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El tonel de las Danaides de la educación 

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El tonel de las Danaides es equivalente a los debates sin ton ni son: sabíamos, desde la última campaña presidencial, que la candidata a presidenta nos había prometido una Comisión para cada problema y, como lo que dice lo cumple, así ha sucedido. En cada una de ellas la buena Michelle quiere abarcar todas las opiniones de los distintos sectores de la sociedad, tarea un tanto titánica; la verdad es que no tengo nada en contra de la participación ciudadana y me encantan  asambleas y aulas; mal que mal, como profesor, vivo debatiendo y cuestionando lo que no me parece, pero estas Comisiones, creadas en tan pocos meses de gobierno, me merecen muchas dudas, pues las integran y presiden muchos de aquellos que han generado los distintos problemas que aquejan a la sociedad.
Veamos una a una: la que quiere cambiar el sistema binominal la preside, nada menos, que Edgardo Boeninger, el Talleyrand-Périgord, (ministro francés, famoso por servir y traicionar a los distintos gobiernos de la época), por cierto, don Edgardo no es la copia fiel del histórico personaje no ha cambiado ni traicionado nunca a la concertación , pero se hizo famoso por sus alabanzas a la economía de Pinochet y no encontrar otrora tan malo el sistema binominal; dicen los  mal pensados que, incluso, fue senador designado, sin arrugarse; los demás miembros de esta Comisión la conforman inefables técnicos electorales, a los cuales no les agrada mucho un sistema mayoritario, pues el binominal está más desprestigiado que Daniel López. De alguna manera, estos magos construirán un híbrido entre los sistemas mayoritarios y proporcionales que permitan incluir algunos negritos de Harvard que representen a una minoría contraria a la casta gobernante.
La segunda Comisión es la de la Previsión, presidida también por un tecnócrata de la Concertación, el ex jefe de Presupuesto Mario Marcel y quienes la conforman también son economistas, amantes del sistema neoliberal que no están dispuestos, por ningún motivo, a terminar con la previsión privada de las AFPs. Es cierto que no son tan radicales como José Piñera pero, en el fondo, inventarán un híbrido – una especie de tonel de las Donaires- que mejore un poco las pensiones miserables, que tape uno que otro hoyo de las cotizaciones, como lo hacen los funcionarios del Mop en las calles de Santiago; en el fondo, un muy buen trabajo del “maestro Faúndez”, aquel personaje símbolo del emprendedor, de la Concertación. Es posible, soñemos, que rebaje las comisiones de las AFPs, que haga más competitivo el sistema incluyendo al BancoEstado, por ejemplo, que procede igual que la banca privada; a lo mejor, en el “ladrillo” incluyan, muchas veces, la palabra solidaridad, en su acepción neoliberal: no  permitir que se nos mueran los tullidos de la vida. Es posible que los ancianos estén felices con tan mísera mejoría y abracen a Mamá; nada de fondo y al igual que los informes de la FAO, muchas lágrimas por la desmedrada situación de los jubilados. Todos estos “beneficios” si la economía sigue marchando bien, y me da la impresión de que durante estos días se está echando a perder, sobre todo para los países emergentes, a causa de la inminente subida de las tasas de interés en la economía norteamericana.
La tercera Comisión no estaba planificada y la impusieron los rebeldes “pingüinos”: Nuevamente, su jefe es un connotado ex funcionario del Ministerio de Educación, hoy profesor de la universidad Alberto Hurtado, Juan Eduardo García-Huidobro; como en el siglo XVII, siguen predominando los jesuitas y no se visualiza un Carlos III. Comprendo que la mayoría de la gente no conozca las apologías de nuestro presidente de Comisión sobre la reforma educacional, llevada a la práctica por los distintos gobiernos de la Concertación; sería muy aconsejable leerlas y, así, comprender sus postulados, análisis y opiniones. Claro que es cierto que todo el mundo puede cambiar, por eso démosles el tiempo y el beneficio de la duda. Entre los miembros de dicho Comité se cuenta, además, con un guirigay de personas: José Joaquín Brunner no podía estar ausente, ex revolucionario universitario, que se tomó La Católica de Santiago y hoy se ha convertido el gurú de la modernización neoliberal de la educación; como a la agnóstica Michelle Bachelet le gustan mucho los chiquillos de la “Cato”, nombró al psicólogo Jorge Manzi, evaluador complaciente de las realizaciones de la famosa “reforma educacional” de los gobiernos de la Concertación; no podía faltar, tampoco, un sabio geronte, el profesor Hugo Montes, miles de veces galardonado y autor de un libro de Castellano, muy leído por los viejos como yo y que formó, gramaticalmente, al garabatero italiano Gabriel Benni y al disléxico profesor Salomón, (dejo de lado a las hermanos Campos, a Patricia Larraín, Carla Ochoa, a Kike Morandé y otros tantos “académicos” de la lengua). Cómo estaría de feliz ese gran profesor y hombre de bien, don Abdón Cifuentes, al constatar la hegemonía cultural de tanto hijo de los Corazones de Jesús y de María.
Dejémonos de criticar, pongamos un poco buena voluntad: también integran el Comité unos pocos críticos del sistema educacional, como el economista Manuel Riesco y el profesor Jorge Pavez; entre los políticos hay un hombre tan valioso, como el humilde Mariano Ruiz Esquide y la progresista Carolina Tohá, además de los valientes, coherentes e inteligentes “pingüinos”. ¿Qué podrán hacer estas golondrinas en el oscuro invierno de los tecnócratas? A lo mejor traen el verano. No desesperemos, sigamos soñando con que Chile tendrá una educación sin segregación y de calidad.
A la Presidenta le cargan los conflictos y le gusta la inclusión social e ideológica, algo que ni siquiera Zeus pudo realizar, pues la discusión, la pasión, el entusiasmo, la búsqueda, son parte de la esencia humana. Según Freud, nos debatimos entre Eros y Tanatos, por eso llama a participar a una serie de pedagogos de la derecha, como Patricia Matte, de la Sociedad de Instrucción Primaria que, a lo mejor, ha heredado el espíritu y la pasión de don Claudio Matte, el autor del Silabario analítico Sintético, llamado El Ojo, en el cual el suscrito aprendió a leer y escribir; la verdad es que siempre confundí “lavatorio” con “pila”. También llamó a colaborar a una buena historiadora de la educación, Loreto Egaña, quien tiene críticas muy lúcidas al inútil sistema de medición, el SIMCE; pero estas personas, evidentemente, son cercanas al neoliberalismo educacional.
A lo mejor, lo digo muy humildemente, si hubiéramos seguido otro camino con respecto a la búsqueda de calidad de la educación, hubiéramos tenido mejores resultados: si nos concentráramos en una discusión nacional, localizada y regionalizada, cuyos actores fueran quienes cotidianamente trabajan  en el aula, es decir, directores, profesores, alumnos, y si lo ampliamos a la comunidad educativa en general, padres y apoderados, por qué no alcaldes, formadores de formadores y otros miembros protagonistas del proceso enseñanza-aprendizaje, estoy seguro de que un diagnóstico tan amplio, plural y rico, tendría mucho más probabilidades de ser certero que el los tecnócratas, que todo lo miran desde arriba. Es cierto que el método de la democracia participativa es más viejo que el hilo negro: se ha experimentado a lo largo de la historia pero exige, como dice Michelle Bachelet, entusiasmo y confianza en el pueblo. Siguiendo al profesor Lagos, que estaba obnubilado con la cibernética, hoy existen metodologías comunicacionales, muy rápidas, que permiten no sólo obtener buenos resultados, sino también favorecer la búsqueda de soluci
ones consensuales, es decir, crear un gran proyecto educativo nacional, diferente al antiguo Estado docente, pero enriquecida con la genial intuición de Valentín Letelier y la creatividad de nuestros “pingüinos” y profesores y ubicado en la cotidianidad del aprehender .
Para que no me regañe la Presidenta, supongo que estos miembros del tonel de las Danaides tendrán tiempo para recibir los miles, tal vez millones de mails, si es que los  todos  los habitantes del país tiene computador. Me temo que si el Consejo asesor en educación se toman en serio su tarea, podrán dormir apenas una hora por noche y tendrán que recurrir a las famosas anfetaminas que consumen “porros”, de Cuarto Medio, para preparar respuestas a las estúpidas preguntas de la PSU. Para ser consecuente, acabo de recibir un E-mail de un gran amigo quien analiza, muy lúcidamente, la evaluación de los profesores y sostiene, con mucha razón, que por qué no la extrapolamos a todas las profesiones y cargos públicos. Estoy convencido de que obtendrían un rojo los parlamentarios que desertan de las sesiones y que no hablan ni una sola palabra durante los cuatro años de su cargo de representación popular; para qué hablar de las concesionarias, a las que se les caen los puentes y se les inundan las casas. Evaluemos todo, incluso la evaluación, eso es lo ético. Nos faltan maestros de ética en todos los sectores de nuestra sociedad; estamos en plena crisis moral que otrora denunciara Enrique Mac Iver, en el Ateneo de Santiago.
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