¿A qué país podría ganar una guerra EE.UU.?
por Carlos Santa María (Actualidad RT)
10 años atrás 7 min lectura
8 de septiembre 2016
Usualmente, la respuesta ha sido enfocada de modo limitado, pues el poder militar de una nación se mide en términos cuantitativos y comparativos y, por tanto, no se consideran otros factores cualitativos que pueden determinar la victoria en una batalla o en una guerra de proporciones más amplias.
Desde el geopoder, es factible un análisis diferente, al utilizar elementos como el factor humano, que permite comprobar una realidad diferente de la propaganda o la historia condicionada de las guerras, las cuales muchas veces no han explicado la verdad sobre el triunfo o fracaso de un país o gobierno, sino que ha respondido a los intereses de élites que deben realizar publicidad afecta a sus intereses: de allí la deformación de la verdadera historia.
1. Conciencia social de estar en una batalla legítima.
Es de fundamental importancia que, quienes combaten, sepan que su vida se ofrenda —si es necesario— por una causa justa, de defensa, de protección del país y su gente. Por el contrario, ser mercenario, estar obligado o suplir necesidades a través de la acción armada implica una alta debilidad. El heroísmo procede de un sentimiento profundo de legitimidad, solidaridad y riesgo.
2. Conocimiento integral del medio donde se realiza el enfrentamiento.
Requiere el dominio de la selva, si se está en dicho espacio, o de lo urbano en la ciudad, incluso de ambos lugares. Esto implica conocer la dimensión, infraestructura, localización y posibilidades que dicho medio ofrece. Al no comprenderlo, las opciones de fracaso son inmensas. Por este mecanismo se explica por qué en Siria o Irak el avance es lento, pues no es en un terreno abierto, sino dificultado por la presencia de civiles inocentes o escudos humanos.
3. Poseer el apoyo de la población local.
La invasión de Irak por parte de Estados Unidos ha causado más de un millón de muertos debido a que el conjunto de la población se opuso a dicho proceso, mientras que la toma de ciudades por el Estado Islámico cada vez se hace más difícil porque los residentes rechazan su práctica takfirí. Estos casos demuestran que únicamente cuando el pueblo organizado acepta la cooperación se puede establecer una relación armónica que no se base en la coacción, el miedo, el chantaje o el castigo para obtener una aceptación ecuánime.
4. Disponer de un armamento tecnológico desarrollado y eficaz.
La comunicación es decisiva para establecer objetivos y las armas son un factor explosivo. Es decir, tecnología punta y herramientas defensivo-ofensivas adecuadas al medio. La Aviación puede establecer ventajas, aunque no garantiza el dominio del territorio poblado. No basta con la retórica de la amenaza constante.
5. Generar una opinión pública no manipulada.
Es importante, aunque no es decisiva para el triunfo. Sirve para preparar al público sobre lo que ocurrirá, aunque puede ser un arma de doble filo, pues indica a la otra parte hacia dónde se dirige la estrategia. En términos de manipulación, se trabaja para crear y creer en irrealidades; en términos de transparencia, se emplea para generar una sensación de triunfo y fuerza para continuar la tarea emprendida. El caso del EI, cuya noticia sobre su huída se extiende, acrecienta dicho escape y derrota.
6. Tener una amplia experiencia victoriosa ante contendientes poderosos.
La Segunda Guerra Mundial mostró el verdadero poderío de la Unión Soviética, que venció al Eje nazi. Inglaterra y EE.UU. llegaron al ocaso del Ejército germano, desgastado por los soviéticos.
Consideraciones generales
La alianza antihegemónica Irán-China-Rusia, tal como ha sido planteada por el analista internacional chileno Pablo Jofré Leal, es una constatación de que el poderío estadounidense declina y varias naciones ya no aceptan sus dictados u órdenes, al poner en primer lugar a sus pueblos por encima de los intereses del complejo industrial militar y el poder de las élites. En conclusión, EE.UU. generalmente ha ganado batallas y se ha apoderado de gobiernos a través de tres estrategias: una, construyendo golpes de Estado en países débiles que se han opuesto a sus políticas; dos, interviniendo militarmente y sofocando revoluciones a través del fuego macabro en países donde no existe confrontación equitativa; tres, formando parte de coaliciones donde no ha debido enfrentarse de modo directo y proporcional a un enemigo poderoso.
La realidad es que el Gobierno estadounidense tiene un inmenso historial de fracasos, pues prácticamente sostiene su poder a través de la amenaza y la corrupción. En términos de confrontación, Vietnam se ha reproducido innumerables veces en las más diversas formas: no se puede olvidar que, desde 1964 y durante nueve años, Estados Unidos lanzó 270 millones de bombas de racimo sobre Laos, convirtiéndolo en el país del mundo más bombardeado per cápita. ¿Cómo explicar que, pese a los discursos grandilocuentes, en Afganistán haya sido derrotado por un ejército tribal? ¿O en Yemen, pese a su apoyo a Arabia Saudí? ¿O en Irak, al ser vencido por un órgano terrorista como el EI? La realidad siria es un ejemplo de una intervención fallida y ha pasado a ser el símbolo del debilitamiento de esta nación norteamericana.
No se puede ignorar el extraordinario poder militar de EE.UU.: sería un absurdo lógico, extraño y subjetivo. Pese a ello, su declive es cada vez más evidente, como reflejan especialmente las palabras de Barack Obama, quien ha manifestado que, quien no siga sus exigencias, le «retorcerán el brazo», lo que ratifica su fragilidad al emplear como instrumento la retórica del agravio. En esta dirección van los discursos de Hillary Clintoncuando manifiesta que es la única nación del mundo que puede transformar el universo, un reflejo de la frustración y distorsión mental causada por no aceptar que fueron un país otrora destacado en economía, política y cultura y, en estos momentos, su estado es de gran indefensión, debido al desangramiento provocado por la intromisión en asuntos externos que han consumado su descenso parcial, agravado por la crisis interna que afecta su territorio.Tal vez hoy EE.UU. es mucho más un discurso mediático que una nación con el poder suficiente para entrar en un conflicto directo con amplias opciones de vencer. Por ello, utiliza siempre a otros gobiernos o grupos como el Estados Islámico, con el fin de demostrar que, si la derrota llega, es de otros y no de ellos, una táctica singular de escudo protector ante el fracaso. Lo anterior no implica que su política de agresión no esté vigente: amenazas, sanciones, incumplimiento de la palabra, manipulación y bloqueo económico, infiltración y chantaje para la subversión interna de países soberanos, coacción, control de la información global… son parte del arsenal contra la paz mundial.
No es descartable que la corporatocracia pueda iniciar una guerra internacional aunque, estratégicamente, continúe con puntos locales de agresión. Sin embargo, crear un conflicto sin que les importen las consecuencias extraordinariamente trágicas está dentro de su paradigma organizacional, pues se sienten relativamente seguros en refugios supuestamente preparados para sobrevivir. No obstante, una tercera conflagración mundial sería macabra para el destino de la humanidad.
La propuesta más importante en la arena internacional es que el Gobierno estadounidense inicie, con toda su fortaleza proactiva, la reconstrucción de un mundo pacífico en donde la guerra o la confrontación no sean el objetivo primordial. Quienes consideran que el pueblo estadounidense merece un destino mejor, así lo aseveran, desean honestamente y sienten. De igual modo, las naciones pacíficas deberán incentivar la diplomacia de la fraternidad frente al enfrentamiento como modo de vida.
Tomar conciencia de esta realidad global es una obligación humana y ética ineludible
*Fuente: Actualidad RT
Es correcto si lo hace EE.UU.: La historia detrás del ‘Poseidón’ que se acercó a las fronteras rusas


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Naturalmente que no se atreven a agredir directamente a naciones que disponen de armamento atómico, porque estas armas también matan a los poderosos.
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