
El influyente psiquiatra chileno, Claudio Naranjo, falleció a los 86 años en su casa en California (oeste), Estados Unidos. El médico, oriundo de Valparaíso (costa centro de Chile), vivía en Estados Unidos donde ejercía como académico en destacados centros de estudio y como investigador en la Universidad de California en Berkeley.
En el recuerdo de Naranjo, El Mostrador señaló que la muerte de Naranjo (1932-2019) no sólo significa la desaparición de uno de los más destacados pensadores chilenos, sino un feroz crítico de la educación chilena y el modelo educativo mayoritario actual en el mundo.»No es un tema chileno, es un tema mundial, de usar la educación para lavarle el cerebro a los jóvenes para que después tengamos una fuerza de trabajo obediente, que no haga muchas preguntas ni piense por sí misma, que no tenga necesidades personales, que se adapte», señaló.
Su carrera estuvo marcada por su involucramiento en las políticas educacionales. Su libro “Cambiar la educación para cambiar el mundo” se convirtió en una obra referencial dentro del ámbito de la enseñanza a nivel global.
El siquiatra y escritor, que estudió en la Universidad de Harvard y trabajó en el Stanford Research Institute, en los últimos años expuso su pensamiento en Chile en foros como el Congreso del Futuro, donde advertía en 2017 que «la educación transmite una mentalidad patriarcal, obediente, con una moral autoritaria-represiva», fruto de un trauma ancestral por hechos ocurridos hace miles de años.
En el 2007 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Udine, de Italia. Ese mismo año Naranjo creó su fundación, la cual fue inaugurada en la Universidad de Barcelona.
Referente mundial de la terapia Gestalt y la psicología transpersonal, escritor, maestro y conferenciante de renombre internacional. Es considerado pionero en su trabajo como integrador de la psicoterapia y las tradiciones espirituales. Fue uno de los primeros investigadores de la etnobotánica y las plantas psicoactivas y uno de los tres sucesores de Fritz Perls (fundador de la Terapia Gestalt) en el Instituto Esalen. Posteriormente, desarrolló la Psicología de los Eneatipos (Eneagrama), y fundó el Instituto SAT (Buscadores de la Verdad [Seekers After Truth]), una escuela de integración psicoespiritual para el autoconocimiento.
Naranjo falleció en su hogar en Berkeley, California, según informó su fundación homónima, y su muerte causó tristeza en el mundo de la educación.
«Me indigna el ‘pago de Chile’: nunca se le dió el Premio Nacional de Educación ni de Humanidades, cuando él es reconocido a nivel mundial como un gran pensador de la educación humanizadora que emancipa y que está más cerca de la imaginación creadora que de la mera reproducción», dijo. «Puso además en el centro del acto pedagógico el desarrollo de las emociones, de ese núcleo de ideas, habilidades y actitudes de vida que más bien desprecia el capitalismo neoliberal», expresó Jaime Retamal, académico de la Universidad de Santiago.
Un libro clave para entenderlo es «Cambiar la educación para cambiar el mundo» (2005), donde se preguntó «¿cuánto dolor será necesario para despertarnos?». «¿Cuán cerca del abismo será necesario que lleguemos antes de que comprendamos cabalmente que nuestro sistema patriarcal –con su autoritarismo disfrazado de democracia, su violencia disfrazada de buenas intenciones, su explotación, su desmedido afán de lucro, etcétera – es un navío que conviene abandonar antes del naufragio?».
«Necesitamos una educación que lleve al individuo hasta ese punto de madurez en el que, elevándose por encima de la perspectiva aislada del propio yo y de la mentalidad tribal, alcance un sentido comunitario plenamente desarrollado y una perspectiva planetaria. Necesitamos una educación del yo como parte de la humanidad, una educación del sentimiento de humanidad”, escribió allí.
Para Naranjo, el problema central es que actualmente la educación está al servicio del statu quo, es decir, se dedica a formar gente obediente para el mercado laboral. Naranjo señaló que la perversidad de la educación actual radica en que el concepto de educación, esa que debiera acompañar el aprendizaje, es entendida de una manera muy distinta en las escuelas formales, en donde lo que se hace no es enseñarles a los jóvenes a aprender sino que se dedican a «meterles cosas» en la cabeza a los niños, que terminan «por secuestrar» su intelecto.
«La educación no nos enseña a ser libres. Actualmente se enseña a ser como los computadores, pero sin estar a la altura. Nos convierte en fantasmas intelectuales, porque no se enseña qué es la vida, por eso parto diciendo que la educación es perversa. No somos lo que podríamos ser. En un momento nos proclamamos como homo sapiens, pero nos terminamos convirtiendo en homo demens«, señaló en esa ocasión, al tiempo que explicó que «vivimos en una sociedad que no sabe que está enferma».
Añadió que la forma en que se comprende la educación en la sociedad moderna no es más que el socio invisible de un complejo financiero militar industrial que utiliza a la educación para sus fines.
«Yo digo que la educación es el socio invisible del complejo industrial militar y financiero. Sirve para transmitir una mentalidad que yo llamo ‘patriarcal’ para crear gente obediente, supuestamente moral, pero con un tipo de moralidad que produce lo contrario, más criminalidad que virtud. Una moral autoritaria represiva», reiteró en una entrevista con este medio en 2018.
Aunque Naranjo estimaba como «bien intencionadas» corrientes educativas como los Waldorf y Montessori, concluía que eran minoritarias, con lo cual el problema es la educación que recibe la mayoría de los niños.
Esa educación mayoritaria «no sirve al desarrollo humano, no se propone desarrollar a la gente como gente, sino sólo darle informaciones. Sirve a que uno sirva para un trabajo, para que uno pase pruebas, pase exámenes, para que habiendo tenido buenas notas tenga posibilidad de entrar a un trabajo, pero debería ser para formar seres humanos», criticó.
En una era de grandes avances tecnológicos, a Naranjo le llamaba la atención que la educación básicamente sigue siendo igual que en el siglo XIX, con una sala de clases, alumnos sentados y un profesor frente a la pizarra. «Muchas instituciones cambian, pero la educación, no. Creo que no cambia porque está haciendo muy bien lo que se propone secretamente, que es que se mantenga el statu quo», aventuraba.
Sobre el futuro, no era especialmente optimista. «No sé si va a cambiar la educación institucional, si van a cambiar los ministerios y sus directivas, si va a cambiar el poder trasnacional. Puede ser que la educación instituida no cambie, que sea demasiado difícil cambiarla. Pero en ese caso la comunidad instituirá una educación más a la medida de lo que necesita la gente. Así como la gente ya no va a la iglesia como hace un siglo, la gente ya no irá a las escuelas», advertía.
«Estamos en una mentalidad que engendra violencia, y aunque nos llamemos la civilización cristiana y occidental, hemos fracasado en ser una civilización amorosa, de solidaridad. Creo que por eso se está viniendo abajo el mundo, por la falta de solidaridad, de resonancia cognitiva en común. Si no hay en la colectividad eso, nadie se opone al poder. No digo que el poder sea de malas personas, sino que es del lucro mismo y el dinero, y el dinero sólo quiere más dinero. Ya no hay política en el buen sentido de la palabra, lo que hay es una economía de mercado para los de abajo y un poco diferente para los de arriba», concluía.
+Fuente: SurySur
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