Venezuela: ¿existen golpes de Estado legítimos?
por Marcos Roitman Rosenmann (España)
7 años atrás 6 min lectura
26/01/2019
Por definición los golpes de Estados representan un quiebre del orden constitucional, por consiguiente son ilegítimos. Los ejemplos son numerosos. Guatemala 1954, Paraguay 1954, Honduras 1957, Brasil 1964, El Salvador 1972, Bolivia 1973, Chile 1973 o Argentina 1976. Todos, sin embargo, aducen a la Constitución para justificarse. La realidad desnuda esta farsa. Dos factores permiten el triunfo del golpe de Estado: i) contar internamente con las fuerzas armadas. Única institución capaz de controlar el territorio, reprimir a la población y garantizar el poder político a los golpistas; ii) obtener un mínimo de reconocimiento internacional en la llamada “comunidad internacional”. En España, haciendo historia, el golpe de Estado contra la II República fue avalado por la Alemania nazi y la Italia fascista. Hitler y Mussolini prestaron su apoyo a los alzados. La división de las fuerzas armadas derivó en la guerra civil.
Hoy, en la Venezuela Bolivariana, Alemania e Italia mutan en Estados Unidos, Brasil, más Canadá. Son una lanzadera para arrastrar países hacia la deriva golpista. El proceso ha sido largo y costoso. Fabricar un golpe de estado presupone un itinerario. Estrangular al país, llevar a sus habitantes a una situación de caos, al hambre, provocar una crisis humanitaria. El lenguaje de la desestabilización se urde hasta copar la realidad. Es una guerra híbrida y asimétrica. La mentira, la manipulación informativa, los factores emocionales, psicológicos cobran un rol fundamental. Se trata de romper los apoyos al gobierno, aislarlo hasta hacerlo caer. Venezuela lleva asediada desde 1998, son veinte años donde la plutocracia y el poder de las trasnacionales suman sus fuerzas para derrocar al gobierno legítimo refrendado en las urnas. Primero, desconociendo la Constitución, más adelante, preparando un golpe en 2002, boicoteando elecciones parlamentarias, emitiendo declaraciones de fraude electoral, participando en intentos de magnicidio, practicando el sabotaje, el asesinato político, la descapitalización, el bloqueo económico, promoviendo sanciones internacionales y pidiendo una intervención extranjera.
Ahora, debemos sumar la declaración unilateral de un presidente, autoproclamado en una Asamblea Nacional sin poder para su nombramiento. Es la articulación de un orden paralelo, hacer creer que hay dos gobiernos, dos poderes, en definitiva un poder dual. Pero ni la OEA ha logrado la unidad necesaria para ratificar al golpista. Sólo 16 de sus 34 miembros la han dado el plácet. México y Uruguay entre otros, han preferido mantener la dignidad, negándose a reconocer el gobierno de facto. Donald Trump y Jair Bolsonaro, presidentes considerados un peligro para la democracia representativa, la paz mundial y regional se rescatan por un sector de la “comunidad internacional”, para legitimar el golpe en Venezuela. En España, los medios de comunicación, partidos políticos, gobierno y oposición se hacen eco de una mentira para justificar el apoyo a los alzados. “No es un golpe de Estado” argumentan. Desde una posición beligerante, PP, Ciudadanos PdC, PNV, VOX piden en reconocimiento inmediato del autoproclamado. Mientras tanto, el PSOE se debate entre esperar y hablar con el usurpador. Así le dan el estatus de interlocutor válido. ¿Cuáles serán las consecuencias?
No se engañen las consecuencias de un golpe de Estado son la tortura, el asesinato político, el exilio y perdida de espacios democráticos. No por casualidad el unilateralmente proclamado presidente de Venezuela promete conceder amnistía a los miembros del gobierno constitucional, si accede a sus reclamos. Algo similar propuso Pinochet a los miembros del gobierno de la Unidad Popular. Lobos disfrazados de ovejas. El discurso de odio, venganza y represión política son sus cartas. Ya lo han demostrado con las Guarimbas en la operación denominada “La Salida”. Decenas de asesinatos políticos, entre cuyos responsables se encuentra Leopoldo López.
Las formas de empaque jurídico y el proceso desestabilizador seguido en Venezuela responden a manual. En Chile, el Congreso liderado por la oposición demócrata cristiana, Patricio Aylwin y Eduardo Frei Montalva, decretó en sesión plenaria del 22 de agosto de 1973 la ilegitimidad del gobierno, llamando a las fuerzas armadas a intervenir con el objetivo de reestablecer el orden constitucional, violentado por el gobierno “marxista”. Estrategia que logró sumar colegios de profesionales, asociaciones de empresarios, comerciantes, terratenientes.
El 11 de septiembre lograron su objetivo. El Palacio presidencial fue bombardeado. Estados Unidos y aliados reconocieron inmediatamente al usurpador y su junta militar. Las consecuencias, miles de muertos, torturados y desaparecidos. El objetivo se había cumplido. El plan se ejecutó a la perfección. Si el 10 de septiembre, en Chile, no había medicamentos, repuestos automotrices, pasta de dientes, papel higiénico, jabón, mantequilla, carne, etc.., el 14 de ese mismo mes, por arte de magia, las estanterías de supermercados, comercios y ultramarinos están rebosantes de mercancías. Chile, durante mil días fue sometido a un bloqueo internacional, estrangulamiento económico, huelgas patronales, acaparamiento, mercado negro y desabastecimiento. Reconquistado el poder, todo volvía a su cauce. El resto es historia.
Hoy, Venezuela sufre el embate, la cólera de una derecha golpista y sus aliados internacionales. El punto de inflexión, el rechazo a la firma de los acuerdos para adelantar elecciones y configurar un calendario de dialogo entre gobierno y la oposición (MUD) en República Dominicana en marzo de 2018. Prestos a firmar, el gobierno Republicano de Donald Trump desautorizó a los negociadores. Así perdieron su autonomía y renunciaron a la soberanía. Llenos de odio, desprecio a las clases trabajadoras, a más de seis millones de venezolanos que acudieron a las urnas para refrendar al PSUV, acabaron doblegados, como traidores y articulados a una estrategia de muerte.
En España, las declaraciones de Albert Rivera, Pablo Casado, y otros, sonrojan a cualquier demócrata, no menos que las realizadas por el expresidente Felipe González y diversos dirigentes del PSOE. Periodistas y tertulianos en la SER, COPE, Onda Cero, etc., El País, La razón, El Mundo, La Vanguardia, ABC, reproducen, tal loritos repetidores, mensajes y noticias falsas, siendo cómplices del golpe. Desconocen la realidad de Venezuela y América latina, predican y santifican desde púlpitos, son los necesarios para que la masacre sea posible. Eso sí, se lavaran las manos y no asumirán responsabilidades tras la violación de los derechos humanos que vendrá a continuación. Sólo dirán que creyeron en las buenas palabras de los golpistas o perderán la memoria. ¿Acaso olvidamos las armas de destrucción masiva?
Hoy, la dignidad de América latina se juega en la defensa del gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. No me gustan gobiernos como el francés, italiano o israelí, pero no por ello secundo un golpe de Estado o declaro unilateralmente su ilegitimidad. Y recuerden Trump fue elegido con el 24% de los votantes, Maduro lo fue con el 28%. ¿De qué legitimidad hablamos?
El autor, Marcos Roitman Rosenmann, es Professor titular de sociología de la Universidad Complutense de Madrid
*Fuente: Publico.es
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