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No ha concluido la transición en Chile

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Comentarios después de la firma de la nueva Constitución del 2005, que reforma la Constitución de 1980.

No ha concluido la transición. Sigue pendiente para la Historia el esclarecimiento de la maquinaria de muerte que se puso en funcionamiento para derrocar un gobierno constitucional.

No ha concluido la transición porque se mantiene la impunidad. Aún miles de familias llevan el peso de no haber dado cristiana sepultura a sus seres queridos.

No ha concluido la transición porque no se ha discutido de cara al pueblo las razones que podrían justificar el silencio impuesto por 50 años a las declaraciones por violaciones a los derechos humanos, que recogiera la Comisión Valech.

No ha concluido la transición porque el derecho a la vida sigue postergado muy por debajo del derecho a la propiedad privada, bien sacrosanto del sistema liberal.

No ha concluido la transición porque el perdón requiere una actitud de arrepentimiento y no se puede imponer por decreto.

No ha concluido la transición porque duele la exclusión de ese Chile desperdigado por el planeta, sin que existan medidas para acogerlos como parte de la nación.

No ha concluido la transición porque siguen pendientes cuestiones por aclarar en nuestra sociedad y nadie puede atribuirse el adjetivo de democrático si se consagra en la Carta Fundamental modificada como Constitución del 2005, un autoritarismo entronizado, que mantiene al binominalismo como instrumento para perpetuar el poder cupular.

No ha concluido la transición mientras Chile no devuelva su dignidad a personas que fueron despojadas de sus derechos ciudadanos y siguen 16 años después tanto o más excluidos que durante el régimen militar, sin voluntad política creíble de que se les reparará efectivamente.

No ha concluido la transición porque el ex dictador, hoy procesado por sus múltiples cuentas secretas y el lavado de dinero realizado, sigue impune, resguardado en una seudo demencia, sin que la Justicia lo haya siquiera prontuariado.

No es así como una sociedad puede reencontrarse consigo misma, si los criminales comienzan a gozar de la clemencia sin el más mínimo sentimiento de arrepentimiento. Eso replica un historial de vergüenzas que en otras épocas han mancillado el honor nacional y que, no por ello, minimiza la que hoy vive nuestra sociedad.

En estos diálogos con un sobreviviente, en estas entrevistas con compatriotas que tuvieron vocación de servicio y así practicaron una política de principios y valores, no podemos aceptar el sofisma que quiere imponerse de manera mesiánica.

La transición política sigue pendiente. Moralmente, sigue herida el alma de Chile.
www.escritorhnv.blogspot.com

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