Análisis y aprendizaje del Plebiscito Constituyente en Chile
por Pablo F. Iturralde B. (Ecuador)
4 años atrás 7 min lectura
08 de septiembre de 2022
Ante la múltiples y diversas explicaciones ante la derrota del apruebo en Chile, creo que es muy importante no caer en enfoques reduccionistas para tratar de explicar un entramado muy complejo, en la que han jugado y juegan múltiples factores y contextos, tanto nacionales como regionales e internacionales. Además,
desde una perspectiva para comprender qué realmente pasó, es equivocada la salida fácil que evade responsabilidades al señalar y culpar al propio pueblo por las derrotas. En un ejercicio de crítica y autocrítica revolucionarias, en cambio es esencial analizar las interacciones entre los campos en disputa, para entender de mejor manera los avatares de la lucha política.
No es verdad que Chile sea un pueblo «derechoso», arribista, neoliberal y pinochetista… Si así fuera, no se hubieran producido importantísimas victorias en los últimos 3 años, como el estallido social del 2019, la victoria del plebiscito que rechazó la constitución de Pinochet y aprobó la elaboración de una nueva con casi el 80% de los votos, o el triunfo de las fuerzas populares o la izquierda en la elección de los representantes a la convención constituyente y el triunfo de Boric por la presidencia de la República…
Para explicar la derrota hago uso del concepto gramsciano de hegemonía. La construcción de hegemonía en nuestras sociedades capitalistas productoras de desigualdad, es una tarea permanente, no sólo es algo que se puede construir en un momento y pensar que con esa inercia podemos ganar todas las batallas del futuro. El estallido social de octubre a diciembre de 2019, permitió cambiar la correlación de fuerzas y construir una nueva mayoría social en Chile, que se refrendó en la voluntad del soberano para eliminar la constitución de Pinochet y construir una nueva como resultado de un nuevo contrato social entre los diversos sectores y actores de la sociedad chilena. Justo ese nuevo contrato social no se logró construir, por tanto hay que preguntarse, ¿qué pasó con las fuerzas populares y de izquierda para que no logren construir esa mayoría y sean derrotados de manera tan concluyente por el rechazo, conducido por sectores socialdemócratas y la derecha chilena, incluyendo los escuálidos grupos pinochetistas?
Expongo algunos elementos que con certeza no agotan todas las aristas, pero que contribuyen a una mejor comprensión de la derrota, en función de aprender para nuestros procesos de transformación y dar cuenta del nuevo momento que se abre para Chile y América Latina:
1. Los resultados evidencian que el contenido de la nueva constitución y la forma cómo se la formuló no lograron convencer a la mayoría. Esto implica que varios temas del texto constitucional, que de acuerdo al debate público están relacionados con la plurinacionalidad, los derechos sexuales y reproductivos o la economía, no calaron en la mayoría, y fueron hábilmente manipulados para debilitar el apruebo.
2. Por otra parte, en el proceso de elaboración de los textos constitucionales no se diálogo suficientemente, ni se construyeron consensos idóneos, y no me refiero a dialogar con la derecha, que también hay que hacerlo, sino al diálogo estratégico con las clases populares y medias, así como con sectores políticos progresistas y socialdemócratas. No hubo un adecuado proceso de participación de la ciudadanía y de construcción de alianzas políticas e ideológicas en la formulación de los textos y artículos de la nueva constitución.
3. Además, una retórica «radical» de no pocos constituyentes, que asumieron una disputa infantil de quienes son más de «izquierda», priorizaron planteamientos ortodoxos y dogmáticos, cayendo en lo que Lenin llamaba la enfermedad infantil del «izquierdismo», lo que también fue utilizado por la derecha para alimentar el miedo de amplios sectores de la población.
4. Los escándalos al interior de la convención y a lo largo de todo el proceso constituyente que desgastaron el proceso constituyente y que igualmente fueron maximizados por la campaña de la derecha, como los casos del «personaje» que mintió haber tenido cáncer para ser elegido como constituyente, o el de quien votó mientras se estaba bañando, entre otros.
5. Un factor muy importante, es el rápido desgaste y debilidad política del gobierno de Boric, resultado de una gestión gubernamental anodina en sus primeros meses de gestión, que parece alejarse de los cambios anhelados por amplios sectores populares (Oswaldo G. decía comparemos los cambios acelerados que impulsa Petro con lo poco o nada realizado por Boric). También jugó en contra la dispersión y confrontación entre las fuerzas de izquierda, por ejemplo las críticas descalificadoras de Ominami hacia Boric.
6. Falta de conciencia de la evolución de la dialéctica de la lucha política. Desde las elecciones de diputados y del senado en noviembre del 2021, venía operando un progresivo cambio en la correlación de fuerzas en Chile, puesto que de una aplastante mayoría por el cambio y las alternativas populares y de izquierda en los años 2019-2020, se pasó al prácticamente al empate de las fuerzas de izquierda y de derecha en las elecciones parlamentarias del año pasado. El campo popular no pudo revertir esta tendencia favorable a la derecha.
7. Así mismo, la derecha logró activar los elementos más reaccionarios en la conciencia de la sociedad chilena, mientras la izquierda no generó expectativas de cambio ni ilusiones movilizadoras. Es verdad que la derecha lo hizo en base a una estrategia de mentiras y exacerbación de los miedos, utilizando fake news, y manipulando elementos del «patriotismo», pero eso siempre lo ha hecho. Incluso ahora impulsó el rechazo a la campaña de desinformación sobre el supuesto cambio de la bandera, el himno nacional y otros elementos de la identidad nacional. En definitiva se trata del triunfo de la estrategia comunicacional de la derecha por sobre la de las fuerzas progresistas, si es que realmente la tuvo, puesto que los actores populares aparecieron bastante dispersos en sus mensajes y semiótica, sin elementos que sedujerán al electorado, tal como paso en la campaña de la RC y AA el 2021 en Ecuador.
8. Conscientemente dejé para el final, lo referente a la correlación de fuerzas mediáticas entre las élites económicas y políticas de derecha, y el campo popular, de la que habla Pablo Iglesias en un artículo de balance. Lo hice porque si bien es un factor que también debe considerarse, no es el principal, puesto que como hemos recordado en la historia reciente de Chile, con esa misma correlación mediática, las fuerzas populares y de izquierda igual lograron múltiples victorias políticas en los años recientes.
En base a lo expuesto, constatando los resultados contundentes, 62% al rechazo y 38% del apruebo, y aunque efectivamente exista una voluntad mayoritaria en Chile para elaborar una constitución diferente a la de Pinochet, como lo han expresado diversos sectores del rechazo, del apruebo y el mismo Boric, la correlación de fuerzas cambió a favor de la derecha, y esta situación va a marcar lo que pase en adelante en el proceso constituyente. Por ejemplo, si se elije nuevamente a los miembros de la convención, con mucha probabilidad las fuerzas van a estar más empatadas, no se va a volver a producir la mayoría calificada del 75% de las fuerzas populares y de izquierda, para elaborar a voluntad los textos constituyentes, y se verán obligados a negociar en condiciones mucho más complicadas con la socialdemocracia y hasta con la derecha para establecer textos de «consenso»…
De igual manera, los resultados del plebiscito en Chile van a «envalentonar» a la derecha en América Latina, y puede tener repercusiones en los procesos electorales de Brasil en octubre de este año, así como en Ecuador y Argentina el 2023.
Frente a todo lo dicho, el desafío es completamente evidente en los diferentes países latinoamericanos, se requiere reconstruir una hegemonía nacional-popular, y tratar de volver a ser mayoría social, trabajando, dialogando, organizando, luchando y acompañando a los sectores sociales golpeados por el neoliberalismo, y se debe reconstruir, reinventar los proyectos transformadores en base a la unidad de las organizaciones populares y de izquierda y a amplios procesos de unidad alrededor de un programa alternativo al neoliberalismo. Lamentablemente, al momento, esto no necesariamente se está haciendo o no se hace adecuadamente en países como el nuestro…
-El autor, Pablo F. Iturralde B., es Coordinador ANC Ecuador
*Fuente: PaisRadicalEcuador
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