20 de marzo de 2025
La alfombra roja del Festival de Málaga se teñirá hoy jueves del dorado de la arena saharaui. Javier Corcuera estrena Mariem, película que homenajea la figura de la cantante saharaui Mariem Hassan, fallecida en 2015. Esta cinta, que compite en la sección oficial de Mejor Cortometraje Documental, recoge uno de los últimos testimonios de quien fue bautizada como ‘la voz del Sáhara’ y supone un nuevo grito que rompe el silencio que Marruecos pretende imponer sobre este conflicto internacional.
El director peruano Javier Corcuera es un firme convencido de que el cine es un agente de cambio social. Por sí mismo no puede enderezar el rumbo de las múltiples derivas que asolan el planeta, pero sí juega un papel analéptico que desaturde del estado narcotizado en que se encuentra una parte de la sociedad. Así lo viene demostrando en cada una de sus producciones desde su debut con La espalda del mundo (2000), que entre otros le valió el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cine de San Sebastián, o con la cofundación de FiSahara (Festival Internacional de Cine del Sáhara).
Hoy será Málaga la que volverá a ver cómo el cine hace trizas la opacidad de Marruecos y sus cómplices –como el PSOE de Pedro Sánchez– al tratar de ocultar la ocupación ilegal del Sáhara Occidental y la brutal violación de derechos humanos que el régimen alauí lleva cometiendo durante medio siglo. Lo hará a través de los testimonios de Mariem Hassan, que ilustra la dedicación de toda una vida a una causa justa. La persona trascendió a la artista –en demasiadas ocasiones sucede lo opuesto-, haciéndose aún más grande si cabe, desquiciando con su canto al despiadado Mohamed VI.
El cine español siempre ha sido un aliado del pueblo saharaui, visibilizando en la gran pantalla las atrocidades cometidas por Marruecos. El invasor ilegal y su poderoso lobby han sido incapaces de detener este tsunami solidario que amplifica sus efectos estando presente en festivales, como el de Málaga, y obteniendo el reconocimiento del mundo del cine.
El género documental y, especialmente los cortometrajes, se han convertido en instrumentos sin igual para esta causa. En una deliciosa coincidencia, dos grandes olvidados o ninguneados –el corto y el Sáhara Occidental- se alían y se hacen fuertes, retumbando hoy desde Málaga para toda España. Ya sucedió hace 25 años con el Goya al Mejor Cortometraje Documental para Lalia, la película dirigida por Silvia Munt que abriría camino para que Álvaro Longoria y Javier Bardem recogieran en 2013 el Goya a Mejor Película Documental por Hijos de las Nubes, la última colonia.
La presencia del Sáhara en los Premios Goya se ha venido repitiendo en los últimos años, encontrando un fiel reflejo en los galardones que otorga FiSahara, organizado en los campamentos de población refugiada saharaui. Así sucedió con El Problema, inscrita a Mejor Película y Mejor Película Documental 2011.
2021 y 2022 vieron cómo entre las nominaciones a Mejor Cortometraje Documental se colaban Sólo son peces y Dajla, cine y olvido. Este mismo año, la premiada internacionalmente Pequeño Sáhara no consiguió pasar el filtro de inscripción a nominación, pero caló entre los académicos y académicas del mismo modo que en 2022 hiciera Mutha & The Death of Ham-Ma Fuku.
Definitivamente, Corcuera está en lo cierto: el cine sacude conciencias. La Escuela de Formación Audiovisual (EFA) Abidin Kaid Saleh, en pleno campamento de Bojador, nació con ese afán de cambio social que fue reconocido con el Premio Especial de Festival de Cine y Derechos Humanos de Donosti (2022) y, ese mismo año y junto al propio FiSahara que la creó, con el Premio González Sinde de la Academia de Cine.
Como ha sucedido con el documental 7291, que está haciendo sudar frío a Isabel Díaz Ayuso proyectándose por toda España y habiendo cosechado 1,3 millones de espectadores en su emisión de RTVE, cada película en torno al Sáhara Occidental acerca la realidad saharaui que otros quieren ocultar, comenzando por el actual Gobierno de España liderado por Pedro Sánchez. Y ello a pesar de las cortapisas de financiación con que se encuentra cada uno de estos proyectos, tal y como evidencian las dificultades por las que atraviesa el mismo FiSahara o el micromecenazgo puesto en marcha por la productora EntreFronteras para sacar adelante su documental sobre Aminetu Haidar, la ‘Gandhi saharaui’.
Sólo en lo que va de año, 15 españoles (periodistas, juristas, activistas, eurodiputados y eurodiputadas…) han sido expulsados del Sáhara Occidental sin que desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se haya movido un dedo. Bien lo sabemos en Público, cuando nuestro compañero José Carmona fue una de las personas intimidadas y expulsadas, algo que no impidió que revelara los abusos que está cometiendo Marruecos con la población saharaui.
Ni Pedro Sánchez ni el titular de Exteriores, José Manuel Albares, dan explicación alguna en el Congreso e, incluso, mienten a la opinión pública sobre sus gestiones cuando ciudadanos españoles son coaccionados y expulsados del Sáhara Occidental.
La realidad que se vive en la última colonia africana, cuya potencia administradora sigue siendo España, nos es devuelta a la gran pantalla gracias al cine. Ahí, en ese espacio y al igual que sucede con un puñado de periodistas comprometidos, la indecencia política no alcanza, no puede extender su inmundicia moral (y legal) y hurtarnos esa cruda realidad. Ahí, esa odiosa Realpolitik no impone su gusto por mercadear con los derechos humanos, como cuando el PSOE votó en contra de la proposición de ley para otorgar la nacionalidad española a los saharauis o Exteriores elude mencionar el Sáhara Occidental en su ‘Estrategia España-África 2025-2028’ para no molestar a Mohamed VI.
Quienes hoy se alteran en Europa por las pretensiones de Rusia y EEUU de firmar la paz en Ucrania validando la ocupación ilegal son los mismos que llevan medio siglo legitimando la invasión marroquí del Sáhara Occidental. Exactamente los mismos que se llevan las manos a la cabeza por los delirios de Donald Trump de convertir Gaza en un lugar vacacional son quienes ven con buenos ojos lo que Mohamed VI pretende hacer en Dajla con aerolíneas como Ryanair.
Por todo ello, películas como la que hoy estrena Corcuera en el Festival de Málaga son tan importantes, rebasando los límites del séptimo arte para tratar de reclutar a nuevos guionistas que reescriban el libreto de una realidad que no es justa, una realidad tóxica que se nos pretende imponer y silenciar. Igual que hoy se esparce la arena por la alfombra roja malagueña, que este cine revulsivo y su impacto se dispersen en un siroco imparable.
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