¿Puede Europa continuar la guerra por poderes contra Rusia sin el apoyo de Estados Unidos?
por Rainer Rupp (Alemania)
11 meses atrás 5 min lectura
13 de marzo de 2025
Rainer Rupp: La visión del Prof. Mearsheimer sobre Europa, la guerra en Ucrania y las relaciones entre EE.UU. y Rusia
10 de marzo de 2025, 14:18 horas
¿Puede Europa continuar la guerra por poderes contra Rusia sin el apoyo de Estados Unidos, dado el cambio radical en la política exterior estadounidense? ¿Requieren los esfuerzos de Trump por mejorar sustancialmente las relaciones con Rusia una degradación de los lazos con Europa? ¿Y cuáles son los objetivos de Rusia?
El profesor John Mearsheimer, un destacado politólogo y realista ofensivo, ofreció el 8 de marzo un análisis sobrio de estas dinámicas en una conversación difundida en YouTube con el profesor noruego Glenn Diesen y el geoestratega británico Alexander Mercuris. En su intervención, destacó los límites del poder europeo, las restricciones de las opciones de acción de Trump y las tres posiciones no negociables de Rusia.
Mearsheimer argumenta que Europa no está en condiciones de continuar la guerra por poderes contra Rusia por sí sola si Estados Unidos retira su apoyo militar y financiero. Señala que, incluso con los esfuerzos combinados de Estados Unidos, Europa y Ucrania, no se han podido detener los avances rusos, lo que hace improbable que Europa pueda compensar por sí misma la pérdida del apoyo estadounidense.
«Si no pudimos detener la apisonadora rusa con la colaboración de estadounidenses, europeos y ucranianos«, comenta, «es difícil imaginar cómo se puede eliminar a los estadounidenses de la ecuación y esperar que los europeos cubran el vacío«, afirma Mearsheimer.
Hace referencia al debilitado estado de las fuerzas armadas europeas, especialmente las británicas y francesas, que carecen de los recursos y la coordinación necesarios para ayudar eficazmente a Ucrania. Incluso con un aumento en el gasto de defensa, Mearsheimer sostiene que Europa tardaría años en proporcionar un apoyo tangible en el campo de batalla, lo que hace que cualquier intento independiente a corto plazo sea inviable.
Esta evaluación está ligada a la naturaleza fragmentada de Europa, que Mearsheimer considera un obstáculo crucial para la acción conjunta. Desestima la idea de Europa como una entidad coherente y la describe, en cambio, como «una colección de países» con intereses divergentes. Sin Estados Unidos, que históricamente ha resuelto los problemas de acción colectiva gracias a su poder dominante, los esfuerzos europeos se desmoronan. Señala las recientes reuniones en París y el Reino Unido, impulsadas principalmente por Francia, el Reino Unido y Ucrania —los llamados «tres mosqueteros»—, mientras que naciones como Polonia, Alemania e Italia dudan en aportar tropas o recursos. Esta falta de unidad, predice, aumentará con el tiempo y debilitará aún más la posición de Europa.
¿Se puede esperar una degradación de las relaciones entre EE.UU. y Europa.?
Respecto a la búsqueda de paz con Rusia por parte de Trump, Mearsheimer se pregunta si esto requerirá una degradación de las relaciones entre EE.UU. y Europa. Sugiere que el desprecio de Trump por Europa, ya evidente durante su primer mandato y reforzado por sus actuales objetivos políticos, podría llevar a un menor compromiso militar estadounidense en el continente.
Según Mearsheimer, el objetivo de Trump es «reducir significativamente, si no eliminar, el compromiso militar estadounidense en Europa», mientras busca mejorar las relaciones con Rusia. Sin embargo, el analista propone una alternativa estratégica: Trump podría persuadir a Europa para que apoye su iniciativa de paz ofreciendo mantener la OTAN y una presencia limitada de EE.UU. a cambio de la cooperación europea en presionar a Ucrania para que negocie.
Este enfoque, argumenta, cumpliría tanto con imperativos estratégicos como morales: poner fin a la guerra para salvar vidas ucranianas y evitar más pérdidas territoriales. Aunque duda que el apego emocional actual de Europa al conflicto permita una aceptación inmediata de esta racionalidad.
Sobre los objetivos de Rusia, Mearsheimer es claro:
Moscú busca maximizar sus ganancias mientras la correlación de fuerzas le sea favorable. Considera lógica la negativa rusa a un alto el fuego, ya que una pausa permitiría a Europa rearmar a Ucrania y socavar la ventaja rusa en el campo de batalla. «Los rusos han dejado claro que no aceptarán un alto el fuego», enfatiza, destacando su deseo de dictar los términos. Dado que Trump busca una solución rápida, Rusia tiene una ventaja.
En opinión de Mearsheimer, los rusos ven a EE.UU. como un «país salvaje e impredecible» propenso a cambios de política después de la presidencia de Trump. Predice que Rusia negociará con firmeza para asegurar el territorio ucraniano y garantizar que Kiev nunca se una a la OTAN, aprovechando esta «ventana de oportunidad» antes de que llegue al poder una posible administración estadounidense menos conciliadora.
Mearsheimer también considera las implicaciones más amplias para la OTAN y Occidente. De la OTAN, dice, solo quedará una «cáscara vacía» durante los cuatro años de Trump, con tropas estadounidenses reducidas y dudas sobre la fiabilidad del artículo 5. Sin embargo, no espera su colapso total en este período. Sugiere que, paradójicamente,
Rusia podría preferir una presencia estadounidense en Europa para estabilizar el continente y evitar pasos desestabilizadores, como una posible armamentización nuclear de Alemania. No obstante, advierte que la emocionalidad y el fracaso de las élites occidentales para adaptarse a los hechos —ejemplificado por su negativa a considerar los intereses de Rusia— amenazan con una mayor fragmentación, lo que socavaría su credibilidad interna y alimentaría el descontento populista en los países europeos.
En resumen, Mearsheimer pinta un panorama de Europa mal equipada para continuar la guerra en Ucrania por sí sola, de un Estados Unidos bajo Trump que prioriza las buenas relaciones con Rusia sobre sus lazos tradicionales con Europa, y de una Rusia decidida a explotar las divisiones occidentales para sus propios fines.
Todo esto aceleraría la fragmentación de Europa hacia la irrelevancia, a menos que se alcance un acuerdo pragmático entre Rusia y Estados Unidos que incluya constructivamente a los europeos. Pero Mearsheimer considera esto improbable, ya que las élites políticas dominantes en Europa están tan cegadas por su autocomplacencia ideologizada que son incapaces de tomar decisiones realistas. Es decir, sin un cambio en estas élites, Europa seguirá en un curso de autodestrucción.
Traducción del alemán al castellano realizada para piensaChile con DeepSeek
*Fuente: RT
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