¿Autodestrucción moral de Israel?
por Felipe Portales (Chile)
3 años atrás 7 min lectura
01 de noviembre de 2023
Fueron, por cierto, totalmente condenables las atroces matanzas –y toma de rehenes- efectuadas por Hamas el 7 de octubre pasado en Israel. Pero, a la vez, confirmaron que dicha organización islámica radical no tiene ni por asomo la posibilidad de amagar la existencia del Estado de Israel. En cambio, las horrorosas acciones del gobierno de derecha israelí de virtualmente destruir Gaza en venganza –lo que está en condiciones militares de hacer- están demostrando que Israel está perdiendo completamente los fundamentos morales esenciales de un Estado respetuoso del ser humano.
Desgraciadamente, desde hace mucho tiempo que Israel viene experimentando una deriva violatoria del derecho internacional. Así, desde que ocupó toda Palestina luego de la guerra de los seis días en 1967, ha ido poco a poco estableciendo una red de asentamientos ilegales en los territorios ocupados lo que ha sido permanente e infructuosamente condenado por las Naciones Unidas. De este modo, de acuerdo a datos del propio gobierno israelí (recogidos por Wikipedia), a comienzos de 2021, 475.481 colonos vivían en los 127 asentamientos y 135 “outposts” (asentamientos ilegales también bajo las leyes israelíes pero que reciben apoyo institucional) en Cisjordania, a lo que habría que sumar los 201.200 colonos de Jerusalén oriental a mediados de 2014. Y durante la presidencia de Trump (2016-20), la construcción de asentamientos se multiplicó en 250%.
Además, la construcción de dichos asentamientos, de acuerdo a agencias de Naciones Unidas, “se ha realizado en numerosas ocasiones a costa del desplazamiento de palestinos y de demoliciones y expropiaciones sin indemnización de las tierras de estos” (Wikipedia). Y todo esto en el contexto de que Israel conserva hoy un control total del 60% de Cisjordania; y sólo el 40% es controlado administrativamente por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que se creó luego de los Acuerdos de Oslo de 1993; pero con control militar israelí. Es decir, los gobiernos israelíes, desde hace mucho tiempo, están consolidando cada vez más un dominio total –directo o indirecto- de Cisjordania.
En Gaza la situación ha sido diferente y más ominosa. La mayor miseria existente en ese territorio (por su sobrepoblación y carencia de fuentes productivas) fue generando una mucho mayor radicalización de su población y el surgimiento de una organización islámica radical: Hamas; la que empezó a confrontar al movimiento laico Fatah, cuyo líder histórico, Yasser Arafat, falleció en 2004. En lugar del planteamiento de Fatah (y de la ANP) de acordar la construcción de dos Estados (iraelí y palestino), Hamas se definió partidario de la destrucción de Israel. En 2005 Israel retiró su ocupación del territorio, pero conservando un control aéreo y marítimo; el cierre de sus fronteras; y el control sobre la provisión de agua y electricidad al territorio. Es decir, estableció lo que se ha denominado como “la cárcel al aire libre más grande del mundo”. Luego, en las elecciones de 2006 Hamas se impuso sobre Fatah; y en 2007, luego de un conflicto violento entre ambos en que triunfó Hamas, Gaza terminó separándose de Cisjordania y la ANP.
Posteriormente, cada vez que Hamas hacía ataques terroristas a Israel, este efectuaba venganzas militares que terminaban con una desproporcionada cantidad de víctimas palestinas, además de represalias económicas. Particularmente criminales fueron las “operaciones” israelíes “Plomo Fundido” en 2008-9 y “Margen Protector” en 2014. En la primera resultaron muertos 1.166 palestinos según el Ejército israelí (1.387 de acuerdo a la ONG israelí B’Tselem) ¡y 13 israelíes! (10 soldados y 3 civiles, de acuerdo a BBC News; 27-12-2009). Además que miles de casas resultaron destruidas o dañadas (The Jerusalem Post; 26-3-2009); 15 de los 27 hospitales y 43 de sus 110 clínicas de atención primaria (OMS; 20-1-2010); y centenares de escuelas, pozos de agua e invernaderos. A su vez, en la segunda –en julio de 2014- según datos de la ONU, murieron 2.251 palestinos (1.462 civiles, 551 de ellos niños) y 73 israelíes (67 militares y 6 civiles). Además, Israel destruyó 18.000 viviendas, dejando sin hogares a 108.000 familias (La Vanguardia, Barcelona; 26-8-2016).
Pero sin duda que la represión más salvaje fue la efectuada por el Ejército israelí en contra de decenas de miles de manifestantes de Gaza en la “Marcha del Retorno” frente a la frontera israelí, convocada desde el 30 de marzo de 2018 hasta enero de 2019. En ese tiempo mataron al menos a 312 manifestantes palestinos (The Times of Israel; 4-10-2019), incluidos médicos, periodistas, discapacitados y 59 niños (Haaretz, 7 y 25-4-2018, 1-6-2018, 28-7-2018 y 22-12-2018; The Guardian, 21-5-2018 y 1-4-2019; The Times of Israel, 10-6 2019; El País, 29-9-2018; y ABC News, 21-4-2018). Por otro lado, aproximadamente 29.000 manifestantes resultaron heridos (The Guardian; 30-3-2019) de los que más de 17.000 recibieron impactos de balas, y más de 120 sufrieron amputaciones por sus heridas (Ibid.).
La “agobiante situación” (como la describió el secretario general de la ONU, Antonio Guterres) que sufre Gaza desde 1967 permite comprender el desquiciamiento que llevó a Hamas a las totalmente condenables atrocidades cometidas en Israel el 7 de octubre. Se trata de una vida miserable, amarga y sin destino, con una desocupación de cerca del 50% de su población, y alimentándose en gran medida de la caridad internacional. Quizás lo que permita en algo captar lo terrible de todo ello es el testimonio dado por el médico español cooperante del Hospital Al Awda de Gaza, Raúl Inciertis, al diario El País, sobre su trabajo antes de la crisis:
“Cada día muchos hombres y jóvenes iban al muro que construyó Israel para arrojar piedras a la pared y a los soldados israelíes. Ellos responden disparando a los tobillos de los palestinos para mutilarles. En el hospital hacíamos operaciones de cirugía ortopédica, amputábamos piernas o las reconstruíamos. Nos llegaban entre cinco y ocho heridos de bala al día” (13-10-2023).
Pero ahora la venganza israelí está superando todos los límites. Su gobierno de extrema derecha se ha propuesto una política de limpieza étnica aterrorizando a más de un millón de habitantes del norte de la Franja para que se desplacen forzadamente hacia el sur donde ya viven densamente y en condiciones miserables otro millón de palestinos. Al mismo tiempo les cortó el agua y la electricidad y les bloqueó la entrada de alimentos y medicinas. Y además ha efectuado sistemáticamente un bombardeo de los edificios de toda la zona. Los muertos ya se estiman en varios miles de personas, incluyendo niños, mujeres y ancianos. Está configurando un virtual genocidio, el que luego seguirá con una toma militar de la Franja hasta terminar con todos los “animales humanos”, como denominó el ministro de Defensa israelí a los miembros de Hamas.
Con todo esto se está cumpliendo el viejo “sueño” de la derecha israelí de apoderarse de toda Palestina. Si efectivamente hubiesen buscado la paz en base al respeto al derecho internacional y la justicia, los gobiernos israelíes habrían podido perfectamente lograr un acuerdo con la Autoridad Nacional Palestina sobre la base de devolverle toda Cisjordania para que allí se hubiese establecido un real y próspero Estado palestino. Y con ello se habría socavado profundamente la popularidad de Hamas en Gaza, cuyo pueblo habría comprobado las notables ventajas de hacer también una paz con Israel, en los mismos términos que la ANP, integrándose al nuevo Estado palestino.
En cambio, con el salvajismo actual y con el poderío militar de Israel, seguramente la derecha israelí logrará una “victoria a lo Pirro”, aniquilando Gaza al precio de decenas de miles de soldados israelíes muertos y destruyendo totalmente las bases morales fundantes del Estado de Israel. Y ciertamente provocarán con ello una gigantesca revigorización de la lacra del antisemitismo en todo el mundo. ¡Aún es tiempo de evitarlo!
Y se está haciendo realidad el triste vaticinio de Albert Einstein expresado en una carta del 10 de abril de 1948 (un día después que se conociese la matanza de palestinos de Deir Yassin, efectuada por los grupos terroristas Irgun y Stern, y que según diversas fuentes asesinó entre 107 y 254 personas) al director ejecutivo de una organización neoyorkina que apoyaba a dichos grupos:
“Cuando una catástrofe real y final caiga sobre nosotros en Palestina, el primer responsable por ésta serán los británicos y el segundo responsable por ella, las organizaciones terroristas surgidas desde nuestras propias filas. No me gustaría ver a nadie asociado con esta gente criminal y engañadora”.
Carta de Albert Einstein, rechazando el sionismo y tratándolos de ‘gente criminal y engañadora’
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