El Estado infanticida de Israel sigue asesinando niños palestinos
por Dr. Tito Tricot (Valparaíso, Chile)
2 años atrás 5 min lectura
06 de marzo de 2024
Cuando uno piensa que se han agotado las lágrimas y el asombro por la barbarie cometida por el Estado de Israel contra el pueblo palestino, este asesina sin misericordia a un centenar de palestinos que simplemente querían comer. La inhumanidad del Estado terrorista israelí hiere el corazón y marchita el tiempo, tanto así que, aunque parezca increíble, hace ya 10 años, escribí acerca de Gaza, el racismo, la ocupación, la limpieza étnica. Poco o nada ha cambiado en esta década o en los últimos 75 años cuando en 1948 las Naciones Unidas –artificial y arbitrariamente– crearon el Estado de Israel, comenzando este último la ocupación y la colonización del territorio palestino.
Por lo mismo, escribí, hace ya 10 años, exactamente lo mismo que podríamos hilvanar hoy: las mismas palabras, pero aun con mayor angustia, tan solo trocando cifras, mas manteniendo dolores y, por supuesto, el sempiterno coraje de la resistencia palestina. Es que en otros tiempos, una noche de dictadura, desperté de improviso, jadeante desperté, en el instante justo para ver desaparecer por el umbral de la puerta la sombra de la muerte. Creo que llevaba un violín a cuestas mientras me miraba con unos ojos lacerantes, tan oscuros eran que me perforaron de miedo el cráneo. Es que la muerte puede llegar en cualquier momento, de día o de noche, con violín o levita, de fiesta o de mal humor. Pero llega.
Lo injusto es que les llegue del cielo a los niños palestinos que ni siquiera han tenido tiempo de jugar; que se consuman entre llamas candentes antes de haber conocido la ternura del amor. Lo injusto es que se les haya incrustado un país en su país, un extraño en su tierra, un balazo en la frente, una cadena en sus manitas de ángel para que no vuelen. Lo injusto es que se les desplace y hacine en campamentos por décadas para crear asentamientos colonizadores y profundamente racistas.
Todo para que a la muerte le sea más fácil deslizarse por entre las grietas del desierto para continuar su derrotero de exterminio.
Porque de eso se trata, de devastar todo lo devastable, destruir todo lo destruible. Desde pequeños hay que asesinar a los palestinos: atemorizarlos, aterrarlos, invalidarlos, anularlos, mutilarlos, da lo mismo cómo, dónde y con qué. No hay ninguna, pero ninguna diferencia entre el primer ministro Netanyahu y Hitler. Después de todo tienen todo el apoyo de Estados Unidos que sustenta política y económicamente a Israel. 4 mil millones anuales otorga EE. UU al Estado sionista y quizás cuántos miles de millones más en cifras encubiertas. Además, por cierto, de haber transformado a ese país en la égida de la política imperialista en el medio oriente, el vórtice de la geopolítica, un poder, ya no en las sombras, sino que de manera ostensible. Por ello es que Israel mata sin vergüenza, sin asco, a vista de todos, porque es hijo de puta de Estados Unidos y de la industria armamentista. Estados Unidos requiere de las guerras para superar sus crisis económicas. 800 mil millones de dólares destina a financiar guerras ajenas
Mientras tanto la muerte sigue cayendo a borbotones de fuego, a ramalazos de esquirlas, sobre escuelas, casas, edificios, hospitales, calles, carpas, playas, esquinas. Al menos 370 escuelas han sido dañadas o destruidas; 94 hospitales y centros de salud han sido atacados. Más de 100 funcionarios de las Naciones Unidas y organismos humanitarios han sido asesinados.
La muerte cierne su sombra como remedo de guerra, pero no hay guerra, sino que lisa y llanamente una matanza de un ejército armado hasta los dientes contra una población civil. Hay resistencia, como ha habido siempre, pues el pueblo palestino es valiente, pero señalar que hay guerra y que el Estado israelí se está defendiendo ante ataques terroristas no sólo es una falacia sino que un argumento absurdo e insólito. Es el argumento de los cobardes a quienes les aterra la sonrisa de los niños, los mismos que miran perplejos aquel muro de concreto de 721 kilómetros de extensión construidos por los israelís para mantener la pureza de su raza ¿No es lo mismo que buscaron hacer los nazis con ellos?
¿No son increíbles los misterios de la historia? Por supuesto que el Estado sionista de Israel no utiliza conceptos como raza o limpieza étnica, sino que más bien términos como: seguridad, defensa ante el terrorismo u otros eufemismos que, desafortunadamente para ellos, no logran ocultar la masacre de niños y adultos por igual en esta nueva ofensiva armada. En el intertanto, la comunidad internacional –particularmente las Naciones Unidades– demuestran su ineficiencia e indiferencia para detener la catástrofe humanitaria provocada por Israel y Estados Unidos: la falta de alimentos, suministro de agua, electricidad, combustible, entre otros. Y, por supuesto, el desplazamiento de más de 2 millones de gazatíes, así como el asesinato de 30 mil palestinos y 60 mil heridos ¿Cuántos más habrá bajo los escombros? Familias completas masacradas mientras los cobardes soldados israelís se ríen de los más de 1.000 niños y niñas palestinas que han perdido una o ambas piernas o de los 100 niños y niñas en promedio que mueren diariamente. Israel es un Estado infanticida.
Una noche de dictadura desperté de improviso, jadeante desperté, en el instante justo para ver desaparecer por el umbral de la puerta la sombra de la muerte. Es que la muerte puede llegar en cualquier momento.
Lo injusto es que les llegue del cielo a los niños palestinos que ni siquiera han tenido tiempo de jugar. Pero desafiantes y orgullosos, ellos, los ocupantes israelies, dicen, a quien quiera escucharlos, que ellos jamás se irán, porque esa es su tierra. Los cobardes soldados israelís entrenados para matar jamás comprenderán eso.
-El autor, Dr. Tito Tricot, es Sociólogo, Director del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe-CEALC
Valparaíso, 5 febrero 2024 (originalmente, 2 Agosto 2014)
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