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Selección mundialista Sub-20, bien acompañada 

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Desde el primer partido (con Canadá) estuve tentado de “garabatear” algunas palabras sobre este hecho deportivo algo extraño. ¿Por qué, extraño? Porque la selección chilena (desde el puntapié inicial) fue casi local y, desde ahí, continuó siendo -definitivamente-, el equipo de casa.

¿Extraño? Sí, aparentemente. Sucede que no es la primera oportunidad que un equipo canadiense de fútbol juega de “visita” en su propio país. (No me imagino una escena en que Chile -en el Estadio Nacional de Santiago- jugara contra Perú y la mayoría de la hinchada apoyara a los peruanos, por ejemplo). ¿Por qué sucede esta “anomalía” en Canadá? Tengo “mis” explicaciones -o “pequeñas teorías” al respecto- y, como son “mías” y “pequeñas”, no voy a opinar sobre cosas de mayores. (¿Mayores?) Puede ser.

Vamos al fútbol
Al jugar Chile su primer encuentro con (el verdadero) equipo local -y ganar en buena lid el partido-, quedó demostrado que nuestros jóvenes atletas efectivamente estaban para quedarse como dueños de casa, hasta el último partido ¿a disputar el título? contra quien sea. ¿Estoy equivocado? Creo que no.

Sigamos viendo…, el fútbol.
Millones de espectadores en el mundo han sido sorprendidos por un hecho (llamémoslo, de nuevo), extraño. ¿Qué sucede? o, ¿por qué la selección chilena juega casi como si fuera el equipo de casa? Parte de la explicación, es la siguiente: años ha, la selección adulta de Chile jugó con Canadá y, el Director Técnico canadiense de la época dijo (terminado aquél encuentro), que “se rendía”. Que desde entonces comprendía (a partir de los chilenos y chilenas) el significado que un encuentro deportivo representaba para quienes sufrieron en sus países de origen la persecución; el odio; el maltrato y muchas veces, el crimen. Qué quieren ellos/as, se preguntó. “Quieren un reencuentro (aunque sea ilusorio) con algo positivo de sus patrias de origen que tuvieron que abandonar algún día. Esa es la realidad y, ante la misma, me rindo. Los entiendo”. Además, según lo que yo puedo recordar, continuó diciendo que no iba a analizar (en ese momento) más sobre el asunto y, que en otros casos, con naciones diferentes, el fenómeno se repite constantemente. Entonces, ojo, no es un problema simplemente cultural, porque, si así fuera, los turcos, los irlandeses etc., ¿tienen las mismas costumbres (que es parte de la cultura) que los chilenos? No, el problema va por otro lado y el partido (y el mundial de menores de 20) está por terminar. Quedan solamente cuatro equipos. Dos partidos más y…,

Sigamos en las tribunas
¿Explica (“la pasión por el fútbol” en sí) el anhelo de miles  de chilenos y chilenas en las graderías que quieren ver triunfar a “sus” muchachos, lejos de la patria que los vio nacer? No. ¿Qué los motiva a llorar, a creer, a soñar, a cantar, a bailar, a volver a hacer empanadas, a tomar más vino chileno, a enarbolar la bandera tricolor con una estrella?, etc., etc. Lo que quieren (y anhelan de verdad), es un reencuentro alegre con Chile, antes de morir, en contraposición con un pasado de dolor. En este mundial de fútbol, entonces, no estuvo la nostalgia del pasado. Estuvo la nostalgia de la alegría del presente o, mejor dicho, rondó el decir, aquí estamos y nadie nos quita la cordillera, menos la patria, compatriotas.

En la cancha se ven los gallos
Desde arriba, nadie observa gallos. Todos/as miran y ven bisnietos; nietos; hijos; sobrinos, parientes todos…, y arriba…, arriba está la orquesta y los directores, abajo. Arriba aplauden. Arriba gritan. Desde arriba, un corazón se fue volando a Chile en un gol y una bandera que gritaba, ¡aquí estamos muchachos! Los directores, abajo, también lloraron, y no se si comprendieron todo; en todo caso, ellos vieron que las puertas de sus casas estaban abiertas en tierras lejanas y el hogar, también estaba acá, por sobre las sombras que separan el alma y encima de quienes siguen cerrando puertas.

Desde arriba, cayó encendida hacia el césped artificial la alegría hacia los jóvenes que estaban bien acompañados.

La familia, en Canadá, se reunió de nuevo. ¿Quién la había separado?

Cosas del fútbol cuando el bombardeo mediático, absurdo y pueril, está lejano.
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