Sionismo e infierno en Gaza
por Haroldo Quinteros Bugueño (Iquique, Chile)
12 años atrás 4 min lectura
Fecha: 23 julio 2014
Oponerse a la política de Estado de Israel, diseñada para aplastar al pueblo palestino e impedir que éste obtenga un territorio propio, no es ser nazi ni antisemita. Ese anatema le ha venido sirviendo al Estado de Israel desde hace mucho tiempo para justificar su política expansionista y étnicamente excluyente. Todo empezó en 1948, cuando la ONU votó por otorgar un territorio al pueblo judío, expulsado por 18 siglos de lo que fue el suyo, perseguido por la Inquisición, por los estados cristianos medievales y pre-modernos, y, finalmente, condenado a muerte por la barbarie nazi.
Por cierto, es de admirar a un pueblo que ha sobrevivido a esos horribles trances, pero también, por esa misma razón, no es posible aceptar que haga lo mismo con pueblos más débiles, como lo fueron los judíos en el pasado. El trato de la ONU con los judíos fue claro: Se establecerían en Palestina (región conquistada en dos guerras mundiales a los turcos por las potencias occidentales), pero en co-habitación con los palestinos, pueblo de origen árabe musulmán que vivía allí desde siempre. Fue un error.
La ONU debió dividir fronteras y fundar dos estados, Israel y Palestina. El conflicto en la región tiene, entonces su origen en la decisión de los judíos de hacer de toda la zona un país exclusivamente judío-sionista. El ex – Primer Ministro Israelí Menajem Begin, llegó a decir “una vez, ¿Palestina?, eso no existe. No hay Palestina ni palestinos.” El sionismo (de “Sión”, montículo en el centro de Jerusalén donde el rey Salomón construyó su famoso templo) es una postura política de origen religioso que asume la pre-eminencia de los judíos sobre el resto de la Humanidad en virtud de ser el “pueblo elegido” por el único Dios que existe (según los judíos, naturalmente). Aun así, hay judíos, quizás la mayor parte de ellos dentro y fuera de Israel que no son sionistas, y muchos de ellos que profesan la religión judía, incluidos miles de rabinos, ya se han manifestado contra la expansión militar que Israel lleva a cabo en el Medio Oriente.
Es de suyo importante recordar que el Estado de Israel es básicamente confesional. Esto es curioso, porque Israel es un país nuevo y derivado totalmente del Primer Mundo – especialmente de Estados Unidos – mundo evolucionado política y socialmente y, por lo tanto, altamente desarrollado. No obstante ese desarrollo, en el aspecto de la vida civil, por ejemplo, Israel ni siquiera se acerca en derechos a los países democráticos más atrasados. Por ejemplo, en Israel sólo los hombres son los “transmisores” de la nación judía; no hay matrimonio civil; es sólo religioso y entre judíos.
El divorcio civil tampoco existe, y éste sólo es autorizado por un rabino (un ministro de la fe judía), y, oigan bien, solamente si el hombre lo pide, porque así lo ordena el Talmud, la Biblia de los judíos, que data de hace más de 30 siglos. Son sólo los rabinos quienes en caso de separación autorizan las custodias y la repartición de los hijos, y no existe la ley de filiación (como en Chile). Un hijo “ilegítimo” (la vieja atrocidad que vivimos hasta hace poco en Chile) sólo puede casarse con una mujer también “ilegítima.” En fin, el lector dirá, “es cosa de ellos, que los judíos hagan lo que quieran.”
Está bien, pero el punto es otro. Es esa situación de tan exagerado etnocentrismo lo que ha hecho de Israel un estado excluyente y agresivo. El conflicto de judíos y palestinos no es un enfrentamiento de igual a igual. Israel es una potencia militar de primer orden y posesora de las más sofisticadas armas existentes en nuestros días, mientras los palestinos que hoy se encuentran arrinconados en la diminuta franja de Gaza, se defienden como pueden, con cohetes obsoletos 100% interceptables por la moderna máquina de guerra israelí.
En cambio, Israel dispara los suyos, que son de última generación, con una precisión perfecta, desde aviones, y contra lugares poblados. Una diputada israelí, Ayelet Shaked, acaba de declarar al mundo: “Los palestinostienen que morir (…) nuestras manos deben estar manchadas con su sangre.” ¿No recuerda eso a los nazis? Es eso lo que está haciendo ahora el Estado sionista de Israel en Gaza. ¡Basta ya de este genocidio! La Humanidad entera debe frenarlo, y obligar a Israel a aceptar la creación del Estado palestino.
– El autor, Haroldo Quinteros Bugueño, es Profesor universitario. Doctor en Educación
*Fuente: Edición Cero
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El centralismo democrático, formulado por Lenin, es un principio organizativo que combina libertad de discusión interna con unidad de acción hacia el exterior. Lenin lo resumió con precisión: “La libertad de discusión, la unidad en la acción”.
Últimamente, los sanguinarios sionistas han bombardeado en Gaza, una escuela gestionada por Naciones Unidas, asesinando a 16 personas. En esa escuela se refugiaban niños palestinos con la esperanza de que siendo un establecimiento de la ONU, los terroristas sionistas lo respetarían.
Fue un error, los sanguinarios sionistas no respetan nada.
Esto demuestra que cualquier persona del mundo, puede ser asesinada por los sanguinarios sionistas, solamente por tener contacto con los palestinos.
La reacción de todas las comunidades del mundo contra estos sanguinarios asesinos religiosos, tiene que ser contundente.
Es necesario UN HOLOCAUSTO SELECTIVO a escala mundial, en semejanza a los ASESINATOS SELECTIVOS que inventaron los sanguinarios sionistas, empezando por los periodistas mercenarios que se dedican como zombis a repetir que son antisemitas los que critican suavemente a Israel.