Derechos Humanos: en la medida de lo posible
por Andres Vera Quiroz (Chile)
2 años atrás 4 min lectura
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09 de mayo de 2024
“El silencio en la cara de la justicia es complicidad con el opresor”
(Ginetta Sagan)
En estos días aciagos y grises de retroceso conservador y de impunidad, vale la pena rememorar el espíritu del salto infanto-juvenil del torniquete y las posteriores movilizaciones que provocaron la reacción errática, represiva y violenta del gobierno del presidente Piñera Echeñique (2018-2022) que desencadenara un segundo momento en las movilizaciones populares, con una espiral de violencia y la imposición del Estado de emergencia.
Los retos siguen coexistiendo cuando aún no se superan el trauma de las violaciones a los DDHH acontecidas durante la dictadura. Y, uno de esos, es que los DDHH no sea palabra de discurso populista y etéreo sino un compromiso concreto y real de acción y con movilización
El proceso iniciado el viernes 18 de octubre ocasiona un resultado masivo y sistemático de violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del Estado, en su mayoría Carabineros de Chile. No tan solo son Gustavo Gatica o Fabiola Campillai. Lo son también Mauricio Fredes Fredes, Cristián Valdebenito Valdebenito, Abel Acuña Leal, Jorge Mora Herrera, Mario Acuña Martínez, Geraldine Alvarado Parra por señalar a algunos en que el accionar policial les causó la muerte, heridas y/o traumas que no han tenido una sana restitución.
No obstante, en estos nuevos tiempos grises ha aparecido con fuerza el paradigma de la “medida de lo posible”, expresión de lugar común que resignifica la primacía del realismo político, evitando la ideologización y la respuesta a quien la esgrime. Desde la post pandemia, hemos transitado desde Plaza Dignidad a Plaza Resignación como un efecto perturbador y traumático de la derrota social derivado por los consensos neoliberales y del continuismo de administraciones anteriores.
¿Dónde habita la responsabilidad, la culpa o la falta de disposición a reflexionar interpretando a Jaspers? Posiblemente, dichas derivadas radican en los puntos que no se han resueltos, a saber:
1. Una justicia y una reparación en la medida de lo posible. Tanto para los delitos bajo la dictadura cívico-militar como en el contexto de la revuelta popular. Como una reparación integral que se traduce en pensiones de gracias según ciertos requisitos y acreditaciones.
2. Una revisión de planes y programas, desde la socio educación a las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, en sus procedimientos y protocolos de actuación, trato y manejo con respeto y dignidad a la población civil. La normalización y naturalización de la violencia. Específicamente, administrada y aplicada bajo el concepto de “control de orden público”. Por ejemplo, sin cumplir la promesa de refundación a Carabineros de Chile y con la permanente certificación al general director.
3. El escaso debate de las memorias, tan enraizadas en el pasado como si fuera un tiempo inerte a modo de museo. Qué olvidamos que la historia y la impunidad han ido avanzando en tiempos y espacios. Una memoria certificada en el dolor, en el daño y la derrota que en las resistencias. Al mismo tiempo, sin financiamiento estatal y concursando a los mismos.
4. La lucha de las otrora organismos y organizaciones de Derechos Humanos y su campo de actuación reducido y estancado en el pasado, burocratizando su accionar y dando cumplimiento a la institucionalidad estatal. Diletante, sin acompañamiento a las luchas populares, ni contenidos, ni propuestas inclusivas.
5. Con una conmemoración de los 50 años restringida y líquida, sin debate de contenidos ni enseñanzas ni menos aprendizajes para seguir levantando un ethos nacional a futuro.
A partir de lo anterior, se confirma que la profunda crisis que detono en octubre del 2019, es la continuidad de la derrota de los Derechos Humanos: el negacionismo, la impunidad, la paquización social y la justicia militar han ido alineando y ganando terreno en una institucionalidad vacilante y sin legitimidad.
Los retos siguen coexistiendo cuando aún no se superan el trauma de las violaciones a los Derechos Humanos acontecidas durante los tiempos de la dictadura civil-militar. Y, uno de esos, es que los DDHH no sea palabra de discurso populista y etéreo sino un compromiso concreto y real de acción y con movilización.
*Fuente: ElQuintoPoder
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