A pesar del trauma, empiezan a hablar
por Vivian Lavín A. (Chile)
11 años atrás 4 min lectura
Domingo 23 de agosto 2015
En el acogedor café Lübeck, en pleno centro de Quilpué, en la región de Valparaíso, casi 90 personas se reúnen una mañana de sábado para escuchar a la autora y a las protagonistas de un libro que relata el testimonio de estas últimas, como ex prisioneras políticas de la Dictadura de Pinochet. Frente a la audiencia, comenta el libro una de las abogadas del Codepu V Región, organismo que se negó a distinguir entre presos de sangre y de conciencia, a la hora de adjudicarse la defensa de quienes luchaban contra el terrorismo de Estado. Este grupo de abogadas asumió la defensa de aquellos presos y presas políticas a los que la Vicaría de la Solidaridad se negaba a auxiliar frente a un poder judicial genuflexo al gobierno de facto porque sus causas llevaban el rótulo de “hechos de sangre”.
Han pasado más de 30 años y la audiencia escucha con atención a la abogada que rememora la situación judicial y política de entonces y también el espíritu que se vivía cuando se respiraba miedo por todas partes, en un Chile que hoy parece tan lejano, pero presente en sus memorias. Su perplejidad del contraste cuando al llegar a la Cárcel de Santo Domingo a visitar a sus defendidas, abrumada y triste por la imposibilidad de hacer justicia, se encontraba con mujeres fuertes, organizadas y alegres que hasta, en una oportunidad, “me regalaron una blusa floreada para esconder una oscura, de funeral que andaba trayendo puesta”. El humor negro como mecanismo de defensa frente a la barbarie. “Como cuando para celebrar el 18 de septiembre, hicimos una fonda al interior de la cárcel y queríamos ponerle Esperando la carroza”, recuerda una de las ex presas políticas. La risa se despierta de manera natural en un grupo donde se respira la emoción y el cariño como si fuera una reunión de amigos de antaño en lugar de la de ex combatientes.
Muchos de ellos no se conocen entre sí. Han llegado hasta allí convocados por los dueños del café, ayudistas de entonces y hoy eslabones esenciales de una cadena de despertar comunitario que está tomando forma de diversas maneras, en muchos lugares. “Hace tres meses llegué a vivir a Quilpué. Viví en Nicaragua y en otros países de Centroamérica luchando en la guerrilla. Es primera vez que lo cuento. No imaginé nunca que me encontraría en un espacio de diálogo y de memoria como este”, dice una mujer. “Durante años hemos ocultado nuestra calidad de ex presas políticas. Nos autocensurábamos”, dice una de las protagonistas del libro Mujeres tras las rejas de Pinochet. “Este libro nos ha servido para pensar, reflexionar sobre ese verticalismo, esa actitud de dueños de la verdad que no nos permitió conectarnos con el momento que vivíamos”, confiesa otra de ellas.
En medio de la concurrencia, hay dos jóvenes. Son hijos de ex presos políticos. “Nosotros necesitamos que nos cuenten, como lo hace este libro, qué fue lo que pasó entonces, porque también estamos luchando por un Chile mejor. Somos jóvenes, pero ustedes también lo son, en cierta manera, y necesitamos aprender de ustedes, saber qué hicieron nuestros padres y juntos seguir intentándolo”.
En la televisión, un ex cabo de Carabineros, sin mediar presión alguna y a rostro descubierto, cuando un equipo periodístico de Chilevisión toca a su puerta para que relate su participación en una de las masacres cometidas en la Dictadura en la comuna de Laja, relata cómo disparó, por orden de un superior y bajo amenaza, a dirigentes de la CPMC después del golpe militar. “Yo entré a la institución porque quería ser Carabinero, no asesino”, remata. Una semana antes, dos ex conscriptos rompían el pacto de silencio.
De manera tenue, pero cada vez más consistente, muchas chilenas y chilenos han empezado a superar el trauma y a hablar, cuarenta años más tarde, sobre un período de sus vidas que acallaron frente a un Chile que decidió dar vuelta la página de ese período. Generaciones de hombres y mujeres golpeados psíquica y físicamente por la persecución, muerte, tortura y el terror impuesto por la dictadura cívico-militar que empiezan a expresar en voz alta y a escribir lo que les sucedió. Micro historias que son parte de la gran historia de un país de frágil memoria.
*Fuente: Radio U de Chile
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