El Israel arrogante ya no es el niño mimado de Occidente, y el mundo le da la espalda
por Gideon Levy (Diario Haaretz, Israel)
2 horas atrás 5 min lectura
Imagen superior: Israel echando a Europa: ilustración satírica de la «doctrina de la expulsión» denunciada por Gideon Levy, en la que la arrogancia diplomática y el creciente aislamiento internacional se despliegan sobre el telón de fondo de la devastación de Gaza.
31 de agosto de 2026
La doctrina israelí de la expulsión
Israel cree que puede expulsar a los británicos, humillar a los españoles y castigar al mundo entero sin sufrir represalias. Hasta ahora tenía razón. Pero se acerca el día en que Israel tendrá que abrir los ojos y descubrir que, en realidad, existe un mundo del que se ha apartado, al igual que este se ha apartado de él, y que se enfrenta a una nueva realidad
Gideon Levy, Haaretz, 29 de agosto de 2026
El Reino Unido está en vilo. Tras la expulsión de los Países Bajos y España del centro internacional de coordinación para la Gaza de posguerra, en Kiryat Gat, Israel delibera ahora si expulsar también a los representantes británicos.
La Nakba británica está en camino, y esto podría haber sido para morirse de risa si no fuera porque la realidad subyacente no tiene manifiestamente ninguna gracia. Israel está imponiendo sanciones al mundo. Sí, han oído bien.
En vez de al revés. Un país acusado casi universalmente de genocidio y apartheid, un Estado al que hasta la fecha casi no se le ha impuesto ninguna sanción significativa, está castigando al mundo. El acusado hace de fiscal.
Esto encaja perfectamente con la mentalidad israelí. El mundo tiene la culpa (del antisemitismo), así que el mundo pagará. Todo es por esos migrantes musulmanes: eso es lo que los medios y los políticos no dejan de decirnos. Aquí están en juego toda la megalomanía y toda la ceguera.
El centro internacional de coordinación para Gaza es un organismo de escasa importancia. Está situado en la zona industrial de Kiryat Gat. Casi un año después de su creación, Gaza sigue hundida entre sus ruinas igual que antes. Israel continúa matando allí casi tanto como antes del alto el fuego. La expulsión de los delegados de Su Majestad no cambiará nada en Gaza. La cuestión es la arrogancia y jutzpá [desfachatez] de Israel.

Mientras Europa delibera interminablemente sobre la construcción propuesta en la zona E1, que dividirá Cisjordania en dos partes, Israel ya la está castigando. La construcción ilegal en E1 no es el problema. Las decenas de miles de hectáreas de las que los colonos se han apoderado en los dos últimos años no molestaron a Europa, pero Europa se ha fabricado ahora un espantapájaros por el que está dispuesta a subirse a las barricadas.
Pero Cisjordania lleva mucho tiempo dividida y aún más tiempo anexionada de facto. Europa amenaza con imponer, como medida punitiva, sanciones a los productos originarios de los asentamientos judíos de Cisjordania, y el proyecto se enfrenta al derrumbe.
Ante este hueco y bochornoso ejercicio europeo de retórica, Israel se alza arrogante, exhibiendo su desconexión de la realidad del mundo exterior.
«Israel envía un mensaje a Europa: Gran Bretaña puede pagar un precio», decía un grotesco titular, que vale por mil testimonios del grado de desconexión y arrogancia.
Israel cree que puede expulsar a los británicos, humillar a los españoles y castigar al mundo entero sin sufrir represalias. Hasta ahora tenía razón. Pero se acerca el día en que Israel tendrá que abrir los ojos y descubrir que, en realidad, existe un mundo exterior del que se ha apartado, al igual que este se ha apartado de él, y que se enfrenta a una realidad nueva y desconocida.
Se acabaron los días en que Israel era el niño mimado de Occidente y se le permitía todo. Expulsar a Gran Bretaña de Kiryat Gat para complacer a los votantes del Likud está muy bien, y el ministro de Exteriores Gideon Sa’ar probablemente rebose de orgullo, pero la factura llegará, aunque por alguna razón insondable tarde en hacerlo.
USA está cambiando, y Europa solo espera una luz verde del otro lado del Atlántico para ajustar cuentas con Israel, que desde hace décadas campa a sus anchas y hace lo que le viene en gana de una manera que ningún país que no sea una superpotencia mundial se permite.
Israel y el mundo se distancian. Israel presume de cometer crímenes de guerra : es un activo electoral. Pero la idea de que Israel puede seguir mostrando arrogancia ante el mundo entero mientras continúa actuando como de costumbre es la idea más peligrosa para su futuro, mucho más que el dinero enviado a Hamás o el programa nuclear iraní.
Desconectarse del mundo tendrá un precio que cada israelí deberá pagar. La mayoría de los gobiernos del mundo no quieren realmente romper relaciones con Israel y depositan sus esperanzas en el esperado cambio de gobierno como una salida (imaginaria) de este embrollo. Pero Israel no cambiará, desde luego no lo suficiente, y el mundo tendrá que cambiar su actitud hacia él.
Un país que durante décadas ha ignorado todas las resoluciones aprobadas por la comunidad internacional y que, además, expulsa a Europa de Kiryat Gat no será absuelto.
Algún día, el mundo podrá por fin entrar en la Franja de Gaza. Después de contemplar sus horrores, ya no será posible seguir guardando silencio respecto de Israel. La «expulsión» de Kiryat Gat también será recordada en Londres.
*Fuente: Faustotounsi
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