Rififi en la Democracia Cristiana
por Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo (Chile)
8 años atrás 5 min lectura
16/10/2017
La campaña electoral no puede ser más tediosa para los pocos pacientes electores. En las elecciones presidenciales debe existir siempre una cierta épica: la competencia por el trono en nuestra monarquía normalmente desata pasiones y los candidatos combaten entre sí – cual gladiadores romanos – mostrando su parte más ruda y sus pasiones y emociones más iracundas.
La actual campaña electoral se caracteriza por la existencia de candidatos poco reactivos, así como por espectadores abúlicos y notoriamente desinteresados por el quehacer político. Hasta ahora, en los distintos foros y debates – si es que se pueden llamar así – ningún candidato ataco a su contendor, y el único que se esfuerza en plantear algunas críticas a Sebastián Piñera es el candidato del PRO. Marco Enríquez-Ominami. En cuanto a la campaña de Guillier no puede decirse lo mismo y, hasta el presente, se abstenido de tocar a la derecha.
Ante este aburrido panorama político-electoral sólo dos hechos nos han permitido despertar de la siesta: en primer lugar, la minuta de la candidatura de Alejandro Guillier que, según comentarios, se filtró o la develaron a propósito; en este documento Piñera es calificado como “un riesgo grave para el país”, y llama a la unidad de todos los candidatos de centro-izquierda en la segunda vuelta, y llama a apoyar al candidato que ocupe el mejor lugar; en segundo lugar, el “rififi” en la Democracia Cristiana, provocado a raíz de la carta firmada por más de trescientos militantes de sus filas, entre ellos varios diputados.
La candidatura de Carolina Goic, que despertó, desde sus inicios, el chauvinismo de algunos democratacristianos, va a llevar a ese partido político al desastre. Si en la suma de los años anteriores había perdido cerca del millón de votos, ahora lo hará otro tanto y en período más corto: los diputados DC se reducirán al mínimo y comenzará un período de agonía, que podría prolongarse en el tiempo. En este panorama, Carolina Goic se convertirá el “el Atila” de la Democracia Cristiana.
Esta candidata – que se presentaba como la adalid de la pureza y la transparencia, una figura lejana a las mafias del Partido – más bien, cercana a Michelle Bachelet y su programa de gobierno – ha terminado rodeada por la derecha conservadora del Partido – los Walker, de los Martínez-Alvear, de Mariana Aylwin, de Eduardo Aninat, de Pérez Yoma, entre otros líderes reaccionarios – lo cual ha profundizado el quiebre en el ese Partido.
Así el 4% u 8% – según las empresas encuestadoras – que obtiene parece un tanto exagerado para una candidata que pertenece a un Partido que cuenta con redes en todo el país, sin embargo, es evidente por la proximidad de la fecha de elecciones, que logre, al menos, un 10% del electorado, por consiguiente, tendrá que conformarse con un dígito, récord inigualado en la historia de los candidatos presidenciales de la Democracia Cristina desde su fundación (1957).
La mencionada carta – cuya figura promotora y figura es la diputada Yasna Provoste – plantea que, desde ahora, se busque un acuerdo con los candidatos de centro-izquierda a fin de presentar un frente unido contra la derecha y la candidatura de Sebastián Piñera.
En política, sabemos, es más importante lo que no se dice que lo que se dice, por consiguiente, es necesario leer entre líneas. Está claro que la candidata Goic difícilmente pasará a la segunda vuelta, en consecuencia, se requiere dialogar con el candidato que, hasta hoy, tiene más posibilidades de enfrentarse a Piñera en segunda vuelta.
Aun cuando lo nieguen, lo más posible es que algunos de los dirigentes de la derecha democratacristiana, o voten por Piñera o bien, se abstengan de votar por Guillier. Está ha sido siempre la esencia del camino propio en la Democracia Cristiana que, aunque no lo confiesen, estarían bien dispuestos a plantear una alianza con la derecha a cambio de pitutos, o bien, que el candidato se disfrace de centrista y progresista, es decir, de humanista cristiano con un bello disfraz, invocando épocas de su padre, don José Piñera Carvallo.
Lo rififi forma parte esencial de los congresos y juntas democratacristianos – y antes, la Falange -. Cuentas los dirigentes al primer congreso de la Falange, en el Sindicato de los Peluqueros, en que había que decidir entre apoyar a Gabriel González Videla o a Eduardo Cruz-Coke – en ese entonces candidato conservador, pero de línea socialcristiana – los delegados estaban tan enfurecidos que se dio la batalla campal dirimida a sillazos-
De la doctrina democratacristiana resta muy poco: nadie habla de las encíclicas papales, ni de la filosofía que inspiró al Partido – Jacques Maritain y Emmanuel Mounier; nadie cita Leon Bloy o a Charles Péguy, por ejemplo -. Hoy, la Democracia Cristiana es un Partido agónico, cuyo único viso de vida y de figuración se centra en ocupar cargos del Estado, pagado con suculentos sueldos fiscales.
En la historia de la Democracia Cristiana, que antes fuera ideológico y mesiánico, ha habido siempre dos almas: lo que es propio de un partido de centro y lo de patronazgo – para emplear la terminología de Max Weber – la primera tiende a privilegiar la alianza con la derecha y, como son minoritarios, no se atreven a dar este paso, quedándose en el camino propio que si bien permite la continuidad del Partido, engañando, incluso a sectores de izquierda – los que apoyaban la candidatura de Tomic, por ejemplo -; la segunda alma tiende a aliarse con los partidos de izquierda, resucitando añoranzas de la “revolución del proletariado”.
Actualmente, estas dos almas se expresan más bien motivos pragmáticos. Los 300 firmantes de la carta ven con terror que, junto la catástrofe de Carolina Goic, vendría la pérdida de sus curules en el Congreso.
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