Decenas de pobladores mueren por gigantesco incendio en Quinta Región
por Gustavo Burgos (Chile)
3 años atrás 5 min lectura
04 de enero de 2024
Pavoroso incendio de Viña del Mar acaba con la vida de decenas de pobladores, entre ellos la del revolucionario Gustavo Zepeda
En Viña del Mar y el Gran Valparaíso —mientras se escriben estas líneas— cerca de 5000 viviendas han sido arrasadas por un incendio que concentra a lo menos 37 focos, ocasionando hasta este momento 46 fallecidos. Se trata de una hecho de enorme magnitud que ha motivado la declaración de Estado de Constitucional de Catástrofe. Las inusuales temperaturas superiores a 30 grados en un verano que había sido bastante frío, la tempestad de viento que superó los treinta nudos y una humedad de no más de 25% se conjugaron para desatar un incendio de características infernales en el centro geográfico del Gran Valparaíso.
Pero los hechos de la naturaleza, aún cuando se trate de un acto de origen intencional —no lo sabemos— no actúan en abstracto en el medio social. Cada clase social lo experimentará según su propia ubicación en la estructura productiva. Para los grandes capitalistas, aunque el hecho transitoriamente importe una alteración de sus negocios, a la postre abrirá espacio a nuevos negocios. Los terrenos arrasados por el fuego podrán ser objeto de especulación inmobiliaria, de clasificadoras de riesgo, permitir la construcción de carreteras o explotación minera y habilitar sustento político a la intervención militar en el control del orden público, como quedó demostrado en el veloz Toque de Queda que en estos momentos afecta a las comunas de Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, por ahora. El propio Gobierno de los capitalistas y sus políticos podrán mostrarse acarreando agua, hablando frenéticos por celular y escuchando «en terreno» a los afectados, cuestión que les permitirá remontar aunque sea temporalmente en las encuestas.
Sin embargo, para las amplias capas populares el hecho no tendrá sino el significado de pérdida, dolor y miseria. Miles en estos momentos buscan a sus familiares sin siquiera tener la posibilidad de regresar al lugar en el que estuvieron sus viviendas. Miles que vivían en campamentos no solo lo perdieron todo, sino que hasta la posibilidad de poder reconstruir lo propio. Los haitianos de Limonares cuyo campamento irregular fue arrasado por el fuego, como otros inmigrantes, se verán expuestos adicionalmente a ser expulsados del país. Para la inmensa mayoría trabajadora impactada por este feroz incendio se trata de la pérdida material de toda una vida de esfuerzo, de todo un complejo de relaciones sociales, del trabajo y hasta de la propia vida.
Escribo esta nota motivado en primer lugar por esta catástrofe social, pero también por un hecho particular que creo resume todo lo anteriormente expuesto. En una modesta vivienda de El Olivar murió calcinado Gustavo Zepeda Cañete, de 70 años, militante de la causa revolucionaria, ex MIR y luego muy cercano a ala frentista del PC. Quiero detenerme en su figura porque corporeíza no solo lo mejor de su generación, sino que también su tragedia.
Gustavo Zepeda estudiante en ese entonces del Pedagógico, fue detenido a fines de 1983 junto a Patricia Navarro, quien fuera su pareja y madre de sus dos hijos. La acción en la que cayó formaba parte de un operativo de identificación, búsqueda y exterminio de militantes del llamado Frente Cero, antecedente del FPMR. Aquella noche cerca de una veintena de jóvenes estudiantes de universitarios fueron secuestrados de tres residencias universitarias ubicadas en Playa Ancha y llevados al cuartel secreto de detención y tortura de la Central Nacional de Informaciones (CNI) ubicado en calle La Habana en Viña del Mar.
El sorprendente movimiento de protesta alentó la valiente acción de un grupo de abogados encabezados por Fanor Castillo, María de la Luz Salas y Juana Cuadrado, a ello se sumó la determinación del entonces Juez del Crimen de Viña del Mar, Haroldo Brito (hoy Ministro de la Corte Suprema) quien enfrentó al jefe de la CNI porteña, Carlos Herrera Jiménez (hoy recluido en Punta Peuco). El accionar finalmente logró la liberación de los secuestrados constituyendo un hito de la lucha popular. Pocos días después, en la sureña Concepción, un padre desesperado Sebastián Acevedo se prendería fuego exigiendo el regreso con vida de sus dos hijos secuestrados.
Estas acciones de resistencia, enmarcadas en el generalizado levantamiento popular en contra de la Dictadura de Pinochet de 1983, permitieron no solo la democratización de las organizaciones estudiantiles y el desarrollo de una prensa opositora, sino que adicionalmente permitieron perfilar el terreno en el que podría ser derrotada la Dictadura: el terreno de la movilización y la lucha popular. De este proceso fue protagonista el compañero Gustavo Zepeda.
Gustavo reivindicaba la tradición revolucionaria de la izquierda chilena y como tal militó en dichas corrientes. El MIR fue su principal referencia. En los 2000 ingresó a estudiar Derecho en la Universidad de Valparaíso en la que destacó por su activismo y disposición al debate y a la formación política. Muchos abogados jóvenes le recuerdan como un maestro, un hombre sencillo y firme que sostenía la necesidad de «perseverar en el combate y de seguir empujando el carro de la revolución». Junto a otros sobrevivientes llevaba adelante, desde hace cinco años, en la Corte de Apelaciones de Valparaíso una querella penal en contra los responsables de secuestros y apremios ilegitimos, unos 30 individuos plenamente identificados por la Brigada de Derechos Humanos de la PDI. Aún sin respuesta al día de su fallecimiento.
El incendio a estas hora sigue arrasando con las poblaciones en el sector alto de Viña del Mar. Lo hace de forma implacable. Miles de viviendas, decenas de vidas arrasadas, entre ellas la Gustavo Zepeda, un hombre que no podría haber tenido una suerte distinta a la del pueblo en cuyas filas y en cuyos anhelos agitó toda su existencia. Hemos de recordarlo redoblando la lucha de la que fue protagonista, puño en alto.
*Fuente: ElPorteño
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