Carta a Paula Cisternas, presa política en Chile, abril 2020

Carta de Paula, presa de la Revuelta

 

Querida Paula,

He leído tu carta que aterrizó en mi correo el lunes 6 de abril. El mensaje de la coordinadora 18 de octubre tiene fecha 4 de abril. Las redes no son mi fuerte, solo vibran cuando la energía que las mueve proviene de personas amigas como Pascale y Lucho, militantes de la asociación de Ex presos políticos de la dictadura.

Leo  y estremecida acojo tu clamor de libertad.

En una hoja blanca de un cuaderno, tu escritura manuscrita inscribe un nombre, Paula Cisternas, 22 años, palabras sinceras para decir los  sufrimientos y también los deseos. Tu mensaje destruye el confort de un encierro en la impotencia triste y despierta mi deseo de responderte. Dices que te encuentras presa desde hace casi 4 meses, acusada de haber provocado un incendio. Las brasas encendidas en el cemento de ciudades vacías, vuelven a encenderse ante esa imagen, el fuego, y tu experiencia de lucha, goce y dolor, se cristaliza en un grito. Tu grito encarcelado amplificado con las múltiples voces insurgentes, la banda sonora de nuestra infatigable rebelión.

El Poder, Los de Arriba, han decidido quién debe vivir, quién debe morir. A ustedes, los presos de la revuelta como tú nombras ese  “Nosotros”, les basta con dejarlos encerrados, hacinados, sin protección frente a la pandemia. Ya no necesitan ejecutarte, desaparecerte, como lo hizo la Dictadura, les basta con decidir
“dejarte, dejarlos morir” al mantenerte, mantenerlos en la cárcel expuestos, junto a millones de personas vulnerables, Los de Abajo, al Corona virus. No todos son iguales frente a esta amenaza. El sistema se desenmascara sin vergüenza y eso alimenta nuestro deseo de resistir y de luchar.

Me pregunto ¿porqué te tienen, les tienen, tanto miedo, a ustedes  jóvenes chilenos combatientes por una vida digna de ser vivida? Ese temor es tan enceguecedor que aun sabiéndolo, porque no son idiotas, están dispuestos a ser condenados como los asesinos de inocentes en  este presente bajo amenaza de contagio mortal.

Temen tu insolencia, tus actos libres, tu bautizo político de fuego, tu sueño, tu deseo de una vida simple en harmonía con la flora y la fauna en Coyaique, como nos relatas en tu carta, junto al amor de tu vida, prisionero también.

Si, ellos, los poderosos, tiemblan ante tu horizonte de sentido, esa línea de perspectiva que se dibuja a lo lejos, un mundo común adonde todos quepan, una sociedad adonde la Igualdad reúna a los diversos y se ejerza en el presente.

Me inclino agradecida ante tu presencia activa y alegre, digna y grave,   en los inicios de nuestra rebelión. El Octubre chileno, La comunidad de los sin comunidad, permanece y continua inventando caminos en este presente sombrío. Tu ser frágil resiste, tu cuerpo adolorido emite un gemido y nuestra ira crece y crece ante tanta crueldad.

Los poderosos golpean y golpearán en toda impunidad, y sin embargo, nada pueden ni podrán contra nuestra memoria, con ella, con vuestros actos, el antaño y el ahora reunidos, murmuro: los crepúsculos nunca vencerán las auroras.

Gracias Paula por recordarme la potencia de la fragilidad. Dos palabras que en mi larga vida he aprendido a dimensionar y unir. No son compasivas, son políticas.

Pueda esta carta devenir un abrazo agradecido, hasta pronto en la Plaza Dignidad, querida Paula.

Carmen Castillo

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