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Clases sociales en una formación social y… ¿a nivel planetario?

Clases sociales en una formación social y… ¿a nivel planetario?
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15 de febrero de 2026

INTRODUCCIÓN

Pareciera ser que las palabras ‘clases sociales’ no han corrido una suerte diferente a la que fue reservada a expresiones tales como ‘democracia’, ‘estado’, ‘pueblo’, entre otras. Forman parte de vocablos cuyo empleo, continuo y repetido, hace suponer —erróneamente, por cierto— que su significado es conocido de todos. Me atrevería a asegurar que, en su reemplazo —y no pocas veces—, para hacer referencia a ellas se recurre a las consabidas expresiones ‘derecha’ e ‘izquierda’. Y, sin embargo, no es ese su significado exacto. Por el contrario, el uso reiterado de semejantes expresiones podría hasta inducir a comisión de no pocos y variados equívocos. A errores y daños que, más tarde, más de alguien podría lamentar.

Por lo anteriormente expresado, no debe sorprender que, en el lenguaje cotidiano, la expresión ‘clases sociales’ se acostumbre a definir y usar de manera ligera y descuidada. No hace excepción a esa regla general la definición que entrega la Real Academia de la Lengua Española, cuando señala, por ejemplo, que clase social es un

“[…] conjunto de personas que pertenecen al mismo nivel social y que presentan cierta afinidad de costumbres, medios económicos e intereses”.

Para algunos, las clases sociales son grupos humanos separados, de otros, por diferencias económicas y sociales, y unidos entre sí por características socioeconómicas, ingresos, ocupaciones y niveles de poder adquisitivo similares. De ahí, se concluye que, por lo mismo, es posible dividirlas en altas, medias o bajas, de acuerdo a la riqueza que poseen.

CONCEPTO

Las clases sociales, sin embargo, forman parte substancial del concepto de modo de producción. Constituyen, por lo mismo, un todo inseparable del dúo ‘relaciones de producción’/’fuerzas productivas’ (Rp/Fp) y, en consecuencia, de la triple estructura que adopta el modo de producción, a saber, estructura económica, superestructura jurídico política y superestructura ideológica.

Para Eduardo Fioravanti, son las clases sociales

“[…] agrupaciones de individuos antagónicos que, como consecuencia del lugar que ocupan respectivamente en la estructura de un modo de producción, tienen papeles totalmente distintos”[1].

En un sentido similar se pronuncia Nicos Poulantzas, cuando señala que

“Las clases sociales son conjuntos de agentes sociales determinados principal pero no exclusivamente por su lugar en el proceso de producción, es decir, en la esfera económica”[2].

DONDE SE ORIGINAN

Las clases sociales se originan en el modo de producción capitalista (MPK); más exactamente, en las relaciones de producción (Rp). Y más específicamente, en la forma que éstas han de adoptar para mantener una adecuada correspondencia con la evolución de las fuerzas productivas (Fp) en el proceso productivo. Esa forma no es sino la de ‘relaciones de propiedad’ (privada) de los medios de producción. Porque, en el desarrollo del proceso productivo, aparecen contrapuestos determinados personajes: unos poseen la propiedad de los medios con los cuales se va a realizar la producción ―que, por lo mismo, se denominan ‘medios de producción’ (mp)―, y otros que, no solamente carecen de la misma sino, para subsistir, están obligados a laborar para aquellos en la calidad de ‘trabajadores desnudos’, es decir, seres humanos que contribuyen a ese proceso aportando lo único que poseen: su fuerza o capacidad de trabajo. Se originan, así, en el proceso productivo, personas que aparecen como dueñas de los medios de producción y personas que nada tienen sino tan sólo su capacidad de trabajar: son las clases sociales que caracterizan al modo de producción capitalista; pero eso es, solamente, el comienzo.

SEGMENTACIÓN DE LAS CLASES SOCIALES

Las clases sociales dueñas de los medios de producción experimentan cambios o transformaciones; en el proceso productivo se separan entre sí, pues la repetición de ese proceso las hace especializarse en el oficio que han elegido— a saber, industria, comercio y banca—, a partir de lo cual siguen haciéndolo en nuevos y sucesivos segmentos. Y, puesto que lo accesorio sigue, necesariamente, la suerte de lo principal, también ese proceso provoca la segregación de la clase de los trabajadores en categorías similares. De esa manera, si la clase propietaria de los medios de producción se divide en industriales, comerciantes y banqueros, la clase de los trabajadores también lo hace para dar origen al trabajador industrial, al trabajador del comercio y al trabajador bancario. Las clases sociales comienzan a manifestarse. Y lo harán, constantemente, de manera contrapuesta.

IMPORTANCIA DEL CONCEPTO

Las clases sociales no aparecen porque sí: representan los particulares intereses de grupos humanos; existen, en consecuencia, en oposición, no solamente con su contraparte sino, además, entre ellas mismas, es decir, entre sus propias fracciones. Esta confrontación adquiere tal virulencia que no pocos tratadistas se han atrevido a decir que la verdadera ‘lucha de clases’ se da entre tales grupos. En el sistema capitalista —cuya forma de gobierno es la ‘democracia’—, esas fracciones se organizan en ‘partidos’ por lo que existen tantos partidos como intereses capitalistas específicos haya que defender. E incluso, más, pues los partidos pueden representar una o más fracciones de la clase propietaria de los medios de producción. Pero eso no es todo. La forma de gobierno elegida por el sistema capitalista mundial (SKM) para ejercer la dominación sobre el conjunto social —es decir, la ‘democracia’—, exige la existencia de esos partidos.

Suele suceder, no obstante, que existan varias organizaciones políticas que representan los intereses de las tres fracciones del capital (industriales, comerciantes y banqueros). Estos partidos se unen para ganar las elecciones conformando una ‘alianza’ o un ‘bloque’, según se trate de coaliciones políticas o de clase. Para poder gobernar, deben resolver cuál de las fracciones tomará la conducción de las mismas, ejerciendo de esa manera, la ‘hegemonía’ sobre todas ellas y, en consecuencia, sobre el conjunto social.

Al otro lado, es decir, en el sector de las clases que venden su fuerza o capacidad de trabajo, no sucede de manera distinta: también se segmentan y una de esas fracciones busca, igualmente, ejercer su ‘hegemonía’ sobre el resto de las demás.

De más está decir que esa contraposición se encuentra mediatizada por la ideología dominante (meritocracia, por ejemplo) y el grado de conciencia alcanzado por las organizaciones de trabajadores[3].

ROL DEL PRESIDENTE DE UNA NACIÓN DEMOCRÁTICA

Cuando se trata de determinar quién va a ejercer la conducción de una formación social, en el sistema de gobierno democrático, se cita a elecciones de ‘presidente’ u otras denominaciones. El elegido es la persona que ha de administrar el Estado/nación, por supuesto, previa adhesión mayoritaria de los electores.

Reminiscencia de antiguos modos de producir, el líder, conductor, presidente o primer ministro, es concebido, en el ideario popular, como el detentador del poder supremo. Nada más erróneo. En el MPK, si el Estado es el factor de unidad del Bloque en el Poder, el líder, conductor, presidente o primer ministro no es sino el factor de unidad del Estado/nación. Nada más. Por eso, puede ser un individuo mediocre, un sujeto insignificante, que se da la buena vida, bueno para las bromas o dicharachero. A menudo, hasta mentiroso y felón. Nada de él ha de sorprender. No representa la excelsitud, la sumatoria de las virtudes o la magnificencia divina y su sabiduría, sino algo más terreno y ajeno a las suposiciones: simplemente, la unidad del sector que ganó las elecciones y, por consiguiente, la ‘unidad’ de la formación social que encabeza. No por otro motivo la generalidad de la militancia de esa alianza recurre a él para la solución de los conflictos internos. Pero, cuidado: no es un personaje esencialmente fungible, es decir, que se pueda cambiar con facilidad. No. Es un factor de unidad, el pegamento de todo un movimiento ciudadano, el ‘atractor’ en torno al cual gira el movimiento social que lo sostiene. No es un sujeto despreciable, en modo alguno. Aunque formule tonterías o adopte comportamientos infantiles[4]. Representa lo que es y debe seguir siendo[5]. Ahí radica su fortaleza y su imprescindibilidad. Por eso, cuando se atenta contra su persona, provoca una conmoción que pone en peligro al conjunto social.

Y puesto que la comunidad reproduce gran parte de la cultura de dominación de modos de producir anteriores, que aceptaron la subordinación de otros ‘señores’, siempre lo reconocerá como la ‘autoridad’. O, si se quiere, como el ‘arbitro supremo’. Una suerte de ‘Mesías’ ante el cual han de doblar la cerviz.

IMPORTANCIA DE CONOCER LA ESTRATIFICACIÓN DE LAS CLASES SOCIALES EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Conocer la estratificación de las clases sociales, sus segmentos, la representación política, social y cultural de sus intereses, los agentes encargados de resolver las contradicciones que puedan existir, es la gran tarea de los analistas. Y el instrumento ideal para quienes, por encargo de las bases, han tomado como tarea primordial la conducción de los movimientos sociales y políticos.

En efecto, en el MPK, las organizaciones políticas deben actuar dentro de un marco de acción determinado. Este marco es la forma de gobierno establecida para dicho modo: la ‘democracia’ y la burocracia establecida.

En el ejercicio de la democracia se establecen conversaciones orientadas a resolver las contradicciones de los actores políticos. Y se convienen pactos que adoptan los más variados nombres. Esos pactos se denominan, en teoría, ‘alianzas’. Tienen por finalidad unificar ideas, intereses y propuestas para enfrentar las contiendas políticas bajo la premisa que ‘son más las tareas que nos unen que aquellas que nos desunen’.

Pero ese es un aspecto. Hay otros que tienen que ver con las alianzas con sectores antagónicos y, en este aspecto, tiene especial importancia el examen de la situación de las fracciones de los sectores dominantes que han sido empobrecidos por las políticas impulsadas por quienes ejercen la hegemonía al interior del Bloque en el Poder. Las disputas que se originan al interior de los sectores dominantes por imponer sus propios intereses son, a menudo, más intensas que aquellas libradas en contra de los sectores dominados, como ha quedado de manifiesto en numerosas oportunidades.

En consecuencia, el estudio del estado en que se encuentran las diversas fracciones en que se divide la clase propietaria de los medios de producción o clase dominante, es crucial para una adecuada política de alianzas. La representación política y social de los sectores dominados puede obtener valiosos aportes de parte de algunos de esos sectores y, en no pocas oportunidades, volcar en su beneficio no solamente el apoyo electoral de éstos sino, también, social.

ALIANZAS Y BLOQUES A NIVEL PLANETARIO

No existe impedimento alguno para estimar que tanto la formación de alianzas como la construcción de bloques pueda realizarse, también, a nivel planetario. Es más. En periodos de cambios y transformaciones, como el actual, lo extraño sería que eso no sucediera. Y es que los intereses de clase traspasan las fronteras nacionales y exigen ser satisfechos.

Lo que nos hace suponer que estamos atravesando una línea demarcatoria que separa la era actual de aquella que la sucederá; en otras palabras, un período en el que se han ido perfilando, sobre la superficie del planeta, alianzas que, como siempre, traspasan las fronteras nacionales; al mismo tiempo, el estrepitoso desplome de aquellas que regulaban las relaciones anteriores. Es un umbral. Sin lugar a dudas que es un umbral. El tránsito de una forma de actuar, que se bate en retirada, a otra que aún no termina de construirse.

Marx descubre y nos enseña que lo que distingue a una época de otra es el instrumento principal de trabajo. Y ese instrumento existe hoy. Se llama ‘inteligencia artificial’. Es lo que está absorbiendo, junto a las empresas de su entorno ―necesarias para su desarrollo―, la mayor inversión de capital, realizando descomunales operaciones financieras y de concentración nunca antes vistas. Este proceso se encuentra en pleno auge. Marcha de la mano de las nuevas fracciones de la clase dominante que participan del bloque en el poder planetario. Son las empresas tecnológicas (Big Tech), las mega gestoras de fondos de inversión y los medios de comunicación más importantes, ‘conglomerados’ o ‘empresas mediáticas’ al servicio de quienes los financian. Es el conjunto de organizaciones que dominan hoy el planeta. No es ‘una derecha’; tampoco ‘una ultra derecha’. Mucho menos, un ‘fascismo’. Es un conjunto específico que han organizado las fracciones más dinámicas del sistema capitalista mundial que dominan el avance tecnológico alcanzado hasta el momento. No está claro cuál es la que hegemoniza el conjunto de todas ellas; la disputa no está aún resuelta.

¿Algo nuevo, en relación a las clases sociales? Al parecer, no. Las empresas tecnológicas (las más grandes son Apple, Microsoft, Amazon, Nvidia y Tesla; cuando se les agrega Meta y Alphabet que, además, son comerciales, se las llama ‘las siete magníficas’) sin lugar a dudas, pertenecen a lo que en la rotación del capital llamamos ‘capital industrial’. Las gestoras de fondos de inversión (entre otras, Black Rock, Vanguard, Rothschild, Morgan, etc) no son sino una nueva forma moderna y superior de lo que, en su tiempo, se llamó ‘capital bancario’; y finalmente, las ‘empresas mediáticas’ (The Walt Disney Company, Comcast) más parecieran corresponder a una forma adoptada por el ‘capital comercial’.

REPERCUSIONES A NIVEL NACIONAL

Los períodos de crisis son indicativos de no haberse resuelto el problema de la dominación. En sociedades donde la disputa por el control hegemónico del poder está pendiente, la crisis campea. Por eso, afirmamos que la crisis que experimenta la sociedad en la actualidad no es sino consecuencia de la inestabilidad que ocasiona la carencia de hegemonía al interior del Bloque en el Poder a nivel planetario. Esta crisis debe resolverse. En tanto, la inestabilidad, que ese hecho ocasiona, seguirá transmitiéndose al resto de las naciones. Y es que la generalidad de las políticas nacionales —que practican los estados a fin de resolver sus problemas internos—, se han ido configurando en asombrosa correspondencia (y, en otros, como una reacción) con lo que está sucediendo a nivel planetario. Chile no está al margen de esos cambios. Es parte de ellos. Estamos iniciando el camino hacia una transformación. Nos guste o no nos guste. La elección de un personaje como José Antonio Kast para ejercer el cargo de presidente de la nación es un hecho que debe ser debidamente analizado, pues pareciera ser una respuesta local a lo que sucede en otras latitudes.

Y hay otros hechos no menos significativos. Cuando, en otro trabajo, señalábamos no ser casual el viaje que realizara el actual presidente electo de Chile —en septiembre de 2021— a conversar con el entonces congresal Marco Rubio, en Estados Unidos, llamábamos la atención acerca de un nexo que parecía haber comenzado a establecerse entre la política estadounidense que hoy impera y el ex militante UDI y miembro del partido Republicano, José Antonio Kast. Por lo mismo, no podemos asegurar que sea casual, la visita que ese mismo secretario de Estado ha de realizar el 11 de marzo próximo con ocasión del acto de investidura del nuevo presidente; ni tampoco las identidades de los otros invitados que se han dado a conocer. Como lo hemos afirmado repetidamente: si en la Naturaleza no existen las casualidades, con mayor razón no las existen en política.

Los nexos que unen a quienes buscan representar políticamente los intereses de la nueva configuración, que busca establecerse a nivel planetario, se siguen fortaleciendo. Y delineando los contornos de lo que ha de suceder en el futuro.

Santiago, febrero de 2026

Noticias:

[1] Fioravanti, Eduardo: “El concepto de modo de producción”, Ediciones Península, Barcelona, 1974, pág.235.

[2] Poulantzas, Nicos: “Las clases sociales en el capitalismo actual”, Siglo veintiuno editores S.A., México, 1976, págs..12 y 13. La cursiva es del autor.

[3] No deja de llamar la atención que algunas organizaciones políticas, convencidas de estar interpretando los intereses de los sectores dominados, hayan comenzado ya a disputar entre ellas mismas cuál ha de ser la que va a conducir ‘al pueblo a la victoria’. Véase el art. De Carlos Saldivia “Quién liderará la oposición y la política de alianzas: la razón oculta de la pelea en el PC”, El Mostrador, 13 de febrero de 2026.

[4] Como lo hace Trump lloriqueando porque el Comité Nobel de Noruega no le otorgó el Premio de la Paz. Trump sabe bien cuál ha de ser su rol. Recomendamos, al respecto, el artículo de Alejandro Marcó del Pont ‘Trump no improvisa’ publicado en ‘El tábano economista’ el 08 del presente.

[5] Ante la negativa de Noruega de no concederle el Nobel de la Paz, hubiere sido inútil exigirle a Trump un comportamiento diferente al que tuvo. Pero esa mentalidad de niño encaprichado no es óbice para que no cumpla a la perfección el rol para el cual fue electo: ser actor de unidad de la alianza que lo elevó al cargo que hoy ostenta.

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