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El plan perverso de la iglesia 

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Supongo que todo el mundo habrá leído la noticia del 1 de
enero (la fecha es importante. Obispo
de Córdoba: ‘La Unesco tiene programado hacer homosexual a media población’
)
en la cual se explicaba como el Obispo de Córdoba ha explicado que según el
cardenal Ennio Antonelli, ministro de la Familia del Papa, la UNESCO tiene un plan para
volver a la mitad de la población homosexual.

Y no sólo tiene ya la UNESCO decidido el número de gente a la que va a
volver homosexual mediante el adoctrinamiento en la ideología demoníaca del
género, sino que el ministro se ha molestado en calcular el año en que dicho
plan estará concluido: 2030. He leído la homilía y no he encontrado ninguna
alusión a la razón por la que la
UNESCO querría convertir a la homosexualidad a tal cantidad
de gente, pero se deja entrever que no hay razón alguna, sino que todo se debe
a un plan del demonio cuyo único objetivo, como sabemos, es hacer el mal por el
mal.

Cuando esta noticia salió tuve que leer varias veces la
fuente y, sobre todo, mirar el día no fuera a ser 28 de diciembre. Los
comentarios que generó en la red social y también con los amigos y familiares
fueron del mismo tipo. Muchísimas bromas. A mi misma me ha dado bastante juego
estas navidades. En el Facebook los comentarios eran del tipo: "¡Vaya, han
descubierto nuestro plan secreto!"

Yo misma escribí que me iba a afiliar inmediatamente a la UNESCO y me daría de baja
de Amnistía Internacional cuyos planes para el mundo no son, ni de lejos, tan
divertidos. Después eché la cuenta de las lesbianas que seríamos para cuando la
mitad de las mujeres del mundo lo fueran y me recorrió un escalofrío: más de
mil millones. A esa noticia excitante le siguió el anticlimax: para cuando el
plan se consume (2030) yo estaré ya para pocas bromas y mucho menos
sexuales.¡Ah…!", pensé, "si esto me coge a mí de joven"… Fue de las noticias
más divertidas que recuerdo…por un rato.

Pero tengo que reconocer que a la cuchufleta le siguió una
cierta sensación de angustia. Sentí angustia en el momento en que la broma dio
paso a la confirmación cierta, nítida, clara, y por qué no, también terrible,
de que estos hombres que dirigen la iglesia, que tienen cargos importantes, que
se sientan en la ONU
como si fueran los representantes de un país normal, que son recibidos con
seriedad por Presidentes y Jefes de Estado; esos hombres a quienes se escucha y
cuyas opiniones recogen los periódicos más serios; estos hombres, que tienen
una capacidad de influencia enorme, cuyas opiniones y políticas pueden variar
las políticas de organismos internacionales o de países influyendo así en las
vidas de millones de personas; esos hombres, digo, están completamente locos.

Si verdaderamente el Obispo de Córdoba cree lo que dice, o
cree que el ministro del papa lo cree,…o incluso si no cree nada de esto (no
sería la primera vez) pero cree que es posible que una cosa así sea creída por
gente normal…es que están locos. Pero no locos como decimos en lenguaje
coloquial que está loca una persona extravagante, inconveniente o rara. Me
refiero a trastornados, completamente alejados de la realidad, alienados en un
mundo imaginario que solo ven ellos pero del que siguen hablando como si fuera
real.

Y repiten sus locuras ante personas importantes que les
escuchan muy serios aun sabiendo que escuchan a unos trastornados; y las
repiten también ante una sociedad que se lo toma a broma pero que no se
escandaliza de que personas con este nivel de perturbación mental sean
universalmente escuchadas.

Por alguna razón que se me escapa nadie se atreve a decirles
la verdad, que deliran. Ni siquiera lo concienciamos así las personas que ya
sabemos que están locos, pero que en el día a día discutimos con ellos como si
estuvieran cuerdos, rebatimos sus opiniones como si fueran lógicas, como si se
tratara de personas que simplemente tienen puntos de vista distintos de los
nuestros.

Y hacemos notas de prensa para rebatir sus opiniones como si
sus opiniones y las nuestras estuvieran en el mismo plano de lo real. Si yo
fuera, como fui en su día, responsable de sacar notas de prensa para rebatir
las cosas de la iglesia me vería ahora en un serio apuro. ¿Cómo se hace una
nota de prensa para rebatir que la
UNESCO no tiene un plan para volver homosexual a la mitad de
la población mundial? ¿Qué se dice? ¿Que sabemos de buena tinta que no existe
ese plan? ¿Qué nos consta que la
UNESCO no está especialmente interesada en la homosexualidad
de nadie? ¿Que si tienen pruebas que las muestren y si no que se callen?

No creo en dios pero sí creo que hubo un tiempo en que una
parte de la iglesia era la expresión necesaria de esa conciencia desdichada de
la que habla Hegel. Hubo un tiempo en que una parte de lo mejor del
conocimiento humano, de la cultura, del arte, de la ciencia lo hicieron hombres
y mujeres de la Iglesia;
un tiempo en que algunos hombres y mujeres de la iglesia representaban lo mejor
de la humanidad y muchos fueron compasivos, solidarios, curiosos, rebeldes,
tenían afán de justicia y no temían enfrentarse a sus propias dudas.

La iglesia es hoy una institución formada en su mayor parte
por hombres incultos, soberbios, groseros, misóginos, supersticiosos,
intolerantes, llenos de odio, frustraciones, amargura y, sobre todo, mucho
miedo; miedo a que todo el mundo se de cuenta de su terrible inanidad.

– Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal
de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB)

*Fuente: Beatriz
Gimeno

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