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A 50 años del Golpe de Estado en Argentina, ¿adónde el camino irá?

A 50 años del Golpe de Estado en Argentina, ¿adónde el camino irá?
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Imagen superior: Liliana con el cantante uruguayo Daniel Viglietti en un tranvía de Berlín Oriental en febrero de 1980, cuando se realizó el 10º Festival de la Canción Política (Festival des politischen Liedes), organizado por la Juventud Libre Alemana (FDJ).

27 de marzo de 2026

A menudo, en medio de las conmemoraciones de grandes hechos históricos, nos quedamos en el recuerdo de hechos y personalidades que nos parecen muy lejanas, casi intocables, ajenas. Ayer, viendo un video sobre los crímenes cometido por las fuerzas golpistas argentinas, me ocurrió algo muy curioso.

Entre los recuerdos que mostraba el reportaje, mostraba el horrendo crimen cometido sobre la familia de un hombre genial, Héctor Germán Oesterheld. Si, su nombre, Oesterheld, sigue vivo en mis recuerdos infantiles. Eran los años en que lo que más llegaba era lo que conocíamos como «revistas de historietas», de origen gringo. Estoy hablando de fines de los 50, comienzos de los años 60. Eran tiempos en que, niños aún, juntábamos peso tras peso para poder comprar un ejemplar usado de revistas de historietas, la mayoría eran revistas gringas, que nos mostraban una realidad lejana, como el “Llanero Solitario”, “Roy Roger”, “Tarzán” y muchos otros que nos hablaban en un castellano con términos extraños: “¡cáspita!”, blank“¡recorcholis!”, “¡zambomba!”. Los que «ya no son tan jóvenes», se acordarán y se matarán de la risa. Era lo que había, diríamos hoy.

Hasta que un buen día, en medio de esa avalancha de comics gringos, una profesora, viendo mis revistas, me hablo de “Billiken”, una revista que no sólo traía lo propio de los comics, sino también cultura, historia, ciencia presentada a nivel adecuado para los niños. Nos llegaba desde Argentina y para mi, fue la entrada a un mundo desconocido, pues traía historietas, pero también traía artículos de historia, ciencia, matemáticas, literatura, tratando esos temas en un lenguaje adecuado para los niños. Trataba de encontrar ejemplares que no había leído en los locales de «Cambio de Revistas usadas»

Y un buen día, no se como, llegó a mis manos el ejemplar de una revista cuyo nombre no recuerdo, que traía un relato sobre “El Eternauta”, que para mi fue el primer relato de ciencia ficción. Desde aquel día conseguir un nuevo ejemplar de la revista para seguir leyendo las historias de «El Eternauta» paso a ser tarea de primer orden.

Pasó el tiempo, cambiaron las urgencias y las necesidades  y los recuerdos de «El Eternauta» quedaron olvidados en algún rincón de mi memoria, hasta que me encuentro hace poco con su nombre, el de Héctor Germán Oesterheld, en la larga lista de víctimas de la represión de la dictadura argentina, con todas las consecuencias de dolor, horror y exterminio, que vivió el hermano país, en paralelo a lo que ocurría en el nuestro.

Por esos caprichos de la vida, muchos años después de haber leído las historias de «El Internauta», y habiendo iniciado la vida de exilio en la ciudad de Leipzig, en la Alemania Democrática, conocí a una muchacha argentina, Liliana, también exiliada, que estudiaba medicina y era amiga, y luego esposa, de mi gran amigo Payo Grondona. Y ahora, marzo de 2026, vía internet, en un Grupo de WhatsApp de exestudiantes latinoamericanos formados profesionalmente en la RDA, pude ver y escuchar en un video a Liliana, recordando a su mejor amiga, Diana Oesterheld, asesinada, igual que sus 3 hermanas y su padre, Héctor Germán Oesterheld.

 

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Y me quedo pensando en los misteriosos juegos y caprichosos juegos de la vida, uniendo infancia, juegos, amistades, amores, dolores, crímenes, exilios, sueños, retornos, de seres remotos, que nunca se conocieron, hasta que un día se encontraron, demostrándonos que aunque no lo busques, todos los caminos se cruzan y se alejan, como bien lo dice el poeta, si bien, a veces, ni siquiera te das cuenta:

Yo voy soñando caminos
(Antonio Machado)

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
«En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
«ya no siento el corazón».

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada».

Frente a los tiempos que vivimos, y siendo ya «no tan jóvenes», con hijos y nietos, la pregunta que se hiciera el poeta, vuelve a repetirse. ¿Adónde el camino irá?

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