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De los regaños de mamita Michelle ¡Dios nos libre!

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El metepatas del cocinero del Palacio del Zorro –La Moneda – se le ocurrió servir a la Presidenta un “conejo” liceano a la mostaza. Mamita durmió pésimo y, a las seis de la mañana, como el tonto de morfeo no aparecía, llamó a todos sus ministros y demás funcionarios para leerles la “cartilla”: ustedes tienen que adelantarse a los problemas, concientes de que siempre se van a multiplicar; escuchar a la gente y decidir y, por ningún motivo, dejarse dominar por la volátil e inmadura plebe. La “guagua” Zaldívar olía a zorrillo, pues no habían cambiado sus pañales durante una semana, y  hacía pucheritos al recordar que  los carabineros golpeaban a los indefensos reporteros, arrastraban de los cabellos a las jovencitas y las “pacas” revisaban a fondo a sus congéneres féminas. Si no hubiera sido por la diosa Michelle, la guagüita  hubiera pasado una vergüenza descomunal: el centro de Santiago, en una noche aciaga, se convirtió en un festival de saqueos, piedras, gases y guanacos. Michelle, compasiva, meció a Zaldívar en su regazo, para calmar sus interminables lamentaciones.

Atacar al pobre ministro Martín Zilic, que hoy está de recepcionista en el ministerio, equivale a quitarle la muleta a un pobre cojo: la terrible comunacha María Jesús Sanhueza y la aterrorizante muñeca de porcelana, María  Huerta,  en cada “diálogo” le tiran palomitas de papel y tizas del pizarrón al indefenso ministro y ellas se hacen como las que no escuchan cuando Zilic, en tono paternal, las reprende y las cobija. Harpo Marx Veloso le cuenta chistes a los diputados y se escarmena el cabello mientras intenta que estos honorables “prohombres” accedan a no interpelar al vapuleado ministro Zilic; en un comienzo parece lograrlo por la flojera de los diputados de la Alianza pero, en la segunda votación, nuestro hombre no logra escaparse de la guillotina parlamentaria. El profesor Tornasol Lagos Weber no alcanza a ser amonestado por viejo, sordo y ciego.

Ante tanta incapacidad e importancia de las demandas de los estudiantes, nuestra reina Michelle se ve obligada a intervenir y, con voz suave y enérgica accede a todas las peticiones de los “pingüinos” y recurre al viejo método de formar una Comisión ante cada problema heredado de los gobiernos anteriores. Como los bolsillos de payaso, introduce personalidades de los más diversas opiniones políticas y técnicas: desde neoliberales, hasta estatistas; partidarios de la municipalización y del Estado docente; tecnócratas, cabeza de huevo, y profesores y alumnos que padecen los efectos del mierdero educativo. Así ahora están todos contentos, cesan las tomas y los paros y nos ponemos a soñar que estos setenta y tantos sabios van a arreglar el problema que se arrastra, desde Andrés Bello, hasta nuestros días.

Al fin mi diosa puede viajar feliz al corazón del país más rico e influyente del mundo, conversar de tú a tú con el limitado del presidente Bush y hacer lo que más le gusta: una fiesta de puras féminas famosas, también ansiosas de convertirse “en reinas de verídico reinar”, como diría Gabriela Mistral. Está vedada la entrada a cualquier hediondo y peludo macho, que más parece un pitecántropus si se le compara con las excelsas divinidades de nuestras Ateneas, Penélopes, Helenas y Casandras modernas.
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