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A Alberto Bachelet de sus camaradas 

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El 12 de Marzo se cumplieron 34 años de la muerte en la Cárcel Pública de Santiago, del General Alberto Bachelet, un militar  leal al gobierno de Salvador  Allende y  a su patria y que junto a un centenar de Oficiales y  Suboficiales de la Fuerza Aérea se opusieron y no participaron en el golpe de Estado de 1973.

Seguramente en esa fecha se celebrarán algunos actos protocolares, de esos en los que se recuerda la memoria y la obra de  quienes ya no están aquí en la tierra. Para nosotros  sus  camaradas de armas, esta es una  fecha de  profundas reflexiones.

No están lejanos esos días de 1973, cuando este país estaba convulsionado, políticamente dividido, con una dirección política de la Unidad Popular infectada  de sectarismos y que termino siendo difusa y  errática. Era un  país acosado por intereses económicos nacionales y extranjeros que se resistían a perder  sus  granjerías y sus propiedades, no siempre bien habidas, ni menos aceptar un gobierno  popular democráticamente elegido.

Documentos desclasificados en febrero de 1999, por el presidente Bill Clinton, dan testimonio de la participación del gobierno de Richard Nixon en los planes y acciones dirigidas a impedir que Salvador Allende pudiera acceder al  gobierno y completar su mandato. Hoy se reconoce que entre los años 70 y 73 se aprobó un presupuesto de cerca de 10 millones de dólares para acciones de sabotaje en contra del gobierno de Allende.

Esos recursos los manejó la derecha política chilena para mantener los paros de comerciantes, del transporte, para la propaganda negra en prensa escrita radio y televisión. Con esos recursos se planificó y ejecutó el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército de Chile, General Rene Schneider, en la mañana del 20 de Octubre de 1970 por un comando vinculado a patria y  libertad: Hoy sabemos que las armas y las municiones utilizadas para este atentado ingresaron al país por “ valija diplomática” de la embajada de Estados Unidos.

Esa conspiración también se desarrolló a plenitud en el interior de las Fuerzas Armadas, nosotros la vivíamos a diario. Por eso creo que los únicos que pensaron que las Fuerzas Armadas eran Constitucionalistas fue el Gobierno de la Unidad Popular. La derecha tenia claro que para tener éxito debía involucrar a los mandos y ganar a la mayor cantidad  de Oficiales que fuera posible para tener éxito en sus planes, ¡y tuvieron éxito!.

En este contexto político, el General  Bachelet y los demás militares de la Fuerza  Aérea decidimos no participar del complot y  organizarnos para tratar de impedir que estos planes  se llevaran a cabo. No logramos el objetivo, pero el General Bachelet con su alto rango militar dejó un legado- no reconocido- a las futuras generaciones de oficiales y sub-oficiales : el de la “obediencia  conciente” : ser capaz de discernir oportunamente sobre el bien y el mal ante una orden militar oprobiosa, aunque en ello se le vaya la vida.

Luego vino el golpe de estado  y  se desató la persecución política, la tortura y el exterminio de quienes la junta  de generales, apoyados por sus asesores políticos y  financieros, definía como comunistas, marxistas y enemigos  de la patria. Una tarea que bajó para ejecutarse a todas las unidades   militares y de carabineros en todo el país.

Nosotros también fuimos victimas de la tortura con tratos incomprensibles para la mente humana, nos calificaron como traidores a la patria  y a la institución, siendo por ello encarcelados por varios años y luego exiliados.

¿Cuantas personas, cuantas familias sufrieron todas estas  situaciones? ¿Cuantos huérfanos, huérfanas y viudas dejo este período de nuestra historia? ¿Cuantos murieron en salas de tortura, en fusilamientos secretos? La respuesta  es  miles y  el General Alberto  Bachelet es uno de ellos, murió en la Cárcel  Pública a consecuencia de las torturas a las que fue  sometido.
 
El olvido
Desde el más allá o desde donde sea, este General no quisiera que se le olvide. Ni los hechos ni a quienes convulsionaron al país y generaron tanto odio y  sufrimientos para tantas personas.

Vale la pena recordar hoy, que  en las FFAA hubo militares que se opusieron al golpe de estado en 1973 y que aun no se sabe con precisión cuantos murieron y cuantos desaparecieron en todas las unidades  militares.

Aunque han pasado tantos años la pena sigue rondando  nuestras conciencias, y en este caso vale la pregunta, que  habría sido  de  Alberto  Bachelet, Iván Figueroa, Enrique Reyes, José Espinosa por nombrar algunos de nuestros muertos, si estuvieran hoy con nosotros. Sin duda que estarían entregando un gran aporte a este país, junto a sus familias y amigos.

¿Se habrá  hecho lo suficiente en nuestro país para que  vidas como esas tan valiosas, y como la de tantos jóvenes chilenos no se pierdan en el futuro por la repetición de lo que nosotros vivimos en esos años?

En fin lo concreto es que no hay dinero o restitución material que pueda parar esa pena  enorme  en nuestros corazones, por ello nunca debemos olvidarlos.

¿Quien se hubiera imaginado que la adolescente que nos visitaba en la cárcel pública, preguntando por su padre, llegaría a la presidencia de la republica? ¿Y que ha pasado con los compañeros de armas del General Bachelet?

Ella no tiene por que saberlo: en muchos de nosotros causó muchísima emoción cuando fue elegida como la primera mandataria de este país, y junto con ello se encendieron nuestras ilusiones para lograr la restitución de nuestros  derechos conculcados en 1973.

Sin embargo debemos reconocer algunos avances en este proceso, como lo es el hecho que la Fuerza Aérea haya reconocido parcialmente algunos de nuestros derechos y hoy tenemos una pensión  mínima, llamada de gracia y también parcialmente el acceso al sistema  de previsión de CAPREDENA.

Pero este ha sido un largo y difícil camino, como lo es para el tema de los DDHH en general. Claro porque cuando uno habla de esto, lo primero que nos dicen es “hay que dar vuelta la pagina y seguir adelante” o nos hablan   del “realismo político” para que nunca sea el momento de discutir el tema y encontrar  soluciones. Eso  genera decepción y frustración, cuando vemos que en ninguna de las campañas políticas presidenciales se habla de los derechos humanos no resueltos en el país: no es tema de la agenda política nacional.

Estamos ciertos que olvidando la historia no se construye, el pasado no se puede borrar de la memoria colectiva, por el contrario, aspiramos a que esta se resista al olvido mentiroso que no sana, sino que abre permanentemente las heridas del pasado.

Dadas  estas  situaciones los militares que una vez dijeron si a la patria y que se la jugaron por impedir la gran traición consumada en el golpe de estado de año 73, siguen deambulando entre políticos y ministerios para ser escuchados y que se les  restituyan sus derechos: se resume en una jubilación digna, equivalente a los beneficios que debimos tener, si no se nos hubieran cercenado nuestras carreras profesionales y se nos expulsara de la Fuerza Aérea.

Un derecho  que debe ser para todos los  militares exonerados por la Fuerza Aérea en 1973, aquellos que fuimos caratulados por  el  General Leigh y  sus  mandos, en varios Consejos de Guerra “contra Bachelet y otros”, y aquellos quienes fueron detenidos torturados  y expulsados  de la Fach sin  haber pasado por los consejos de guerra.  

La historia esta  allí, nos sometieron a juicios arbitrarios, con sentencias que no tenían fundamento alguno, en consejos de guerra vinculados a torturas y vejámenes que padecimos durante largos periodos. Son las evidencias de esos atropellos a nosotros y a miles de chilenos, por eso son crímenes de lesa humanidad. Olvidar todo esto, que es lo mismo que dejar de luchar por nuestros derechos, seria olvidar el legado que el General Alberto Bachelet nos dejó a todos, con su consecuencia y el compromiso con las ideas.

Para los más jóvenes de esa época que lo conocimos y compartimos en las duras condiciones de vida carcelaria, fue un momento grabado a fuego en nuestras conciencias. Recordamos la calidez de sus consejos siempre presentes, su voz  pausada y amiga para  mitigar los rigores de las torturas, son un claro ejemplo de su fuerza moral entre todos quienes fuimos sus compañeros.

El  12  de  Marzo  de 1974 nuestro general  se levanto como todos los días, lo recuerdo lavando los platos que habían sido usados por sus compañeros durante las hora  de encierro, en esas labores lo sorprende un infarto al corazón. Álvaro Yánez Comandante, médico de la Fuerza Aérea y procesado con nosotros, hizo lo  posible e imposible por  revivirlo, pero no hubo ayuda externa ni sensibilidad humana para  socorrerlo, salió en camilla desde la celda 12 de la galería dos para nunca más  regresar.

Fieles a su legado y por el profundo respeto a su persona, a sus ideas, a su consecuencia y por su recuerdo permanente, seguiremos adelante.

– El autor, Suboficial exonerado de la Fuerza Aérea en 1973, es actualmente Doctor en Economía

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