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La decadencia de Occidente

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16/02/2017
La palabra decadencia está de moda y se aplica a los más variados temas, ya sean de política, economía o la sociedad. El tema de la decadencia tiene sus orígenes en la filosofía de la historia, y consiste en comprender el sentido de la historia de la humanidad.

En el siglo XVII, Jacobo Benigno Bossuet  desarrolló el Discurso sobre historia universal en el cual defiende el derecho  de los reyes viene de dios y el sentido de proyecto divino de la historia. Juan Bautista Vico, en su obra Principios de la ciencia nueva, sostiene que la historia no se repite, tampoco corresponde a círculos cerrados, sino más bien a un espiral creciente: en la historia hay avances y retrocesos, que él denomina “corsi y recorsi”. En plena revolución francesa, el girondino Nicolás de Condorcet desarrolló la idea del progreso indefinido de la humanidad, consignado en su Cuadro histórico del progreso humano.

Osvaldo Spengler publicó (1918), su obra La decadencia de occidente, justamente en el momento de la derrota de Alemania en la primera guerra mundial. Spengler es muy conocido por haber inspirado a los principales historiadores conservadores, en especial a Alberto Edwards, autor de La fronda aristocrática; a Francisco Antonio Encina, Historia de Chile, (20 volúmenes), a Jaime Eyzaguirre, Fisonomía histórica de Chile  y a Gonzalo Vial Correa, Historia de Chile, dedicado preferencialmente al período parlamentario después extendida hasta 1938.

Spengler establece una diferencia entre cultura y civilización: la  refiere al alma, al aspecto espiritual y artístico y, la segunda, al aspecto material; no siempre hay coincidencia entre el desarrollo de la cultura y el auge de la civilización.

Todas las civilizaciones pueden ser equiparadas a los ciclos vitales de los seres humanos – nacimiento, niñez, juventud madurez, vejez y senectud – o bien, de la naturaleza – primavera, verano, otoño e invierno -. El principal aporte de Spengler fue la comparación entre distintas civilizaciones del mundo. Su tesis principal se centra en la visión de la decadencia de occidente, que estaría cerca del invierno y de la decrepitud.

Si seguimos el camino de los filósofos e la historia, el inglés Arnold Toynbee, en su Estudio de la historia, plantea el tema del desafío y las respuestas referido a distintas civilizaciones estudiadas.

Más contemporáneo, Samuel Huntington escribió sobre El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, obra en extremo reaccionario por la cual pretende responder a la tesis de Francis Fukuyama, planteada en El fin de la historia y el último hombre, aduciendo que después del fin de la “guerra fría” y del derrumbe del mundo socialista, vendrá un choque de civilizaciones – china, japonesa,  islamita, hindú y occidental –  que las define desde el punto de vista religioso y cultural, y otras ya inexistentes como la egipcia, la mesoamericana(Usa,Europa,Japon,Russia,India,Islamicos,budistas y latiamericanos)Plantea el peligro que los norte américos blancos y protestantes sean absorbidos por los  mejicanos catolicos

Junto a estos filósofos de la historia, algunos de ellos bastante reaccionarios como Spengler y Huntington, están acompañados de profetas de la decadencia de occidente, cuyo calado científico deja mucho que desear – el caso de algunos candidatos a presidencias de la república, al menos en Latinoamérica -.

Escribir sobre este tema es una ardua tarea y supone una erudición y capacidad de análisis epistemológico de alto nivel, razón por la cual se precisan cualidades especiales en la indagación para enfrentar la tarea de construir una filosofía de la historia que supere los aportes de Spengler, Toynbee y otros pensadores.

Michel Onfray, en su último ensayo Decadencia se ha atrevido a adentrarse en estos temas tan polémicos y relacionados con la crisis actual. En Francia este filósofo es conocido y se pasea por los platós  de las distintas cadenas de radio y televisión franceses, pero para los chilenos – pienso que también para los latinoamericanos –  es poco conocido.

Onfray nació en pequeño pueblo de Normandía, Argentan, en 1959; siempre repite, con orgullo, que es hijo de un obrero agrícola y de una empleada doméstica, y que fue educado en un orfelinato, regentado por los salesianos, y que debe su salida de la pobreza y su dedicación a la filosofía a un maestro de la educación nacional, es decir, es un producto de la escuela laica. Su modelo y autor preferido es el escritor existencialista francés, Albert Camus, con quien comparte algunos elementes que lo asimilan en su biografía: el padre de Camus murió durante la primera guerra mundial y su madre era una mujer sencilla; con la ayuda de un profesor del liceo, en Argelia logró una beca que le permitió transformarse en un gran escritor y humanista.

Onfray ha publicado 92 obras, algunas de ellas traducidas al español. Si tuviéramos que usar una palabra para definir la trayectoria de este filósofo es la polémica. Se define como  estudioso y seguidor de Diógenes de Sinope, de la escuela de los cínicos, como también de Epicuro, el filósofo, el filósofo que sostenía una moral sobre la base de no temer a la muerte, ni a los dioses. Onfray se define como ateo y crítico de las tres religiones monoteístas – judaísmo, cristianismo e islamismo -. Es un seguidor de F. Nietzsche y, además, un libertario, de la escuela  de Pierre Joseph Proudhon. Admira a los girondinos y rechaza la crueldad y el terror de los jacobinos.

En el año 2002, cuando Jean Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta, Michel Onfray, en la búsqueda de una forma positiva para enfrentar el fracaso de la izquierda, fundo una universidad popular, en la ciudad de Caen, Normandía, libre de condiciones para ingresar a dicho centro de estudios. Se trataba de desarrollar una contra-historia de la filosofía, es decir, una versión crítica  desde el punto de vista de  los “vencidos”, además de una “contra-historia” de la literatura. Esta universidad se ha extendido a distintos lugares de Francia e, incluso, los cursos  son difundidos por la emisora France Cultura; en Internet, Onfray tiene su propio canal youtoobe, donde concentra sus conferencias y cursos impartidos en la su universidad popular.

Las obras de Onfray son provocativas y se prestan a la polémica, como su tratado de “athéologie”, (Paris, 2005), en   que realiza la crítica de las religiones monoteístas y, además, desarrolla la filosofía atea, desde  Epicuro hasta nuestros días. Otra obra que desató grandes controversias “Freud, El Crepúsculo de un Ídolo”, obra en que pretende demostrar el amor ilimitado al dinero de Sigmund Freud, así como de su admiración por B. Mussolini; según Onfray, Freud está muy lejos de ser el creador del psicoanálisis. Esta obra tiene aspectos muy irónicos cuando se refiere a las cartas de Freud, donde confiesa que en muchas de las sesiones de análisis se quedaba dormido. Hay también una crítica bastante profunda sobre la teoría del “complejo de Edipo”, y también sobre “la interpretación de los sueños”. Tomando una frase de B. Spinoza, Onfray  sostiene que “ni reír ni llorar, comprender”, es decir, que no es ni pesimista, ni optimista.

Otra de las obras más polémicas es la dedicada a Albert Camus, donde trata sin misericordia a la pareja Jean Paul Sartre-Simone de Beauvoir, a quienes acusa de haber colaborado con el régimen de Vichy, incluso, a Simone de Beauvoir la acusa de haber transmitido por la Radio Vichy  algunos programas de propaganda fascista; a Sartre lo acusa de haber alabado a  Hitler, pero no es de extrañar que hubiesen colaborado con ese régimen, pues la mayoría de los franceses estaba con el general Philippe Pétain. La polémica entre Camus y Sartre fue cruel y llena de mutuos epítetos ofensivos con ocasión de la guerra de Argelia. En el fondo, Sartre era un jacobino, partidario de la pena de muerte y que justificaba el asesinato y los atentados en razón de ideas revolucionarias, aplicables a la guerra de Argelia. Camus, por el contrario, fue siempre enemigo de la pena de muerte y partidario de los métodos no violentos y de la desobediencia civil.

(En la próxima entrega analizaremos la propuesta libertaria de Onfray y su último libro, Decadencia.)

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