Ante el negacionismo de la derecha: una verdad histórica
por Enrique Villanueva Molina (Chile)
9 meses atrás 5 min lectura
15 de mayo de 2025
Al negacionismo oponemos el recuerdo de los y las que hicieron y hacen de la lealtad un valor que se vincula al honor, al compromiso y la gratitud, lo hacemos recordando a quienes son nuestros héroes y heroínas, a los y las que no aparecen en la historia oficial, hombres y mujeres que con sus ejemplos y sacrificios hicieron una valerosa demostración de que los sueños libertarios son posibles y que las dificultades no son insalvables, muy por el contrario, son el reto para los seres humanos a través de los tiempos.
Así despedimos a Miguel Guzmán un militar patriota, un ex sargento de la Fuerza Aérea de Chile, quien acaba de iniciar su vuelo a la eternidad y que junto a un grupo de sus compañeros antepusieron su férrea convicción de conciencia, valores morales y éticos superiores, ante la mezquindad corrupta de quienes por medio de la mentira y la violencia terminaron con la democracia en el país.
Despedirle y recordarle es para nosotros parte del desafío necesario para continuar luchando en contra de la mezquindad del olvido, en particular de quienes durante las cinco décadas pasadas, han intentado borrar o silenciar el valor que tuvo y tiene para el futuro el que un grupo de miembros de las Fuerzas Armadas, del ejército, marinos, (incluyendo a carabineros, Policía Civil) y en este caso de la Fuerza Aérea de Chile se opusieran al golpe de estado civil militar en 1973. Fue en medio de ese “trance histórico”, como lo señaló Salvador Allende en su último mensaje al país, antes de ser asesinado, que el sargento Guzmán desobedeció a los mandos corruptos de la Fuerza Aérea quienes con la burda excusa de liberar a Chile del comunismo instalaron una dictadura civil militar que hizo del terrorismo de estado su forma de gobernar. Esa digna postura le costó a Miguel y a sus compañeros la tortura, la prisión y posteriormente la expulsión de Chile, siendo obligado, como lo fue para miles de compatriotas, a reiniciar su vida en tierras lejanas, en su caso en Bélgica siempre junto a su querida familia.
Pero quienes compartimos la vida profesional de Miguel le recordamos en sus multifacéticas formas de vivir la vida, traspasando de manera ejemplar su conocimiento técnico de la aviación, imponiendo su liderazgo de manera amable a través del respeto y del saber, destacándose como uno de los mejores especialistas en su área y depositario del respeto de sus compañeros y de sus superiores jerárquicos. Al mismo tiempo que más allá de su despliegue profesional hizo explicita su simpatía y compromiso con el futuro del país que se empezaba a construir con el gobierno de Salvador Allende, asumiendo decididamente la tarea de organizar a los más jóvenes, explicando el momento político que estábamos viviendo.
Fue la manera concreta de contrarrestar el proselitismo descarado de los mandos superiores, quienes en esos años alimentaban y preparaban la traición a Chile. Contrario a eso, el Sargento Guzmán construía junto a sus compañeros el compromiso respecto del rol que les correspondía a los militares para con el futuro de su país, ayudando desde su posición a crear conciencia para construir una sociedad más justa y solidaria.
Le recordamos también llevando ánimo en los momentos difíciles de la prisión, inventando optimismo y alegría en medio de la incertidumbre, o en otros momentos, como buen pedagogo, enseñando y organizando talleres de matemáticas lo que era su pasión, acciones solidarias que en esos momentos permitían imaginariamente abrir las puertas del encarcelamiento y mirar el futuro más allá de las paredes frías y tormentosas de la cárcel.
Así fue como a través de los años Miguel se ganó nuestro respeto, como uno más de esos héroes anónimos, que sin saberlo traspasaron ese optimismo y compromiso construido entre las rejas dictatoriales, al espíritu de lucha que luego floreció en múltiples acciones, las que el final contribuyeron a terminar con la dictadura civil militar en Chile.
Esa es la historia de nuestro Miguel Guzmán, una historia entre miles de otras, que echan por tierra las mentiras que aun después de 50 años persisten en los candidatos de la derecha, la que más allá de sus actuales expresiones continúa siendo la derecha que preparo y se comprometió con la ocupación militar de Chile, con las consecuencias de asesinatos y violaciones a los derechos humanos por todos conocidos. Una derecha que a través de su principal candidata aseguro recientemente que los muertos durante y después del golpe de estado “eran inevitables”, a esa señora le decimos que no, que las víctimas del terrorismo de estado fueron quienes compartieron el sueño aún pendiente, de un país soberano y dueño de sus recursos y de su futuro.
Ante esos discursos de odio negacionistas tenemos el deber de repetir las veces que sea necesario que los muertos y perseguidos son quienes apoyaron a un gobierno que significo una victoria de los trabajadores, de los pobres de la ciudad del campo, de los estudiantes, intelectuales, del mundo del arte y la cultura, así como de todos quienes despertaron sus conciencias ante las injusticias y la desigualdad social que el gobierno de Allende intento resolver, ellos y ellas fueron exterminados y perseguidos por pensar distinto.
Pero las mentiras justificadoras construidas interesadamente no opacan ni opacarán la verdad, a pesar de que hoy la mentira es una herramienta perversa utilizada como el anzuelo que pesca y desvirtúa la realidad, manipulándola para justificar como lo hicieron y la continúan haciendo, la violencia para asirse del poder.
En este contexto nos corresponde aportar con la verdad histórica y en este momento de la despedida de nuestro compañero y amigo, lo hacemos reconociendo y haciendo público su compromiso y lealtad cuando hubo que tenerla y expresarla, elevando a lo más alto su valentía, y la de otros que ya partieron. Compañeros de armas que intentaron a riesgo de sus vidas cerrar el abismo inmenso que existe entre la lealtad con la traición y el egoísmo.
Querido Miguel, vuela alto, estarás siempre presente en nuestros corazones, como lo expresan las estrofas de la canción imperecedera de Quilapayún: “Recordando al soldado valiente, cuyo ejemplo lo hiciera inmortal, enfrentemos primero a la muerte, traicionar a la patria jamás”.
-El autor, Enrique Villanueva Molina, fue expulsado de la Fach por oponerse al golpe de estado
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