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Hay una razón oculta por la que mandan los idiotas

Hay una razón oculta por la que mandan los idiotas
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20 de septiembre de 2026

Video publicado el 19 de noviembre de 2025

El mundo está dirigido por personas que en cualquier otra profesión habrían sido despedidas en su primera semana. Para operar en un quirófano necesitas una década de formación. Para pilotar un avión comercial, miles de horas de práctica supervisada. Para reparar un sistema eléctrico, certificaciones que demuestren que no matarás a nadie por negligencia. Pero para controlar arsenales nucleares, firmar órdenes de movilización que envían miles de personas a morir o decidir qué industrias quiebran y cuáles reciben rescates multimillonarios, necesitas una cosa, saber aparecer en una pantalla.
Un comediante ucraniano que interpretaba a un presidente en una serie de televisión ahora firma decretos que determinan si habrá guerra o paz. Un magnate estadounidense cuya únicaexperiencia administrativa real fue despedir participantes en un reality show. Controló durante cuatro años los códigos nucleares de la mayor potencia militar del planeta. No son anomalías, son el estándar. Y lo más inquietante no es que hayan llegado, es que mientras estaban ahí, el mundo siguió funcionando. Las bolsas subieron, los bancos operaron, las corporaciones se expandieron como si la figura en la pantalla fuera completamente prescindible para el funcionamiento real del poder. Hay un sentimiento que recorre las sociedades contemporáneas,
una angustia que no siempre se nombra, pero que todos reconocemos.

La sensación de que no hay ningún adulto en la sala. de que las decisiones que determinan si viviremos en paz o en crisis están en manos de personajes que parecen protagonistas de una sátira, no estadistas capacitados para gobernar.

 

El problema no es quién está en el escenario, el problema es que exista un escenario. El problema no es que el actor sea malo, es que estemos buscando actores cuando necesitaríamos ingenieros. Y sobre todo,
el problema es que hemos dejado de preguntarnos si acaso necesitamos ese escenario, si el protagonista que tanto miramos tiene algún poder real o si lo que llamamos democracia no es más que el derecho a elegir qué máscara usará el siguiente decorado de un sistema que ya decidió hacia dónde va.
Ahora podemos ver lo que estaba oculto a plena luz. La idiotez no es estupidez, es camuflaje. La incompetencia del líder no es un defecto que el sistema tolera, es una funcionalidad que el sistema necesita.

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