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Alemania: ¿»Tiranía de los no vacunados»? 

Alemania: ¿»Tiranía de los no vacunados»?
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8 nov. 2021 21:06

¿ «Tiranía «?. Se debe buscar en otra parte: Una réplica a Montgomery

Frank Ulrich Montgomery, presidente durante mucho tiempo del Marburger Bund y actual presidente de la Asociación Médica Mundial, no sólo se pronunció con vehemencia a favor de la vacunación obligatoria en las profesiones sanitarias en un programa de entrevistas, sino que habló de una «tiranía de los no vacunados«.

Estimado Sr. Montgomery,

En primer lugar: me resulta cómodo poder escribirle a usted y no tener que enfrentarlo en persona; eso me ahorra tener que buscar el puñal escondido en su ropa. Después de todo, usted, como millones de otras personas, me ha declarado recientemente una tirana.

Tengo claro, por supuesto, que su metedura de pata verbal no es del todo culpa suya. Al fin y al cabo, toda la tertulia en que participaba estaba compuesta de tal manera que los participantes se pudieron potenciarse mutuamente, subiendo las exigencias cada vez a niveles más extremos. Y usted, por supuesto, como funcionario capacitado de una asociación, cumplió. Al fin y al cabo, mantenerse en los titulares es la mitad del negocio en su profesión. Y también tengo claro que durante toda su vida profesional fue usted principalmente un funcionario y sólo una cuarta parte de su tiempo un médico, y además radiólogo en una clínica; es decir, que no necesitaba ninguna empatía destacada para llevar a cabo su trabajo.

También puede atribuirse el mérito de haber dividido la plantilla del hospital, cuando era presidente del Marburger Bund, al retirarse de la negociación colectiva conjunta con Verdi, lo que dio a los médicos un aumento de sueldo decente, pero empeoró la capacidad de reivindicación del personal de enfermería, y ni hablar de las trabajadoras de la limpieza. Es de suponer que usted también está personalmente convencido de que un médico es algo superior, de lo contrario no se habría empeñado en esa división.

Pero bueno, son cosas del pasado. Antes de pasar a lo personal, sólo una pequeña pregunta más: ¿realmente ya no tiene ningún contacto con las ‘infantería’ en los hospitales? Usted también pidió la vacunación obligatoria para todo el personal sanitario. ¿Nadie le ha dicho que ésta es la forma más rápida de agravar la crisis de la atención en la emergencia sanitaria? Conozco a algunas personas que trabajan en enfermería; hay algunas que se han vacunado, pero no se presentarán a una tercera, cuarta, quinta vacunación, y hay algunas que no se han vacunado y reaccionarán a la vacunación obligatoria exactamente de una manera: convirtiendo en vacaciones sus abundantes horas extras acumuladas y luego renunciarán. Así es: se irán. Esto es exactamente lo que ha sucedido en otros países que han jugado esa carta; el ministro de salud canadiense acaba de tener que retirar muy dócilmente la exigencia de vacunación porque, de lo contrario, las clínicas habrían colapsado.

Claro, usted no puede saber todo. Y básicamente, mi punto ahora es responder a esta desfachatez: a la acusación de tiranía – que ciertamente no hizo creyendo que eso motivaría ahora a la gente a vacunarse. No sé cómo motivó a los demás, durante su carrera funcionaria, para que hicieran lo que usted quería, pero supongo que los insultos y la difamación pública no fueron uno de sus métodos. Para saber que eso no funciona, su experiencia práctica debería ser suficiente, no hace falta ser psicólogo para ello.

Curiosamente, el Ministerio Federal de Salud tiene la solución en su propia página web, en esta encuesta de personas no vacunadas que encargó. Si uno lee la encuesta  y no solamente el patético y demagógico resumen que Forsa escribió sobre ella, queda claro como un cristal, que la mitad de los no vacunados se dejaría vacunar si hubiera otra vacuna. Si hubiera hecho campaña a favor de esto, habría tenido sentido e incluso podría, gracias a su carrera como funcionario, haber marcado la diferencia. Al contrario del clamor que usted y sus compañeros interlocutores levantaron.

Desde luego, no soy la única que dice que la falta de información no es la razón por la que no quiero tener nada que ver con las vacunas que se ofrecen en este país. Ya leí los primeros análisis genéticos del patógeno COVID-19 cuando todavía se declaraba aquí que era un problema chino. Desde entonces he leído muchos otros estudios; afortunadamente mis conocimientos generales son lo suficientemente amplios como para poder entenderlos. Entre ellos, por cierto, se encontraban los estudios de experimentación animal con vacunas de ARNm, antes de que apareciera la vacuna de BioNTech. Y aquí ya llegamos a un efecto secundario que por sí solo es suficiente para alejarme de él: Los ensayos con animales revelaron que estas vacunas pueden desencadenar enfermedades autoinmunes.

Estúpidamente, ya tenía/tengo dos enfermedades autoinmunes, el hipertiroidismo, que me llevó diez años enteros, y la psoriasis. Ninguno de los dos me resultó tan placentero como para valorar añadirlo a la colección.

Un pariente cercano, por cierto, fue vacunado. Posteriormente desarrolló un cáncer de crecimiento extremadamente rápido, contra el que está luchando actualmente. Y el hecho de que en el historial familiar conocido, en las últimas cuatro generaciones por ambas partes, no haya ni un solo caso de cáncer antes de los 70 años, y sólo dos de ellos, refuerza la impresión de que se trata de un hecho inusual.

Sin embargo, si uno mira más allá de los medios de comunicación principales, hay informes sobre el crecimiento acelerado de tumores como resultado de la vacunación, y es precisamente esta característica sobresaliente de crecimiento extremadamente rápido lo que me lleva a temer un efecto secundario de la vacunación en este caso. Esto sólo podría aclararse mediante investigaciones adecuadas; pero no es una posibilidad descartada por la literatura existente, sino todo lo contrario.

Como muchos otros, también tendría dudas sobre si las vacunas más «clásicas» que aún no han sido aprobadas en nuestro país tendrían un efecto duradero (dudas que, por cierto, ya estaban en el aire a principios de 2020, basadas en que hasta entonces no se conocía ninguna vacuna que pudiera causar inmunidad durante más de seis meses con los coronavirus), pero no tendría que temer los efectos secundarios que, en mi opinión, me impiden fundadamente vacunarme. Y ciertamente no soy la única que ya ha pensado en cómo conseguir estas vacunas; sin embargo, no sólo la vacuna no está aprobada, sino que la vacunación en otros lugares tampoco está reconocida.

Pero usted parece estar firmemente convencido de que las personas no vacunadas sólo evitamos la administración de estas gloriosas vacunas para hacerle la vida más difícil a usted y a otras personas vacunadas, porque usted ni puede enfermarse ni transmitir la enfermedad y, por lo tanto, ya no habría problema sin personas como yo.

Lo que me lleva inmediatamente a preguntarme si usted siquiera lee la lista de distribución de la prensa, que seguro que usted recibe como alto cargo de la asociación. Porque por un lado estaba este informe de la Oficina Federal de Auditoría, que señalaba claramente que nunca ha habido una sobrecarga de las unidades de cuidados intensivos, y por otro lado ha habido bastantes informes sobre la reducción de camas de cuidados intensivos. Y usted, como funcionario de una asociación que trata constantemente con direcciones de hospitales orientadas a la gestión empresarial, también debe haber oído que el objetivo de ocupación de la gestión empresarial es del 80% más x, pero a ser posible no menos que eso. Por eso, cuando se citan tasas de ocupación de esta magnitud para hablar de “saturación en las clínicas”, ambos sabemos muy bien que eso es un show. Y lo de que no hay suficiente personal de enfermería… bueno, tal vez pueda hacer un examen de conciencia y considerar hasta qué punto eso es un efecto secundario de su vieja maniobra de dar a los médicos mejores condiciones, dejando al resto del personal abandonado. Si el personal de enfermería pudiera hacer valer sus intereses junto con los médicos, como en el pasado, las condiciones de trabajo y el salario serían mejores; entonces la escasez de personal no sería tan grave como lo es hoy. Pero esa es su responsabilidad, muy personal, y desde luego no la mía, sólo porque no me vacune.

Tampoco puede acusarme de ser fundamentalmente antivacunas. Me vacuné dos veces contra la fiebre amarilla antes de viajar a los trópicos; antes de las vacunas corona, ésta, contra la fiebre amarilla, era la vacuna con los efectos secundarios más graves. Sin embargo, una de cada tres personas enfermas de fiebre amarilla muere (33%). Por cierto, el paludismo tropical, contra el que todavía no hay vacuna, tiene una tasa de mortalidad del 20%. Sólo como referencia, lo que en otras partes del mundo tienen que lidiar y lo que es una enfermedad realmente mortal. En el caso de la leptospirosis, una infección tropical que se transmite a través de la orina de las ratas, también es del 20%. En el caso del Chagas, una enfermedad transmitida por las picaduras de insectos, llega al 90%. He estado en zonas donde se ofrece todo esto. Por ello una tasa de mortalidad del uno por ciento de los infectados no es algo que me asuste.

En general, todo lo que se distribuye por el gobierno, y también por usted, como información sería más creíble si los datos en los que se basan las decisiones fueran un poco más fiables. Ya habíamos tocado este tema, con las camas de cuidados intensivos; pero también se trata de la incidencia. Ya habíamos tocado este tema, con las camas de cuidados intensivos; pero también se trata de la incidencia. Ahora la pregunta es un misterio: si fuera posible, sin esfuerzo ni costes adicionales, dar a muchas personas quitarles la duda sobre los números, estableciendo un umbral para los ciclos reproductivos en las pruebas de PCR, de modo que se determine realmente quién es infeccioso y quién no, ¿por qué no se ha hecho eso en 18 meses? ¿Por qué, en cambio, se imponen medidas que disparan los costes sólo por los controles necesarios, por no hablar de los daños psicológicos derivados de obligar a los niños a llevar máscaras y similares? Este es ya el segundo punto en el que la simple presión ocupa el lugar de una solución sencilla, racional, sin conflictos y barata, además de la liberación de más vacunas.

Desgraciadamente Wikipedia no me dice nada sobre si usted tiene hijos. El hecho de que le haya parecido estupendo hacer que los no vacunados se paguen ellos mismos las pruebas, en realidad sugiere que no tiene hijos. Si quiere que los niños hagan una determinada cosa, pero sus argumentos no son convincentes, no ganará nada reprendiéndoles con dureza, castigándoles después y añadiendo otra ronda de abusos. A no ser, claro, que sus hijos no tengan ningún tipo de autoestima. De lo contrario, se sorprenderá al comprobar que logra todo lo contrario.

Desde hace meses, no me queda más remedio que escuchar estas burlas, procedentes de la boca de personal político que, por regla general, debería estar mucho peor informado que yo. Egoístas, flojos, estúpidos, insolidarios… Ante lo cual generalmente me he encogido de hombros, en el mejor de los casos, irritada por la falta de lógica que caracteriza todo el planteamiento, y algo molesta por la dirección que tomó toda la argumentación, lo que despertó asociaciones muy desagradables. Al fin y al cabo, señor Montgomery, no estamos hablando del ébola (con una tasa de mortalidad del 50% entre los enfermos), sino del 1% que usted mismo ha mencionado. De los enfermos, eso sí, no de los que sólo dan positivo. Y estamos en un punto diferente, en términos de opciones de tratamiento de lo que estábamos hace más de un año; estaríamos incluso más avanzados si toda la investigación seria en este país no se hubiera detenido en favor de la vacunación, que inicialmente fue aclamada como permanentemente eficaz; incluso los intentos de obtener conocimientos estadísticos no se están llevando a cabo. No pueden tener lugar mientras la base de datos sea la que es.

Pero ya está bueno que terminemos. La jauría de llorones histéricos ya ha arruinado mi vida cotidiana, me ha obligado a ponerme una máscara en la cara y me ha quitado derechos políticos básicos. Ni una sola de estas medidas creció en mi estiércol o fue decidida por mí. Si se quiere localizar la tiranía, tiene que buscar en otra parte.

Pero usted, señor Montgomery, fue incluso premiado en su día por promover el debate sobre la implicación de los médicos en el fascismo nazi. Ciertamente, no estoy diciendo nada nuevo cuando digo que fue profundo y de gran alcance. Si ahora usted acusa de tiranía a un grupo de la población que ya ha sido tildado de vago, estúpido, antisocial e insolidario, y cuya representación mediática, como en el caso de Kimmich (NdT: joven futbolista alemán que ha evitado vacunarse y se examina cada dos días. Ha sido acusado de ‘mal ejemplo’ para la juventud alemana), que está a un pelo de llamarlo ‘peste de la sanidad pública’, lo que no puede interpretarse de otra manera que como un llamamiento a que los vacunados se levanten contra los no vacunados, entonces, si usted ha mirado realmente en el pasado de la medicina alemana, debería ahora estremecerse al mirarse al espejo.

Si ahora cree que tiene que argumentar conmigo que vacunarse o no es, en última instancia, una cuestión de elección y, por tanto, no es comparable a con las persecuciones bajo los nazis, debo señalarle que grandes grupos de perseguidos llegaron a eso como resultado de una opción. Esto se aplica a los comunistas, socialdemócratas, sindicalistas, así como a los Testigos de Jehová o a las mujeres que terminaron en Ravensbrück (NdT: Campo de concentración nazi) debido a una relación con un trabajador forzado. A cada uno de ellos se les podría haber acusado de que tenían la posibilidad de convertirse en nazis. Fueron golpeados hasta la muerte por sus convicciones. El hecho de que un grupo se defina por una convicción común y no por una ascendencia étnica o una enfermedad, no es legítimo agitar contra ellos de una manera que deja muy atrás cualquier límite de comunicación democrática y no puede negar su parentesco con los patrones de pensamiento de la propaganda parda (NdT: con el color pardo, la autora alude al ejército nazi).

Hace unos días, circuló un tuit desde Austria, en el que supuestamente se informaba de la reunión de los gobernadores provinciales (los jefes de las provincias austriacas); me pareció bastante realista, y la fuente indicada también podría haber tenido acceso a esta información. El texto decía lo siguiente:

«Según acabo de saber de una fuente absolutamente fiable, ayer los miembros de la reunión de crisis fueron informados por los expertos traídos que la 4ª ola ya no puede ser detenida, porque la protección de la espiga está fallando de forma generalizada. Especialmente Astra, Johnson, Moderna pero también Pfizer tienen datos catastróficos que ya no se pueden negar. El efecto del tercer pinchazo también es muy limitado, ya hay los primeros grupos entre las personas con triple tratamiento en Steiermark y Viena. (…) Se preguntó a los expertos qué estrategias están ahora disponibles como opción y la respuesta fue: «contagio semi controlado». Literalmente, uno de los desesperados participantes en la discusión dijo entonces: «Si esto sale a la luz, nos mandarán al diablo». A continuación, el gobierno presentó una propuesta desde Viena para aliviar la situación, de nuevo literalmente, ‘centrándose en los no vacunados’. Los gobernadores provinciales aceptaron la propuesta sin dudarlo».

Si tal cosa está detrás de su arrebato, señor Montgomery, al menos puedo decirle que puedo entender su reacción, pero no la apruebo ni la acepto. Usted, más que nadie, debería saber de qué barbaridad es capaz la medicina en cuanto la profesión médica prescinde del sentido común y olvida todo humanismo básico. Tal vez deberías volver a sacar de la estantería el librito de Viktor Klemperer, LTI, y leerlo, sobre la «coacción apenas velada», por ejemplo.

En cualquier caso, estaría dispuesta a aceptar su disculpa en representación de los ofendidos.

Con saludos cordiales

Dagmar Henn

Traducido para piensaChile: Martin Fischer

*Fuente: De.RT.com

Chile: Catastro de efectos adversos post-vacunación (ESAVI) contra Covid 19

La maldición del método PCR

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