Chile, actuamos como una república bananera

Este gobierno de derecha, pinochetista, promete llevar Chile  al status  de “país desarrollado”, mientras en la practica, por sus decisiones, nos transforman, día a día, en lo que historiadores a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX llamaron países bananeros. Refiriéndose como “repúblicas bananeras”, a los países tropicales productores de bananas, dependientes de la renta de empresas estadounidenses. Una expresión que en el siglo 20  paso  a ser una realidad en países monoproductores, con instituciones gubernamentales débiles y corruptas, donde una o varias empresas norteamericanas influían en las decisiones nacionales.

Hoy  a inicios del siglo 21  la rueda de la historia gira para atrás, somos el, o uno, de los países mas desiguales del planeta, con un sistema económico que, en términos de la relación medios de producción y trabajo, es esclavista, en el cual los derechos del trabajador o trabajadora, son el principal ámbito de negociaciones para favorecer la acumulación  capitalista. Somos un país que se ha constituido “en  un ejemplo de transición a la democracia”, pero que mantiene vigente los principales enclaves dictatoriales: Un estado minimizado al máximo, permeado por la corrupción política, FFAA que continúan educándose en los principios dictatoriales. Una constitución y un sistema económico creado en dictadura, perfeccionado en los últimos 30 años de democracia, una política exterior que nos aísla de nuestro propio continente.

De ética ni hablar, sin ningún tapujo traspasan sus ideas y sus decisiones a todos los chilenos y chilenas, hablan permanentemente a nombre de “la inmensa mayoría” y “por el bien común”, mientras en la practica y así ha quedado demostrado, hacen de sus actuaciones y decisiones públicas un asunto de interés privado. Ejemplos, la reforma a la ley de educación, que bajo el discurso ético de aportar a la libertad de elegir, lo que hacen es favorecer la educación de elite, clasista, ahondando mas y mas la desigualdad ya existente, favoreciendo, como lo es en todos los ámbitos de la vida del país, la ya lucrativa “industria de la educación”. Tal cual sucede con todos los ámbitos de la vida nacional, con el litio, con la pesca y recientemente con el agua.

Encerrados en su propia moral mercantil levantan voces para criticar y calificar de manera despectiva a otros países y gobiernos, y, a nombre de todos los chilenos y chilenas saludan y se asocian a personajes como el nuevo mesías, de la derecha, en Brasil, xenófobo y clasista o, se suman a ojos cerrados, a la estrategia norteamericana, tal república bananera, de intervenir en los asuntos internos de Venezuela a nombre de la defensa de los derechos humanos y de la democracia.

Bueno, pero como la memoria política es de corto plazo y la ética funciona a conveniencia, entonces los que propiciaron, participaron y apoyaron uno de los golpes de estado mas cruentos y violentos del continente, asesinando y haciendo desaparecer a mas de 3.000 chilenos y chilenas, incluido a Salvador Allende, hoy día hablan de defender la democracia, la libertad y los derechos humanos en Venezuela.

Pero “los malos” se juntan en la mentira, basta ver con mas detenimiento y objetividad a quienes son los que se oponen al gobierno venezolano, es cierto y no se puede ser ciego, que en la oposición hay una buena cantidad de quienes  originalmente fueron gestores y seguidores del proceso Bolivariano y que hoy,   desencantados, se oponen a la gestión del actual gobierno. También, hay una parte importante de una juventud que se siente ajena al proceso de cambios que inspiró Hugo Chávez. Otra buena parte son ciudadanos y ciudadanas que reaccionan a una crisis económica que es objetiva, afectados por la falta de alimentos y medicamentos, todo eso es verdad, pero a la cabeza de esa oposición están los mismos que antes condenaron al proceso Bolivariano.

Personajes políticos y empresariales que por décadas recurrieron al clientelismo y la corrupción para mantenerse en el poder, afectando profundamente la democracia la libertad y los derechos humanos de los venezolanos y las venezolanas. Opositores que han sido incapaces de crear una oposición en su país, que han participado en las numerosas elecciones democráticas que el gobierno de Chávez y el actual han realizado, en las cuales han perdido porque la base social el pueblo los rechaza.

Son esos los que le abren la puerta  al gobierno interventor para que resuelva sus problemas y es de aquí, que  surge la figura del presidente interino. Sin ningún sustento social ni propuesta política, mas que canalizar un descontento y una crisis política y económica que ciertamente es real.

Sin lugar a dudas, que el terreno para esto lo prepararon y lo alientan las grandes cadenas noticiosas, diseminado la imagen de un gobierno que viola los derechos de las personas, de la misma manera que ya sucedió con Irak, Siria, Libia, países en los cuales, usando esta misma formula, se crearon las condiciones para provocar una intervención militar. Pero nadie dice que el presidente interino de Venezuela, viajo a Estados unidos antes de autoproclamarse y que se reunió con autoridades de los gobiernos de Estados Unidos, de Colombia y de Brasil, para preparar su autoproclamación y asegurar el apoyo político internacional a su aventura.

Aporta a este contexto, que la política latinoamericana bajo una fuerte oleada de derecha y con una izquierda  casi inexistente o sin el peso suficiente para hacerse escuchar, prácticamente desecharon el principio de autodeterminación de los pueblos, alentando con esto, a la remozada política de “américa para los americanos” de Estados Unidos. Una estrategia permanente y practicada a través de los años, para reclamar como lo fue antaño, propiedad o participación en la explotación de las riquezas, en este caso petroleras y  minerales de Venezuela y explotarlas, a través de gobiernos títeres, para su  beneficio.

Al pasar por alto esta definición de principios, obviamente que se vuelve atrás y  nuevamente las democracias latinoamericanas se sacuden por la amenaza de la intervención norteamericana, directa o indirecta, de los mismos gestores y financistas principales, de las cruentas dictaduras militares de los años 60 y 70.

Todo lo anterior no significa justificar ni  establecer una  defensa ciega e irreflexiva sobre el actual gobierno de Venezuela, mas bien es llamar a la reflexión y a la responsabilidad política, alertando de las consecuencias de subirse a un carro ajeno y que puede terminar alentando una guerra civil ese país hermano.

Las manoseadas opiniones que se repiten hoy día, de  “condena a las dictaduras de derecha o de izquierda”, o de, “defender los derechos humanos”, “la libertad y la democracia”, de manera selectiva, fueron el discurso para invadir Irak, Libia, haciendo oídos sordos ante atropellos y crímenes como por ejemplo suceden todos los días con el pueblo de Palestina, resultan oportunistas y destructivas.

Es valida la pregunta entonces, si alguna vez una invasión militar o una intervención  norteamericana, ha beneficiado a nuestros países, o se he realizado en beneficio del interés de nuestros pueblos. La respuesta es clara y contundente, nunca, por el contrario, cada intervención norteamericana ha significado retraso político, cultural, económico y miles de muertes de inocentes, por tanto no hay razón para pensar que esta vez será distinto.

Las razones para invadir a Venezuela, sea de la manera que elijan, son las mismas de antes, la diferencia radica en que Estados Unidos ya no domina los mercados internacionales. Ni los maneja a su  antojo, la globalización del mundo les piso la cola, transformando la rápida expansión comercial de China y Rusia en una amenaza, la que además ya esta en su “patio trasero”, es decir, nuestros países.

Según han publicado recientemente distintas revistas especializadas, China le ha concedido a Venezuela entre 50.000 y 70.000 millones de dólares en la última década, pagaderos fundamentalmente en crudo, conformando una deuda total de unos 20.000 millones de dólares. En cuanto a Rusia, su contribución se estima en torno a los 17.000 millones de dólares en los últimos 20 años.

Esta presencia es intolerable para Estados Unidos, lo que queda claro con las últimas declaraciones de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, que para Estados Unidos, “haría una gran diferencia si las petroleras estadounidenses pudieran acceder a los pozos de crudo de Venezuela”. Es decir que las compañías norteamericanas pudieran producir petróleo en Venezuela, “Sería bueno para el pueblo de Venezuela y el pueblo de los EE.UU.”, un objetivo que empieza a concretarse on las aspiraciones de intervenir y con medidas tales como, congelar unos 7.000 millones de dólares en activos que son de PDVSA.

Las razones para intervenir Venezuela son evidentes, la primera está en el ámbito de la geopolítica, es decir, no permitir la injerencia China y Rusa en lo que ellos consideran su territorio. La segunda es política, es terminar con la herencia  de la obra de Hugo Chávez, es decir, eliminar los vestigios del  “socialismo del siglo XXI” que aun se intenta construir. Una idea que se afirmaba en la moral, y en una lucha permanente, como el lo definía, “contra los demonios que sembró el capitalismo: individualismo, egoísmo, odio, privilegios.”

Ya antes Estados Unidos lo había intentado, en el año 2002, el secretario de Estado Colin Powell, se manifestó, en esa oportunidad, abiertamente por derribar al gobierno democrático de Chávez. Para lograr tal objetivo, se puso en ejecución un plan de desestabilización económica similar al que culminó en Chile en 1973 con el golpe de Pinochet. Así fue como intentaron derrocar a Chávez con el contubernio de los grandes empresarios, los políticos corruptos y la dirección burocrática de la Central Sindical y consiguieron dar un golpe militar. El gobierno de Chile en ese entonces, con Ricardo Lagos como su presidente,  justificó el golpe militar y reconoció al régimen dictatorial que hacía del intento de destruir el estado de derecho en Venezuela.

Estados Unidos lo hizo y lo seguirá intentando, porque América Latina ha estado y estará en permanente lucha por su liberación cultural, política y económica, las ideas de Hugo Chávez fueron las de otros lideres revolucionarios latinoamericanos recogieron y son las nuestras hoy, alcanzar profundas transformaciones sociales, mediante una política internacional autónoma y en defensa de las riquezas y los recursos naturales a los cuales cada país tiene derecho y propiedad.

Lo que Chávez sembró es una herencia intolerable para los que habían ejercido el poder, en beneficio de los poderosos y de una clase política corrupta, beneficiando permanentemente al padrino del norte. Verdaderas hordas políticas, que nada nuevo ni bueno tienen para ofrecer a Venezuela

Por lo tanto y mas allá de los errores, de las equivocaciones de sus sucesores, de sus capacidades e incapacidades para llevar felicidad y el bienestar a su pueblo, el mensaje del Comandante Chávez en Venezuela quedó para siempre. “El socialismo debe defender la ética, se asienta en la generosidad. En la democracia participativa, en la igualdad conjugada con la libertad”.

Si este sueño se cumplió o no se cumplió, si se interrumpió o esta vigente, todos eso es un tema de debate, pero lo que esta en juego hoy, es la intervención norteamericana en Venezuela. Hay una amenaza de guerra civil, porque están arrinconando a los venezolanos y venezolanas, dejándoles al final la sola opción de defenderse y a defender sus conquistas.

Internacionalmente se ha creado un clima de condenas y de exigencias, a un gobierno que, quiérase o no, es un gobierno elegido por el pueblo y que no se le puede reemplazar con un presidente autoimpuesto, tal cual lo hacían un siglos atrás con las democracias bananeras, presionadas por los cañones y las armas norteamericanas arrasando con la libertad de nuestros pueblos.

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