Rompiendo el silencio del desierto verde
por Silvia Ribeiro (México)
20 años atrás 5 min lectura
La prensa de ese estado y algunos diarios nacionales lanzaron un ataque virulento y mentiroso, acusándolas de vandalismo e inmoralidad; de estar contra el progreso y hasta de intromisión extranjera -por la supuesta presencia de miembros de Via Campesina internacional. Inclusive, un representante de la Rede Globo, la cuasi monopólica megaempresa de comunicaciones de Brasil, creó su propia "noticia" (falsa, pero aumentó el "rating") llamando a la policía desde una rueda de prensa de Via Campesina para que detuvieran a supuestos participantes de la acción, a quienes en realidad acababan de conocer en la conferencia. La policía estatal allanó brutalmente el local de las compañeras del Movimiento de Mujeres Campesinas (MMC).
Los medios que han atacado sin tregua la acción de Via Campesina, no consideran vandalismo que Aracruz, la mayor empresa global de plantaciones de eucaliptos para celulosa blanqueada, tenga un historial devastador de destrucción de tierras, biodiversidad y fuentes de agua en el norte de Brasil, o que haya provocado el desplazamiento de miles de habitantes de las comunidades negras (quilombolas) e indígenas de esa zona. Tampoco que hayan comprado los terrenos de sus plantaciones durante la dictadura a dueños ilegítimos que se habían apropiado de la tierra de los pueblos tupinikim y guaraní, y las comunidades quilombolas, o que para sus actividades hayan recibido préstamos del Banco Mundial y el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, que subsidiaron con dinero público sus inmensos lucros provenientes de la explotación arrolladora del ambiente, campesinos e indígenas.
O que apenas unas semanas antes de la acción de las mujeres en Rio Grande do Sul, en enero de 2006, Aracruz Celulosa, con apoyo de la policía federal del gobierno de Lula, atropelló con tractores dos aldeas de los indígenas tupinikim y guaraníes en Espírito Santo, dejando varios heridos y sin hogar a 100 familias, al parecer, para darle un toque "práctico" al litigio abierto por los indígenas sobre esa zona, en el cual la propia Fundación Nacional del Indio (órgano oficial) les reconoce la razón.
Las plantaciones de eucaliptos y árboles de rápido crecimiento son otra de las políticas del Banco Mundial en los países del tercer mundo, promovida y subsidiada con dinero público para beneficio de unas pocas megaempresas globales. Estos grandes monocultivos son altamente degradantes del suelo, agua y biodiversidad. Los eucaliptos crecen en periodos de aproximadamente siete años hasta un tamaño con el que pueden ser usados comercialmente. En general, pueden ser talados hasta tres veces, pero luego el nivel de agotamiento del suelo es tal, por la enorme absorción de nutrientes y agua, que dejan suelos muertos, con un desierto de tocones estériles, que no puede ser utilizado para ningún otro fin. Las plantaciones demandan cada vez más tierras y mayores niveles de uso de agrotóxicos, tanto para fertilizar como para combatir las plagas provocadas por la uniformidad. Los eucaliptos generan además sustancias tóxicas para otras especies, una forma "natural" de la planta para favorecer su propio crecimiento.
Según las comunidades quilombolas e indígenas de Espírito Santo, no solamente los han desplazado de los propios terrenos plantados, sino de todos los aledaños o rodeados por las plantaciones, por la sequía de los ríos y arroyos, la contaminación del agua y el suelo, la extinción de muchas especies vegetales y animales que utilizaban en su alimentación y la imposibilidad de seguir con sus propios cultivos debido a los químicos en el ambiente.
Como expresa el Movimiento Mundial de Bosques, las grandes plantaciones no son sino ejércitos industriales de árboles que impiden la vida a su alrededor.
El paso "lógico" siguiente son las plantas de celulosa, que de por sí conllevan nuevos y graves impactos ambientales. En ambos procesos la mano de obra es mínima, en su mayoría riesgosa, pesada, insalubre y con salarios de explotación. La mayor parte de este proceso tiene como finalidad la producción de papel que, contrario a lo que se podría pensar, no es para actividades culturales o educativas, sino para propaganda y embalajes que demandan las enormes cadenas de supermercados que han sustituido a los comercios locales. Sólo 15 por ciento del papel es usado directamente por los consumidores. En promedio, un habitante estadounidense consume 27 veces más papel que uno de países del sur.
Con datos del Movimiento Mundial de Bosques
Artículo publicado también en La Jornada, México, 22 de abril de 2006
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