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El cambio que faltó: sale Alejandro y lo reemplaza Juan Cristóbal "dandy" Foxley 

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El domingo es el único día de la semana en que junto unos pesitos y compro El Mercurio, La Tercera, La Nación y Las últimas Noticias. Al igual que todos los políticos, leo a los columnistas de turno e intento entender sus mensajes, en general, ampliamente coincidentes con la línea editorial de los Diarios a los cuales pertenece. El profesor Carlos Peña es fino, analítico y culto y, a veces, un poco iconoclasta; Joaco Lavín se dedica a enviarle mensajes subliminales a nuestra madre Michelle –la verdad, es mucho mejor como columnista que como candidato -; no falta, semanalmente, el último de los mohicanos, Hermógenes Pérez de Arce. En La Tercera, Ascanio Caballo repite las profecías de Eugenio Tironi, su jefe – sus Historias secretas son mejores que sus artículos en la Prensa; el joven Patricio Navia se quedó pegado con la crítica al gobierno ciudadano y la evidente contradicción con la democracia representativa; ya la Mamá aseveró, en una entrevista a El Mercurio, que no se le pasó por la mente mencionar tan peregrino proyecto y, como todos somos ciegos y sordos, estos  dichos pasarán desapercibidos.

Nunca leo a un tal Diógenes de Pelequén pero, al parecer, el filósofo de Sínope es un nombre atractivo para encabezar columnas –he sabido que, incluso, el gran poeta Nicanor Parra, exclamó “qué buen nombre” – , por eso en el diario La Nación, un escritor que no conozco, empezó a utilizar el seudónimo Diógenes del Mapocho, tal vez con la intención de vencer al célebre Diógenes de Pelequén, de Las últimas Noticias; como todos sabemos, la literatura está llena de apócrifos.

Todos los columnistas se solazan en criticar la pésima gestión del pobre chico de mi barrio, Andrés Zaldívar, pero también aclaran que el cambio de gabinete actual no significa un vuelco sustancial en la política del gobierno: es un cambio de cosmética, como el reemplazo de un “pachulí” pequeño por uno más grande y potente. Zaldívar no se cansa de culpar a todo el mundo de su alejamiento del gabinete; para descubrir tan patente verdad no es necesario ser cientista político, basta estar frente a la pantalla a la hora de los noticiarios, y que, de nuevo, todos dicen lo mismo.

El único ministro saliente, que demostró grandeza romana fue el de Educación que, al menos, imitó el gesto del estoico Séneca – claro que no eligió el suicidio  cuando Nerón lo miró mal – sino que optó por volver a la universidad, a diferencia de tantos prohombres que, después de fracasados en sus pegas de gobierno, se van felices a los directorios de empresas privadas.

En este país de comedias y tragedias todos tienen un doble: en la derecha, son los Larraín & Larraín; en la Concertación, el Foxley &Foxley. No quiero agraviar al Canciller, considerado muy buen ministro neoliberal, de economía, pero bastante desubicado en la Cancillería; por consiguiente, si entrara Juan Cristóbal, el “dandy” chileno – y no se cayera algún diente ante miles de telespectadores -, con sus modales aristocráticos podría hacer un buen papel en nuestras relaciones con nuestros hermanos argentinos.

Nuestras relaciones con los países fronterizos siempre han sido un desastre y, como no hay una Cancillería profesional – nada que ver con Torre Tagle o los doctores de Chuquisaca – pasamos de la amistad al odio, con unos y con otros: ora le ofrecíamos a Bolivia  Arica y Tacna que no nos pertenecían – ora aprovechábamos los conflictos con Perú y Bolivia para repartir Arica para Chile y Tacna para Perú, en 1929. Para qué hablar de nuestras relaciones con Argentina: Barros Arana, influenciado por  Charles Darwin, regaló la Patagonia a los vecinos de allende los Andes.

El tema del gas es bastante antiguo: desde que Eduardo Lázaro Frei pactó con el abuelito Carlos  Menem la venta de gas, a bajo precio y abundante, cambiando la matriz energética, empezaron los problemas con Argentina, que cayó en el default y, por la fijación de precios, ningún empresario previó el futuro invirtiendo en gasíferas. Es evidente que el gobierno de Kirchner es populista, proteccionista y, lógicamente, va a privilegiar a los consumidores nacionales; ¿de dónde han sacado que los gobiernos son iguales al “hogar de Cristo”?

Se le dijo una y mil veces al anterior ministro de Ricardo Lagos, Eduardo Rodríguez Grossi, que había que diversificar nuestra matriz energética, por ningún motivo reemplazarla por el petróleo, “que está a precios muy bajos en el mercado internacional”, sino que habría que acudir a la energía hidroeléctrica, eólica, solar, y otras, como si esta operación pudiera realizarse sin ningún plan y de la noche a la mañana.

A Eduardo Frei Ruiz-Tagle se le acaba de ocurrir la genial idea de utilizar la energía atómica, otra vez sin planificar qué se hace con los deshechos y bajo el supuesto de que nuestros “maestros Faúndez” no vayan a cometer un error garrafal como el de Ucrania; incluso, se jacta de haber defendido a Endesa en la construcción de la represa de Ralco. ¡Qué retrógrados son estos ecologistas indígenas! Si le hacemos caso a Lalo, el famoso chiste “tenga más cuidado para otra vez, maestro Peñalosa”, se puede transformar en una tragedia.

Más tonta es aún la posición de los derechistas Sergio Romero y Juan Antonio Coloma, quienes quieren que les mostremos los dientes a los argentinos sin pensar, que si nos cortan el gas, no sólo nos dejan a oscuras, sino también acarrea una crisis económica. Este nacionalismo mal entendido lo conocemos desde hace mucho tiempo y forma parte de los escritos de Francisco Antonio Encina y de Jaime Eyzaguirre, mentores de nuestra volátil política internacional. Los pretenciosos “argentinos mal vestidos” difícilmente pueden sacar las uñas frente al país poseedor de la energía gasífera. Para más remate, los  bolivianos, con razón, están vendiendo sus riquezas al precio que ellos creen conveniente y es lógico y evidente que no nos aprecian mucho.

Kirchner dice amar a nuestra mamita Michelle y su simpatía es sincera, pero está mucho más interesado en ser querido por sus conciudadanos, sobretodo si se acercan las elecciones. Actualmente acaba de lograr plenos poderes del Parlamento para manejar el Presupuesto a su amaño. Este presidente Santacruceño puede ser un poco turnio, tartamudo y estar acompañado por una bellísima e inteligente mujer, -que admira a nuestra madre -, pero no tiene nada de tonto y no hará ningún sacrificio económico, más allá de las buenas palabras, para mantener buenas relaciones con Chile. No sé de dónde han sacado que las relaciones internacionales se basan en el altruismo; a nosotros sólo nos resta un gran esfuerzo nacional, mucha creatividad y nada de desidia para lograr nuestra independencia energética. Otra nueva deuda de los gobiernos anteriores de la Concertación.                  
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