Cuando la palabra se vuelve rentable sin autor humano
por François Vadrot y Fausto Giudice
2 horas atrás 16 min lectura
17 de enero de 2026
Version originale en français – English version
A principios de 2026, se alcanza el umbral económico de lo falso creíble
El momento en que lo falso deja de ser excepcional.
Desde hace unas semanas, aparecen canales de YouTube que crecen rápidamente presentando a analistas internacionales conocidos, en formato de videos encarnados, largos, coherentes y técnicamente creíbles. Estos canales no retoman intervenciones existentes, no traducen conferencias anteriores y no contienen ninguna señal explícita de ficción o simulación. Producen contenidos originales, atribuidos implícitamente a personas reales que no son sus autores.
El fenómeno se distingue por varias características convergentes. Primero, su velocidad: algunos canales se crean ex nihilo y alcanzan en pocos días o semanas varios miles de suscriptores, con volúmenes de visualizaciones significativos. Luego, su coherencia industrial: identidad gráfica homogénea, ritmo regular de publicación, guiones estructurados, transcripciones ofrecidas, monetización activa. Finalmente, su focalización precisa: las figuras utilizadas son analistas ya identificados por el público, asociados a posiciones claras, reconocibles, y que poseen un capital simbólico preexistente.
La detección de estos contenidos no la realiza el público ordinario. Los comentarios generalmente no señalan ninguna anomalía particular. Los discursos se reciben como plausibles: conformes a lo que estos analistas suelen decir y compatibles con las expectativas de la audiencia. Las dudas emergen en otro lugar: en oyentes atentos, a partir de detalles secundarios (cifras incoherentes, formulaciones atípicas), o en los propios interesados, obligados a señalar públicamente la existencia de videos que nunca produjeron, como por ejemplo Emmanuel Todd a través de su cuenta de Substack¹.
Un punto es central: estos videos no se distinguen por su carácter manifiestamente falso. No se basan ni en contraverdades flagrantes ni en inversiones ideológicas espectaculares. El contenido es, en conjunto, factualmente defendible y narrativamente alineado con las posiciones conocidas de las figuras imitadas. Lo falso no es el discurso tomado aisladamente, sino la atribución del discurso.
El carácter reciente del fenómeno es determinante. Existían antes intentos de deepfakes intelectuales, pero seguían siendo marginales, técnicamente imperfectos o económicamente no viables. Lo que cambia hoy no es la existencia de la tecnología como tal, sino su paso a escala: calidad suficiente, costo marginal reducido, integración fluida en el ecosistema de las plataformas y rentabilidad rápida.
Este conjunto de indicios permite hablar no de experimentos aislados, sino de un umbral franqueado. Una actividad que hasta ahora era costosa, arriesgada y visible se vuelve banal, reproducible y discreta. Es este cambio, más que la tecnología misma, lo que merece ser analizado.

Un ejemplo permite ilustrar concretamente este cambio. Un canal francófono aparecido recientemente, Le Brief Politique, presenta al economista marxista usamericano Richard Wolff en videos largos, estructurados y encarnados. Los contenidos no corresponden a ninguna intervención existente, no son traducciones de conferencias anteriores y nunca han sido reivindicados por el interesado.
Sin embargo, el discurso es coherente con sus posiciones públicas, tanto en el fondo como en la tonalidad. Precisamente eso es lo que vuelve delicada la identificación. La falsificación no aparece en la argumentación general, sino en detalles secundarios, órdenes de magnitud discutibles, ausencia de fuentes precisas, y sobre todo en la imposibilidad de encontrar una versión original.
Este caso no tiene nada de excepcional. Es representativo de una serie de canales aparecidos muy recientemente, basados en el mismo principio: una palabra plausible, atribuida a una figura real, producida de manera autónoma.
Por qué pasan estos contenidos: la ortopraxia narrativa es fácil de reproducir
Si estas producciones rara vez son identificadas como artificiales, no es debido a una sofisticación técnica excepcional, sino porque se inscriben en un marco discursivo ya estabilizado. Los videos retoman esquemas narrativos familiares, argumentos esperados y una tonalidad conforme a lo que la audiencia asocia con las figuras imitadas. No sorprenden, no se desvían, no rompen.
Los analistas concernidos ocupan desde hace varios años un lugar identificable en el espacio mediático. Su palabra está asociada a temas recurrentes, a posiciones relativamente constantes y a un estilo reconocible. Esta estabilidad facilita el reconocimiento, pero también vuelve posible la reproducción. El discurso se vuelve previsible sin ser trivial, estructurado sin ser rígido, lo que constituye un terreno particularmente favorable para la generación automática.
El funcionamiento es análogo al observado en numerosos formatos mediáticos contemporáneos, ya sean dominantes o alternativos. La información se transmite menos como una serie de hechos que como una inmersión en un lenguaje. Expresiones regresan, oposiciones se reactivan, marcos de interpretación se reproducen de un episodio a otro. El público no viene a buscar una ruptura o un descubrimiento, sino una continuidad.
En este contexto, lo falso no choca porque retoma las formas esperadas del relato. No introduce ni disonancia ideológica ni contradicción frontal. Se inserta en un conjunto ya conocido, cuyos códigos adopta. La credibilidad depende menos de la precisión de los dichos que de su conformidad con una expectativa preexistente.
La detección de una falsificación se basa tradicionalmente en la identificación de errores, incoherencias o divergencias manifiestas. Pero aquí, el discurso es “correcto” en el sentido narrativo del término. Corresponde a lo que se espera oír. Las eventuales anomalías son marginales, cuantitativas o estilísticas, y no cuestionan el conjunto.
Este mecanismo explica por qué la vigilancia individual es ampliamente ineficaz. Mientras el contenido respete la ortopraxia (los usos esperados) del rol atribuido al analista, cumple su función. El problema, por lo tanto, no se debe a una credulidad particular del público, sino a un entorno discursivo donde la repetición y la conformidad se han vuelto criterios implícitos de validez².
En estas condiciones, la generación automática no crea un discurso artificial exógeno. Prolonga un régimen de palabra ya existente, cuyos contornos son suficientemente nítidos para ser reproducidos sin tropiezos. Es esta continuidad, más que la tecnología misma, lo que permite a lo falso circular sin resistencia aparente.
El papel decisivo de la figuración pública
La posibilidad misma de estas producciones reposa en un elemento previo: la existencia de figuras ya instaladas en el espacio mediático. Los analistas imitados no son elegidos al azar. Disponen de una visibilidad suficiente, un rostro identificable, una voz asociada a una postura intelectual estable y un público ya constituido. En otras palabras, se han convertido en referentes.
Este proceso no es propio de los medios alternativos. Resulta de una lógica general de funcionamiento de las plataformas, que favorecen la personalización, la recurrencia y la encarnación. La palabra está indexada a individuos más que a argumentos, a figuras más que a razonamientos. Progresivamente, el analista deja de ser percibido como un productor de pensamiento situado y evolutivo, para convertirse en una posición reconocible en un paisaje discursivo dado.
A medida que este reconocimiento se instala, la palabra se estabiliza. No porque el analista deje de reflexionar, sino porque el entorno mediático valora la coherencia, la continuidad y la fidelidad a un rol. Los desvíos, las vacilaciones o las revisiones son penalizados por la baja de audiencia, la pérdida de suscriptores o la ruptura con las expectativas del público. La figura se solidifica, no por dogmatismo, sino por adaptación al marco.
Esta transformación es central. Un pensamiento en movimiento es difícil de reproducir mecánicamente. Una postura estabilizada, en cambio, se vuelve modelizable. La figuración pública proporciona así a la generación automática una materia prima ideal: una firma reconocible, asociada a un conjunto de temas, tonalidades y reacciones esperadas. La notoriedad se convierte en un capital simbólico independiente de la presencia efectiva de su detentor.
Por eso la sustitución no se vive como una ruptura. El público no sigue a una persona en sentido estricto, sino a una función narrativa. Mientras esta función esté asegurada, incluso por un artefacto, la experiencia de recepción permanece inalterada. Lo falso no reemplaza un pensamiento singular; ocupa un lugar ya definido.
Sería erróneo ver en esto una falla moral individual. La figuración pública es una condición estructural de visibilidad en el ecosistema de las plataformas. Pero produce un efecto secundario: cuanto más una figura se vuelve central e identificable, más reemplazable se vuelve. El reconocimiento que protege contra el borramiento protege mal contra la sustitución.
Este punto permite comprender por qué el fenómeno observado no toca indistintamente a todos los productores de contenido. Apunta prioritariamente a aquellos cuya palabra ya ha sido transformada en un referente estable, un rol reconocible, una marca personal. Son esas figuras las que la generación automática puede explotar inmediatamente, sin trabajo de construcción previo.
El cambio económico: ¿por qué ahora?
Sería tentador interpretar la aparición de estos canales como el producto de una intención ideológica o de una estrategia de manipulación. Nada impone esta lectura. Los elementos observables remiten a una lógica más simple y más banal: la de un modelo económico vuelto viable.
Durante mucho tiempo, la producción de contenidos encarnados creíbles por medios artificiales siguió siendo costosa. La generación de voces naturales, la sincronización labial, la coherencia visual en formatos largos y la estabilidad de la producción requerían recursos técnicos y financieros incompatibles con una explotación a gran escala en plataformas como YouTube. Lo falso existía, pero era marginal, artesanal o experimental.
Lo que cambia recientemente es el franqueamiento de un umbral. El costo marginal de producción de un video se vuelve suficientemente bajo como para ser absorbido por los ingresos generados por la publicidad, las suscripciones y los mecanismos de recomendación. A partir de este momento, la cuestión ya no es la de la posibilidad técnica, sino la de la optimización. Lo falso deja de ser una apuesta arriesgada para convertirse en una actividad rentable.
Esta evolución no puede explicarse por un solo factor. Las ofertas de IA generativa desarrolladas en EE.UU. (Gemini, ChatGPT, Grok…) han, desde 2024–2025, progresivamente bajado su costo de entrada. Los servicios de generación de texto, voz o imágenes se han vuelto más accesibles, en particular mediante suscripciones o fórmulas integradas destinadas a los creadores. Sin embargo, este movimiento sigue estando constreñido. El modelo económico estadounidense sigue fundado en la captura de valor por cliente y en usos de alto margen. Las soluciones más performantes siguen siendo relativamente costosas y pensadas para actores solventes, institucionales o profesionales.
Paralelamente, han aparecido otros actores con una lógica diferente. Las ofertas chinas recientes en materia de IA generativa, en particular en el dominio multimodal, privilegian menos la excelencia máxima que la suficiencia funcional a gran escala. El objetivo no es producir artefactos perfectos, sino contenidos suficientemente creíbles para un uso masivo, a costos comprimidos. Esta diferencia de modelo, volumen frente a renta, es decisiva para comprender la emergencia de un mercado gris de la palabra sintética.
Esta evolución coincide con la entrada en bolsa, en Hong Kong, de varias empresas chinas especializadas en inteligencia artificial generativa. Sociedades como MiniMax o Zhipu AI recaudaron³, a fines de 2025 y principios de 2026, montos significativos posicionándose explícitamente en servicios multimodales (texto, voz, imagen y video) destinados a un uso masivo⁴.
Los productos promocionados por estos actores, como HailuoAI, Talkie o los modelos de generación de video y voz de MiniMax, no apuntan a una perfección máxima, sino a una calidad suficiente para usos corrientes, a costos fuertemente comprimidos y destinados al gran público. Este enfoque es coherente con una lógica de difusión amplia y de rentabilidad por volumen, más que por rareza.
No es ni necesario ni posible establecer un vínculo directo entre estos canales y proveedores precisos. Lo que importa es la conjunción de dinámicas. Por un lado, herramientas vueltas suficientemente buenas y baratas. Por otro, un ecosistema de plataformas perfectamente aceitado para monetizar formatos repetitivos, encarnados y atractivos. Entre ambos, se abre un espacio económico, sin necesidad de intención ideológica ni de coordinación central.
Este cambio es muy reciente porque depende de la convergencia de estos factores. Las tecnologías existían antes, las plataformas también, las figuras mediáticas igualmente. Lo que faltaba era la alineación de costos, usos e ingresos. Una vez alcanzada esta alineación, la sustitución se vuelve no solo posible, sino racional.
En este sentido, el fenómeno observado no es una anomalía. Corresponde a un ajuste clásico en la economía de las plataformas: cuando un proceso puede automatizarse sin pérdida inmediata de valor percibido, termina siéndolo. La palabra encarnada, desde el momento en que está estabilizada y monetizable, no escapa a esta lógica.
El papel silencioso de las plataformas
El desarrollo de estos contenidos no sería posible sin un entorno de difusión perfectamente adaptado. Las plataformas de video, y YouTube en particular, no son simples vectores neutros. Constituyen la infraestructura económica que vuelve viable la operación, sin tener que intervenir activamente.
Los formatos concernidos corresponden precisamente a lo que los algoritmos favorecen: videos largos, encarnados, regulares, que suscitan fidelidad de audiencia y un compromiso estable. Los temas abordados, a menudo geopolíticos o analíticos, generan un consumo atento y repetido, compatible con la monetización publicitaria y los mecanismos de suscripción. En este marco, la plataforma no tiene ningún interés estructural en distinguir lo auténtico de lo sintético, siempre y cuando los indicadores de desempeño sean satisfactorios.
La responsabilidad editorial queda así desplazada hacia la parte final. Existen mecanismos de denuncia, pero reposan en la iniciativa de las personas concernidas o de los usuarios. No hay un filtrado sistemático en la parte inicial, ni mecanismos de verificación de la identidad del enunciador para este tipo de contenido. La autenticidad de la palabra no forma parte de los criterios de elegibilidad para la difusión o la monetización.
Este funcionamiento no es el resultado de una elección ideológica explícita. Se desprende de la lógica misma de las plataformas, concebidas para maximizar el volumen, el tiempo de visionado y la regularidad de las publicaciones. La distinción entre palabra encarnada y palabra simulada no es pertinente en este marco, siempre y cuando la experiencia del usuario siga siendo fluida y la retención esté asegurada.
Este silencio estructural produce un efecto acumulativo. Cuanto más circula este contenido, más normaliza su propia existencia. El público se habitúa a una palabra desligada de toda garantía de origen, sin que ello constituya un obstáculo inmediato para el consumo. Las plataformas, por su parte, se benefician de una oferta ampliada, poco costosa de producir, perfectamente compatible con sus modelos económicos.
Resulta un sistema autosostenido. Los productores de contenidos sintéticos no necesitan visibilidad institucional ni reconocimiento formal. Les basta con insertarse en los formatos esperados y responder a las señales algorítmicas. La plataforma, a cambio, asegura la difusión y la monetización, sin tener que dirimir la cuestión de la autenticidad.
Este papel pasivo pero determinante explica por qué el fenómeno no encuentra resistencia estructural. No se trata de una falla puntual, sino de una alineación de intereses. Mientras la palabra, sea humana o sintética, siga siendo compatible con las métricas de desempeño, nada incita a las plataformas a introducir fricciones susceptibles de reducir el flujo.
Una palabra verdadera sin autor
La dificultad planteada por estos contenidos no reside principalmente en su veracidad factual. En muchos casos, los análisis propuestos son coherentes, informados y compatibles con el estado de los conocimientos disponibles. No se basan en invenciones burdas ni en inversiones ideológicas manifiestas. Precisamente eso es lo que los vuelve difíciles de identificar como artificiales.
El problema se sitúa en la enunciación: estos discursos están atribuidos implícitamente a personas reales que no los produjeron. No se trata de una mentira en el sentido clásico, sino de una usurpación de la palabra. El contenido puede ser defendible tomado aisladamente, a la vez que es inauténtico en su fuente.
Esta disociación entre la verdad del dicho y la identidad de quien habla constituye un desplazamiento mayor. Los mecanismos tradicionales de vigilancia reposan en la verificación de los hechos, la confrontación de fuentes o el análisis de intenciones. Pero aquí, estas herramientas son ampliamente inoperantes cuando no hay un hecho falso que corregir ni una tesis aberrante que refutar. La falla reside en la atribución misma.
En este nuevo régimen, la verdad se vuelve en parte fungible. Un razonamiento plausible puede ser sostenido por cualquier enunciador siempre y cuando su forma, su estilo y su marco narrativo correspondan a las expectativas. El autor deja de ser una condición necesaria de la validez percibida del discurso. Se vuelve un simple soporte simbólico, intercambiable.
Esta evolución no es propia de la IA. Prolonga un movimiento ya en curso, en el cual la palabra pública es cada vez más evaluada a la luz de su conformidad con un rol más que con la experiencia singular de quien la enuncia. La generación automática no hace más que explotar esta transformación, llevando hasta el final la lógica de disociación entre contenido y responsabilidad.
Resulta una situación paradójica: cuanto más un discurso es razonable, esperado y alineado, más fácilmente apropiable se vuelve. La singularidad, la vacilación, la contradicción interna (elementos que caracterizan un pensamiento vivo) se vuelven obstáculos para la reproducción. A la inversa, la estabilidad, el consenso y la repetición facilitan la sustitución.
Este desplazamiento explica por qué la cuestión planteada por estos contenidos no puede reducirse a un debate sobre la desinformación. Lo que está en juego no es la circulación de lo falso, sino la posibilidad de una palabra que circule sin un autor identificable, sin responsabilidad explícita y sin anclaje en una trayectoria intelectual real.
¿Qué es lo que vuelve aún no sustituible a una palabra?
La emergencia reciente de canales encarnados artificialmente no proviene ni de una ruptura tecnológica súbita ni de un proyecto ideológico coordinado. Corresponde a un ajuste económico en un entorno ya estructurado por la figuración pública, la repetición narrativa y la monetización algorítmica.
Cuando la palabra se vuelve previsible, estabilizada y rentable, su reproducción mecánica deja de ser un problema técnico para convertirse en una opción racional. La IA no introduce una lógica ajena a este ecosistema; simplemente revela sus puntos de llegada.
El fenómeno observado no anuncia la desaparición de la palabra humana, sino su puesta en competencia con formas sintéticas capaces de ocupar los mismos espacios, a menor costo y sin restricción de responsabilidad. La pregunta que se plantea, por lo tanto, no es la de la verdad de los discursos, sino la de las condiciones en las que una palabra puede aún ser atribuida, situada y asumida.
A la larga, este desplazamiento obliga a replantear una interrogación simple: en un sistema donde la conformidad es recompensada y la singularidad penalizada, ¿qué es lo que vuelve aún no sustituible a una palabra?
Notas
1 Substack, Emmanuel Todd, Attention aux contrefaçons, 13 janvier 2026.
Cuidado con las falsificaciones.
2 Substack, François Vadrot, Du récit dissident à la série hypnotique, 7 septembre 2025.
Del relato disidente a la serie hipnótica.
3 Nikkei Asia, Loretta Chen, Alibaba-backed AI startup MiniMax raises $618m in HongKong IPO, 9 janvier 2026.
La start-up MiniMax, especializada en inteligencia artificial y respaldada por Alibaba, recauda 618 millones de dólares en su salida a bolsa en Hong Kong.
4 Nikkei Asia, Loretta Chen, China AI, chip companies raise billions in Hong Kong amidtech rivalry, 13 janvier 2026.
Las empresas chinas especializadas en inteligencia artificial y chips electrónicos recaudan miles de millones en Hong Kong en un contexto de rivalidad tecnológica.
Artículos Relacionados
Chile: ¿»Detenciones selectivas»?¿Peor el remedio que la enfermedad?
por Sergio Laurenti (Amnistía Internacional - Chile)
19 años atrás 2 min lectura
Proyecto central Alto Maipo: Quedará comprometido el suministro de agua de Santiago
por Cooperativa.cl
16 años atrás 2 min lectura
Perú: El hortelano García reprime a sangre y fuego la rebelión campesina
por José A. Coronado (CCP, Perú)
18 años atrás 5 min lectura
Presentación del informe preliminar de la Comisión de la Verdad: Auditoria de la Deuda Pública griega
por
10 años atrás 4 min lectura
Peleando, luchando, votando, llegas al gobierno. Ahí está. ¿Y ahora?. ¿Cambias o justificas?
por Alvaro García Linera (Bolivia)
3 años atrás 1 min lectura
Ex jefe de gabinete de Fulvio Rossi: "Las personas que se están poniendo con la cuota compraron sus cargos"
por Boyaldía (Iquique, Chile)
10 años atrás 3 min lectura
“Para la vida una canción, para la guerra nada”.
por Marta Gómez (Colombia)
2 horas atrás
17 de enero de 2026
Un himno pacífico que reza para que todas las mentes pensantes que existen en la sociedad no trabajen para crear objetos para hacer el mal sino objetos que aporten felicidad a las personas. Un canto a no dedicar ni un segundo de nuestro tiempo a la guerra.
La autocrítica pendiente y el retorno a las bases: por qué la inacción es el combustible de la derecha
por Esteban González Pérez (Chile)
2 horas atrás
17 de enero de 2026
Ese de los campamentos, de las poblaciones periféricas, del trabajo mal pagado, de la ausencia de servicios básicos. En ese mundo existen personas que NO piensan todo como una relación “costo-beneficio”. Allí hay solidaridad, amistad, fraternidad y nobles aspiraciones para el conjunto de la sociedad.
Declaración Pública – Familia y allegados de Julia Chuñil Catricura
por Vocería de la familia y organizaciones adherentes
3 días atrás
14 de enero de 2026
No es concebible ni aceptable que la Fiscalía Regional de Los Ríos y Carabineros desplieguen 500 efectivos policiales de distintas especialidades —en un operativo simultáneo en Máfil y Temuco— para detener a miembros directos de la familia, mientras que durante más de un año la búsqueda activa de Julia Chuñil apenas movilizó, en los mejores momentos, a no más de 50 personas en operativos reales.
Diario El País hace y adapta mapas por encargo. Acaba de meter el Sáhara Occidental dentro de Marruecos
por Luis Portillo Pasqual del Riquelme (España)
2 semanas atrás
02 de enero de 2026
El diario El País ha publicado una mapa en el que incluye el Sáhara Occidental dentro de Marruecos. El profesor Luis Portillo se ha dirigido a la Defensora del lector, Soledad Alcaide.