sin salida, de muchas crisis en un mismo momento. Hoy más que nunca la lucha de los trabajadores es por la vida en su totalidad. Sin resolver las causas profundas que han producido esta acumulación de crisis no habrá continuidad de la vida en el planeta. Este es nuestro drama actual, este es nuestro desafío, esta es nuestra única oportunidad: el cambio de sistema social por uno que tenga como centro y motor al ser humano y la continuidad de la vida.

El asunto es cómo lograrlo. Para que una propuesta de cambio tengan éxito me atrevo a esbozar tres constantes que deben acompañar nuestros pasos:

Uno, la organización, entendida como la capacidad de sistematizar respuestas, la capacidad de desarrollar todas las formas de lucha contra el sistema y por la vida. Organización no puede ser que unos pocos asuman el liderazgo y cientos de miles sean los peones de la jugada, eso ha demostrado que nos conduce a la derrota. Organización debe ser la participación consciente de millones de voluntades. La falsa idea de democracia que el sistema ha impuesto nos indica que somos masa participando medianamente en el juego electoral, participantes en las manipulaciones mediáticas, discutiendo asuntos que no responden a nuestras necesidades ni nacen de nuestra realidad. Por el contrario, organización debíera significar que participamos en el proceso de discusión de las respuestas que impone la realidad y la necesidad que vivimos, participación en las estrategias de lucha, es decir en lo que a cada instante se ha de hacer y participación en el control para que efectivamente se cumpla lo que se ha resuelto hacer. Organización también es aprender de la lucha y es desarrollo de capacidades para adelantarnos a las respuestas del sistema: la represión, la criminalización de la lucha social, las masacres, el miedo como arma desmovilizadora. La propuesta es que entendamos la palabra organización como el proceso de causa y efecto en que una acción nuestra produce una reacción de ellos, en que una acción de ellos ha de producir una respuesta nuestra, el proceso en el que cada acción va ligada a otra, el proceso en que nos asumimos como lo que somos, los responsables de todo;

Dos, la unidad de objetivos en la diversidad de acciones. Primero están los problemas presionándonos por una solución, luego la acción de vencer los miedos y los defectos que nos paralizan, recién aquí viene la discusión de posibles respuestas. Solamente que una crisis es una ruptura, un instante de aceleración, lo cual en nuestro caso significa que nuestras respuestas no pueden ser las respuestas tradicionales ni demorarse en su implementación lo mismo que antes. La aceleración es parte de la respuesta y con ello el cambio de actitud para enfrentar el momento. La unidad hasta la fecha se entiende como el estar de acuerdo, acuerdo que casi siempre se impone desde la perspectiva del más fuerte, ya es hora de que veamos el proceso de unidad como un estado natural de reconocernos en las vicisitudes del otro, reconocernos en la situación real de víctimas de una sociedad que llega a su fin. En este sentido el objetivo mayor no es un aumento de salario ni una fuente de trabajo, el objetivo es el cambio radical de la sociedad. Sobre esta base se impone la necesidad de lograr la más amplia unidad, unidad que se exprese en la diversidad de acciones antisistema;

Tres, la cultura del cambio para el cambio de la cultura. La palabra cultura resiste muchas acepciones, con ella se designan variados significados, por lo mismo es imprescindible aclarar en qué sentido la usamos nosotros. Su sentido más amplio nos dice que cultura es la suma de lo que es y produce la sociedad en un momento dado, es decir cultura es aquello que piensa, dice y hace una persona, que la identifica y la diferencia con otras personas. Cultura es por lo tanto todo lo relacionado con los resultados de la sociedad humana y estos resultados son el producto de la acción o inacción, de los seres humanos en sociedad. Desde este punto de vista todos somos parte de la cultura, esta va siempre con nosotros en nuestra forma de actuar y en nuestra forma de pensar y de ser. Así como cada uno de nosotros somos resultado y parte de una cultura determinada, cada uno de nosotros aporta a la cultura con su pensamiento, con su acción. En tanto resultado y aporte de una cultura, estamos modelados a imagen y semejanza del sistema, en este sentido somos víctimas, pero dialécticamente también aportamos a la modificación de la cultura y somos responsables de nuestros actos y sobre todo, podemos aportar cambios. La crisis actual nos pone en el trance de ser actores, de ser parte activa en los cambios, para ello es necesario ver la cultura en su acepción más amplia y entender que sin una cultura de cambio, sin una acción que de resultados, sin cambios profundos en nuestra conducta, en la forma en que nos vemos y vemos, sin cambios en nosotros que nos acerquen a los objetivos de cambio social, es decir sin cambios en la cultura, no habrá cambio posible. Por lo mismo cobra mayor importancia que los trabajadores de la cultura y los trabajadores en general actuen unidos para incidir en la sociedad toda.

A modo de resumen y en consecuencia con lo expresado entrego algunas propuestas concretas:

1.- A partir de los problemas concretos de la gente, entregar soluciones concretas que tengan por objetivo cambiar el sistema. Esto impone el estudio permanente de la realidad y nos impone el deber de entregar soluciones no para un instante sino para toda la vida.

2.- Crear un Frente de solidaridad que se exprese en todas las circunstancias en que se requiere una acción concreta de apoyo a las luchas parciales.

3.- Contrarrestar la acción corrosiva de los medios masivos de comunicación con nuestra propia red de información y formación, partiendo por consolidar lo ya existente, ir creando formas de apoyo y proliferación de nuestros propios medios de comunicación y de educación.

4.- Organizar el reconocimiento de la gente entre sus iguales: ollas comunes, comités de sin trabajo, etc. El objetivo debíera ser que nadie quede solo en este drama que es social. En realidad se trata de organizar la participación de la gente en la solución de sus problemas, en el entendido de que lo que se vive es el resultado de una acción controlada por el capital para aumentar sus ganancias. Cada una de estas acciones de reconocimiento debe tener como mira los resultados de largo aliento, es decir no pueden ser un parche al sistema, deben ser parte de la lucha antisistema.

5.- Concentrar la fuerza y las capacidades en los frentes de mayor impacto. Sin desconocer la importancia de todas las luchas, debemos tener presente que algunas adquieren mayor fuerza y producen mayor impacto en la sociedad y es en estas luchas o en estos frentes de lucha que a veces debemos concentrar todas nuestras capacidades para que su impacto sea mayor.

6.- A cada problema proponer una solución alternativa al sistema. En otras palabras ya no se trata de luchar por humanizar el sistema capitalista, se trata de luchar por cambiar la realidad, cambiar la vida, cambiar la sociedad toda. Con cada una de nuestras propuestas estamos adelantando el mundo que queremos, el mundo humano posible sin las lacras del actual sistema y sin el actual sistema.

7.- Las conclusiones de este foro resumirlas en un documento que sea punto de partida para una discusión de toda la sociedad.

Como corolario final me queda solamente decir gracias a los hermanos que en la provincia de Bagua han emprendido el camino de la defensa de su modo de vida, de su cultura, de su tierra contra los intentos de la clase dominante de entregar la Amazonía a los intereses del capital. En ellos está resumido el momento actual, en que se lucha por la vida, aún a costa de la vida. Es admirable su entrega y es imitable su ejemplo, qué nuestra solidaridad se haga sentir, qué nuestro accionar haga retroceder los designios del imperio. Qué la lucha de todos nos conduzca al cambio de sociedad.

El autor es chileno, residente en Canadá

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