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Centros de investigación internacionales se están retirando de Chile por falta de apoyo estatal 

Centros de investigación internacionales se están retirando de Chile por falta de apoyo estatal
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El Centro de Biotecnología de Fraunhofer (Alemania) se irá a fines de año:

Hace 10 años el Estado comenzó una experiencia pionera para convertir al país en un polo de atracción para el desarrollo de la innovación. Trece entidades se instalaron en el territorio, pero varias se han ido y otras anunciaron su intención de hacerlo.

Obtener ingredientes para alimentos más saludables gracias al uso de biotecnología, investigaciones sobre la energía mareomotriz, técnicas avanzadas de poda que ayuden a la producción de frutales o investigación sobre automatización para la industria minera chilena. Estos son solo algunos de los productos y desarrollos con base científica que durante 10 años de existencia se han desarrollado en alguno de los 13 centros de excelencia internacional que se instalaron en Chile durante la última década.

De esos, cerca de la mitad permanecen en el país haciendo investigación y, en el caso de varios de ellos, su futuro está en suspenso por falta de financiamiento estatal. A los que han cumplido 10 años de vigencia se les pide que se autofinancien y los que han postulado a nuevos concursos de financiamiento estatal, como Inria Chile y el Centro de Biotecnología de Fraunhofer Chile, no han sido seleccionados para recibirlos.

Así, todo lo avanzado —en investigaciones, profesionales capacitados y relaciones con pares y la industria— podría perderse en poco tiempo debido al diseño de un ecosistema científico que ya no los contempla.

Trabajar con la industria

En 2009 se anunciaba con bombos y platillos el ‘Programa de atracción de centros de excelencia internacional para la competitividad‘ bajo el alero de Corfo. En ese entonces, el plan contemplaba US$ 100 millones para financiar estos centros cuya misión era impulsar la ciencia aplicada en Chile, crear asociatividad con instituciones locales y proyectos de I+D con la industria.

La primera institución en aterrizar en el país fue el Instituto Fraunhofer-Gesellschaft (Alemania) con su centro de biotecnología. Luego, llegó la australiana Csiro, cuya área de investigación es la industria minera. Ese mismo año —ya en el primer gobierno de Sebastián Piñera— se destinaban recursos para tres centros adicionales. ‘Estamos apuntando a los sectores donde Chile tiene ventajas comparativas, por eso queremos contribuir a entregar mayor valor agregado en esas industrias’, explicaba en ese entonces Hernán Cheyre, vicepresidente ejecutivo de Corfo. Según la autoridad de la época, el plan era convertir a Chile en un polo regional para el emprendimiento y la innovación.

Así se instalaron 13 centros de prestigiosas entidades internacionales de Francia, Holanda, Bélgica, España, Estados Unidos, entre otros.

Pero pasado más de 10 años de su nacimiento, solo seis siguen recibiendo fondos del programa y varios de los centros ya han dejado de funcionar como tales como es el caso del Centro Telefónica I+D, el Centro de Excelencia en Medicina de Precisión (CEMP, de Pfizer), Wageningen (de Holanda) o Emerson (EE.UU.).

Otros que han querido continuar ven que esa posibilidad está en riesgo. El caso más reciente es el Centro de Biotecnología de la Fundación Fraunhofer Chile, que cesará sus funciones el 31 de diciembre a causa de falta de financiamiento basal. Antes de retirarse buscan cómo traspasar todas las capacidades, conocimientos y hasta el equipamiento adquirido en estos 10 años.

‘Con el traspaso del Centro de Biotecnología de Fraunhofer Chile a una o más instituciones que realicen investigación científica aplicada en el país, buscamos que se rescate y aproveche el valor creado durante más de 10 años de operación, incluyendo el equipo de investigadores, el equipamiento, los proyectos en curso y nuestro know-how en transferencia tecnológica’, explica Pilar Parada, directora ejecutiva de Fraunhofer Chile CSB y gerenta general de Fraunhofer Chile Research.

Parada agrega que la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) invitó a los centros internacionales a postular al Concurso Nacional de Financiamiento Basal, cuyos ganadores aún no se conocen, pero en el cual el Centro de Biotecnología ni Inria Chile pasaron a la siguiente fase de evaluación. ‘Fuimos evaluados con las mismas métricas que una universidad —como la cantidad de papers o de estudiantes de pregrado—, pero no se tomó en cuenta los más de 180 proyectos, los 16 millones de euros levantados para usarlos en Chile, ni los licenciamientos o la creación de spin-off empresariales’, aclara Parada.

Fraunhofer Chile presentó un recurso de reposición ante la ANID en que alega que ‘fue arbitrariamente evaluada bajo un erróneo marco conceptual’, que el panel evaluador no tuvo en consideración la naturaleza propia del Centro de Biotecnología en actividades de investigación y desarrollo aplicado y, finalmente, que se evaluó al centro como si fuera una organización académica, sugiriéndoles incluso crear ‘sus propios programas de pregrado y posgrado para atraer más estudiantes’.

Autofinanciarse

Consultado al respecto, el ministro de Ciencia, Andrés Couve, señala que los centros ‘eran parte de un programa que se albergaba en la Corfo y que ofrecía financiamiento por 10 años para centros internacionales y dentro de sus lineamientos, es que tras ello tenían que autosustentarse y subsistir sin financiamiento público. Cuando se transfirió este programa de la Corfo a la ANID, se transfieren también los compromisos para que los centros reciban financiamiento hasta cumplir el plazo establecido. Pero no se contemplaba un esquema de continuidad ni de renovación. Nunca se contempló financiamiento permanente’.

Aisén Etcheverry, directora nacional de ANID, aclara que si bien todos los centros vigentes fueron traspasados a esa institución desde Corfo, ‘habían dos centros, CSIRO (de Australia) y Fraunhofer Biotecnología (Alemania) cuyo subsidio estatal había acabado antes de pasar a la ANID. Las bases decían que tras ello tenían que ser autosustentables, por lo tanto, hasta ahí llegó el aporte del Estado. Uno puede tener una opinión si eso fue un buen o mal diseño, pero ese fue el contrato que se firmó’, asegura.

El instrumento de centros de excelencia internacionales ya no existe en el ecosistema actual de la ciencia, tecnología e innovación en Chile. Hace años que no se hacen nuevas convocatorias ni concursos. ‘Desde ANID, entendimos que habían capacidades instaladas que requerían financiamiento para seguir funcionando y los invitamos a participar a los concursos de centros que coincidentemente estaban abiertos. Pero es un instrumento que no está pensado para centros de excelencia internacionales’, aclara Etcheverry.

‘Los concursos a los que se les invitó a postular eran los que son parte de nuestra columna de ciencia asociativa y estas tienen bases y objetivos muy claros. No hicimos un molde específico para estos centros. Esa es la razón por la cual ellos creen que no fueron evaluados adecuadamente, porque efectivamente el concurso tiene lineamientos que obedecen a una clasificación estratégica del país’, aclara el ministro Couve.

Mauricio Cañoles, gerente general del también Centro de Excelencia Internacional UC Davis Chile (U. de California), es crítico de cómo el país ha considerado estos centros. ‘Falta un análisis desde cómo han contribuido al ecosistema de investigación, desarrollo, innovación y extensión a nivel país. No el análisis simplista que toma en cuenta gastos versus productos. Hay que considerar la inversión y la experiencia que hay detrás del conocimiento que cada centro trae’.

Y añade que el conocimiento no solo genera patentes y productos. ‘Los ingresos de la U. de California por concepto de licenciamiento tecnológico no son ni el 1% de lo invertido en investigación y desarrollo. En cambio, se ha medido que el beneficio económico que UC Davis aporta al estado de California es de US$ 8,4 mil millones para una inversión anual de US$ 1.000 millones. En Chile desarrollamos nuevas tecnologías de poda que no se pueden patentar y no la puedo vender. Tenemos que hacerla pública. El beneficio entonces debiera calcularse tomando en cuenta que ahorras un 10% en mano de obra y, además, la producción se incrementa en un 10%. Eso es mucho dinero tomando en cuenta que la fruticultura ya es el segundo sueldo de Chile’, aclara.

UC Davis Chile tiene recursos para seguir funcionando un año más en el país. ‘Esto es como una empresa, tenemos que funcionar en base a entradas y gastos’.

El miércoles se reunió la Asociación de Centros de Excelencia Internacionales para tratar el tema. En la reunión no solo plantearon que esta situación se había advertido por lo menos hace dos años, sino que, según explican algunos asistentes, se dijo que los traspasos de fondos desde la Corfo a ANID sirvió para maquillar un presupuesto de la ciencia que sin estos recursos hubiese sido un 23% más bajo. Además plantearon que al hacerlos competir con centros nacionales, los ‘pares evaluadores’ de todas maneras privilegiarían a los centros locales.

‘Los gobiernos en los últimos 30 años han hecho una interpretación de la política de desarrollo de la ciencia, el conocimiento y la tecnología que está basada en disponer de una canasta de subsidios que una vez que se extinguen dejan el conocimiento generado sin apoyo y a la deriva. Esto ha significado que la ciencia se transforme en un modelo de negocio, lo que es increíble si nos comparamos con países desarrollados’, dijeron desde la asociación.

Colaborar, no competir

‘Estoy convencida de que Chile ha hecho un muy buen trabajo en el desarrollo de la ciencia básica a nivel académico. Pero lo que hacen los centros de excelencia es un espacio que tiene que ver con la ciencia aplicada, más cercana a la innovación tecnológica, donde se trabaja directamente con las empresas y se agrega valor y conocimiento al desarrollo productivo del país. Ambos son cruciales y no tienes por qué hacerlos competir entre sí’, dice Gloria Maldonado, directora ejecutiva del Centro de Investigación e Innovación en Energía Marina (Meric), otro centro internacional.

Según el ministro Couve, uno de los aspectos que complejiza aún más el tema es que estos centros sí tienen financiamiento permanente desde sus países de origen y que proviene de cada uno de los estados. ‘Los instrumentos que manejamos en el ministerio y la ANID no tienen ese carácter permanente, sino que son concursables y competitivos. Por lo tanto, la naturaleza es otra y no es la adecuada para un centro que requiere un financiamiento público permanente’.

Y añade: ‘Hay una inversión extranjera de los países de origen de estos centros y que tiene un objetivo estratégico de cooperación bilateral de largo plazo. Eso se aleja de la modalidad de financiamiento que tiene la ANID y se acerca mucho más a un esquema de colaboración internacional que dirige el Ministerio de Relaciones Exteriores. Ahí la Cancillería tiene un rol fundamental’.

La ANID ha tomado algunas cartas en el asunto. ‘De los centros que aún están con financiamiento vigente, estamos gestionando con Dipres darles financiamiento y continuidad hasta el próximo gran concurso de centros, que es en 2023, a pesar de haber terminado su convenio en 2021. Para entonces, esperamos eventualmente tener centros de excelencia internacional u otra categoría en que podamos darles continuidad’, dice Aisén Etcheverry, aclarando que esto dependerá también de las decisiones que tome el próximo gobierno.

Recuadro

– «No estamos esperando un regalo del Estado. Hemos sido exitosos como centros y merecemos una respuesta sobre nuevas formas de financiamiento. Si los recursos son escasos y se quieren privilegiar los centros nacionales, es una opción válida, pero alguien tiene que transparentarlo’. MAURICIO CAÑOLES, GERENTE GENERAL DE UC DAVIS CHILE

– «Chile está preso de los instrumentos que tiene y no hay una política real de impulso a la innovación tecnológica. Las autoridades se responsabilizan unas a otras’. PILAR PARADA, GERENTA GENERAL DE FRAUNHOFER CHILE RESEARCH

– «Comparto la mirada de los otros centros: hay un error estratégico que pone en riesgo un conocimiento importante. Hay profesionales que se especializaron en el extranjero y que se convirtieron en el puente entre el conocimiento y la industria. Toda esa gente va a quedar cesante’. GLORIA MALDONADO, DIRECTORA EJECUTIVA DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN E INNOVACIÓN EN ENERGÍA MARINA (MERIC)

– Bien evaluados

Según Aisén Etcheverry, directora nacional de ANID, se realizó una evaluación por parte del Estado en 2018 y, en general los centros de excelencia internacional fueron bien evaluados.

Ese documento no es de fácil acceso. Fue realizado por economistas por encargo de la División de Innovación del Ministerio de Economía.

En su resumen ejecutivo ya se aconsejaba definir en el más breve plazo la continuidad de los centros: ‘En la situación actual que se encuentran los centros, resulta de vital importancia, el definir en más breve plazo posible si existirá o no continuidad con respecto al subsidio. Las inversiones en I+D poseen un horizonte de largo plazo, por ende, los programas de I+D tienen que contar con tal horizonte’, se lee en el informe.

*Fuente: Nexnews
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