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Que Ricardo Lagos no olvide que saludó el Golpe de Carmona, en Venezuela 2002 

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12 de abril de 2002: Tan sólo horas después que Chávez fuera sacado violentamente del poder -el que recuperó posteriormente con el pueblo movilizado en las calles-, el gobierno de Ricardo Lagos emitió un comunicado acusando de los hechos de violencia y alteración de la institucionalidad a Chávez. El gobierno de Lagos fue uno de los 3 de Latinoamérica (Chile, Colombia y El Salvador) que reconocieron al gobierno de los Golpistas. Por ello no nos sorprende que ayer se haya atrevido a comparar a Nicolás Maduro con el dictador Pinochet. Parece que es buen negocio atacar el proceso bolivariano que vive Venezuela.
Por lo anterior, reporducimos de nuevo este artículo del 10 de enero de 2007, analizando el rol de su gobierno en el intento por poner fin al proceso social que vive el hermano pueblo de Venezuela. Quién lo lea comprenderá la conducta de Ricardo Lagos en estos dias, acompañando a las mujeres de 2 golpistas venezolanos.
La Redacción de piensaChile

Chile 2002: Gobierno en plena Coincidencia con los Golpista Venezolanos

La conspiración que derribó al gobierno de Chávez, con el contubernio de los grandes empresarios, los políticos corruptos y la dirección burocrática de la Central Sindical, consiguió abrir paso al golpe militar. Mientras que el gobierno de Lagos, obedeciendo los dictados de EE.UU, justificó la asonada militar y reconoció al régimen dictatorial que nacía del intento de destruir el estado de derecho en Venezuela.
Chávez lleva a cabo profundas transformaciones sociales, mediante una política internacional autónoma en defensa de los recursos naturales, especialmente el petróleo. Se esfuerza por abrir paso a una democracia participativa. Todo esto resulta intolerable para los que habían ejercido el poder en beneficio de los poderosos y de una clase política corrupta. Los medios de comunicación, controlados por los grandes empresarios, generaron un clima de subversión. A éste contribuyeron declaraciones de personeros del gobierno de EE.UU, como el secretario de Estado Colin Powell, quién se manifestó abiertamente por derribar al gobierno democrático de Chávez. Para lograr tal objetivo, se puso en ejecución un plan de desestabilización similar al que culminó en Chile en 1973 con el golpe facista de Pinochet.
En Venezuela se produjo un golpe de Estado. Esto lo confirma el Fiscal General de ese país al expresar que el presidente Chávez había sido arrestado y se le mantenía, por la fuerza, retenido en una instalación militar. El no había renunciado. Por tanto, según afirmaba la cancillería cubana, «es el presidente constitucional de Venezuela, que ha sido por la fuerza retenido mientras avanza un golpe de estado«. En efecto, según la Constitución del país, aún si el Presidente hubiera decidido dimitir, esto hay que hacerlo efectivo ante la Asamblea Nacional. Y eso no ocurrió. Tampoco se produjeron las renuncias o los traspasos de autoridad que corresponderían al Vicepresidente o al Presidente del Parlamento. Y, mucho menos, los ministros renunciaron o fueron destituidos por Chávez.
A partir de esta realidad, los que intentaron usurpar el poder por la fuerza, estaban violando la Constitución y la Carta Democrática Interamericana. Los venezolanos que resistieron a aceptar la legitimidad del golpe, fueron detenidos en lugares desconocidos, mientras los golpistas desataban una represión indiscriminada contra el pueblo.
Ante los ilegales sucesos para apropiarse por la fuerza, del control de Venezuela, Pérez Roque, canciller cubano señalaba que «Cuba sigue con suma atención las reacciones que en este caso tendrán, y espera que los gobiernos de la región y las instituciones regionales e internacionales, se opongan al golpe de estado que se ha dado en Venezuela, y reclamen, como Cuba, la restitución del gobierno democrática y constitucionalmente elegido, la restitución de las autoridades legítimas y espera que no haya ningún tipo de tolerancia o connivencia.»
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El rol que EE.UU jugó en el golpe militar venezolana ha quedado al descubierto. Tenía conocimiento de los planes golpistas. Sus funcionarios se reunieron con los líderes que intentaron derrocar a Chávez, aunque voceros de Bush cínicamente sostienen que EE.UU no alentó el golpe militar. Pero, el diario «The New York Times» aseguró que personeros venezolanos y norteamericanos estuvieron de acuerdo en que el presidente venezolano debía ser removido del cargo.
La acción del gobierno de George W. Bush en Venezuela quedó al descubierto cuando se informó que Chávez había renunciado. Inmediatamente la Casa Blanca señaló que fue el presidente venezolano el causante de la crisis, al ordenar que se disparara contra una manifestación en su contra. «Lo que sabemos es que las acciones fomentadas por Chávez provocaron una crisis», aseguró Ari Fleischer, vocero oficial de gobierno. Después de que Chávez retomara el poder, Washington no ha cambiado el tono agresivo y las mentiras de su discurso. No ha reconocido su legitimidad. «La legitimidad es algo que no se basa sólo en una mayoría de votos. Queremos ver un retorno a la democracia«, asegura el protector de los golpistas venezolanos.
Intentado ocultar la verdad, Ari Fleischer, junto con admitir que funcionarios norteamericanos se reunieron con Pedro Carmona (el empresario que «sucedió» a Chávez) y con conspiradores civiles y militares, aseguró falazmente: «dijimos expresamente a los líderes de la oposición que EE.UU no apoyaría un golpe«. Tales palabras indican, aparte de la mentira de no propiciar la asonada, que en las reuniones con los golpistas se discutió sobre un golpe.
El diario The New York Times reveló que voceros de Bush estuvieron de acuerdo en que Chávez debía ser removido del poder. Desde que asumió la presidencia en 1999, Washington ha conspirado contra el gobernante venezolano, utilizando como pretexto su relación con Cuba, su papel en el alza de los precios del petróleo y sus presuntos vínculos con la guerrilla colombiana.
Además, el diario venezolano «El Nacional» publicó un informe de la consultora de análisis de riesgo estadounidense Stratfor, que afirmó que la CIA y el Departamento de Estado están involucrados. Mientras que la revista «News-Week» reveló que militares venezolanos informaron a la embajada de EE.UU en Caracas, a fines de febrero, que estaba en marcha un golpe contra Chávez y pidieron el apoyo de Washington. Al mismo tiempo, el gobierno venezolano anunció que está investigando la presencia de un avión privado con siglas de EE.UU en el cual se pretendía sacar del país a Chávez cuando éste se encontraba «recluido» en la isla de la Orchila.
A pesar de que la posición del gobierno chileno fuera similar a la norteamericana, Lagos ha tratado de disfrazar la postura que adoptó ante al golpe militar que derrocara al Presidente de Venezuela. Trata inútilmente de borrar y manipular aún sus propias declaraciones. En efecto, tan sólo horas después que Chávez fuera sacado del poder -el que recuperó posteriormente-, la canciller chilena, Soledad Alvear (DC), emitió un comunicado acusando de los hechos de violencia y alteración de la institucionalidad a Chávez: «El gobierno de Chile lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con una alto costo de vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad«. Tales afirmaciones, que culpan al gobierno de Chávez de violar la institucionalidad democrática de Venezuela, son similares a las de voceros norteamericanos y, más inconsecuentes y reaccionarias que la declaración del Grupo de Río que condenó la «interrupción del orden institucional en Venezuela generada por un proceso de polarización».
La posición del gobierno de Lagos estuvo determinada por una absoluta subordinación a la política de EE.UU en el golpe militar en Venezuela. Sus declaraciones son coincidentes. Similares conceptos justificaron la asonada militar y el reconocimiento al nuevo «presidente«. Una síntesis de la actuación del gobierno de Lagos durante los días cruciales de la intentona golpista así lo demuestra.
11 de abril de 2002
21:00 horas: la Cancillería chilena expresa su preocupación por el «clima de creciente polarización«. Y, poniendo en duda el carácter democrático del legítimo gobierno venezolano agrega su esperanza en que la administración Chávez «mantenga los cauces institucionales vigentes con apego a la Constitución«.
Pasadas las 21:30 horas: generales golpistas se rebelan. Mientras que en Costa Rica, Lagos, que participa en la XVI Cumbre del Grupo de Río, omitiendo que se trata de un golpe militar en desarrollo, señala: «estoy seguro de que los amigos venezolanos estarán a la altura de su historia y de Bolívar y no habrá situaciones en la región que nosotros no queremos aceptar«.
12 de abril de 2002
12:04 horas: Chávez es derrocado por un golpe militar y encarcelado. El empresario Pedro Carmona asume la presidencia.
A las 13:00 horas en un comunicado el gobierno de Chile «lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad«. En el documento, verdadero reconocimiento del golpe, se insta, además, a la normalización de la institucionalidad democrática y a que se adopten las medidas para convocar a elecciones libres. A su vez, en Costa Rica, Lagos señala que «se condena el hecho porque hubo una interrupción del orden constitucional. Ese es un hecho. Pero, por otra parte, nos parece muy importante la capacidad que tengamos de colaborar con las nuevas autoridades para salir adelante«. Así Lagos reconocía y apoyaba a los golpistas. No obstante, los mandatarios de Brasil y México fueron claros en calificar la salida de Chávez del poder como un «golpe de Estado«, definición que el gobierno chileno evitó utilizar. Además, las reaccionarias posiciones de la administración Lagos también se hicieron presentes al legitimar al «gobierno» de Carmona. Mientras el presidente habló de «colaborar con las nuevas autoridades«, su embajador en Venezuela, Marcos Alvarez, entregaba su respaldo a la nueva autoridad golpista, destacando las cualidades del empresario.
13 de abril de 2002
Dos días después de haber sido derrocado, Chávez retoma el poder gracias al apoyo de millones de venezolanos y de un grupo de militares leales.
14 de abril de 2002
Al día siguiente (14.04) se produce la voltereta circense del gobierno de la Concertación. La canciller Alvear trata de escamotear la verdad. Afirma con absoluto cinismo que su gobierno en ningún momento reconoció a Pedro Carmona como presidente venezolano, sino que su planteamiento fue que debía invocarse la carta democrática del Grupo de Río porque se produjo «un quiebre en la institucionalidad«. Y, en oportunista negación de todo lo afirmado anteriormente, señala en una nueva versión: «Hay que leer bien las declaraciones del gobierno en dos distintos momentos: la primera se emitió cuando ocurrían disturbios en Venezuela, con muertos y heridos, y entonces lamentamos la pérdida de vidas humanas y manifestamos nuestra esperanza en una salida en los cauces constitucionales..(…)..Al día siguiente, el gobierno de Chile no reconoció al nuevo Gobierno y manifestó la necesidad de convocar a una reunión de la OEA de acuerdo a la Carta Democrática… «.
Lagos es primerísima figura en la voltereta circense. El Presidente, en el colmo del cinismo, desconoce el comunicado de su gobierno donde se responsabiliza de los hechos a la conducción de Chávez: «Esa no es la frase de la declaración, pero no importa (…) Lo que dijimos fue algo muy simple y que se lo han planteado también otros gobernantes al Presidente Chávez, la necesidad de evitar la polarización del país«, afirmó falazmente.
Para acallar las críticas por su apoyo a los golpistas, el gobierno de Lagos culpa de todos «los platos rotos» a su embajador de Chile en Venezuela, Marcos Alvarez (PRSD), por una serie de errores cuando Chávez fuera sacado del poder. Además de descartar que se hubiese producido un golpe de Estado, Alvarez legitimó el gobierno de Pedro Carmona, al igual que lo hicieron Lagos y Soledad Alvear. Así, el embajador Alvarez- quedaba «técnicamente liquidado«.
Su salida era cuestión de tiempo. Así ocurrió. Se le ha solicitado la renuncia. El gobierno está buscando un sucesor. Todos los partidos oficialistas alegan el mejor derecho a la nueva cuota de poder.
La determinación del Ejecutivo obedece, por una parte, a las declaraciones que realizó el embajador a medios chilenos (12.04) donde afirmó que «el nuevo Presidente (Carmona) tiene una excelente relación con Chile«. Además, se negó a calificar la salida Chávez como un golpe de Estado y destacó el espíritu democrático de Venezuela. «Aquí no se ha hablado de golpe de Estado. No lo ha habido (…) Hoy me asombra la tranquilidad y civilidad de este pueblo empapado de democracia durante 40 años. Las democracias, sabemos, también son imperfectas, pero son democracias al fin y al cabo«, dijo horas después de la caída de Chávez. Además, hubo reclamos por su rechazo a solicitudes de asilo. En la Cancillería, en forma oportunista, se enfatiza que tales declaraciones no representan el pensamiento del gobierno. Pero, por otra, en realidad, con la solicitud de renuncia de Alvarez se trata de ocultar la inconsecuencia de Lagos y de Soledad Alvear, que expresaron similares conceptos.
Alvarez considera que se encuentra pagando «los platos rotos de conocer a Carmona«..(…)..Ahora, si quieren ver más allá, yo no puedo responder por eso«. Posteriormente, en declaraciones a TVN dijo: «Estoy dolido por la injusticia que se ha cometido conmigo. Yo creo que la Cancillería va a tener que evaluar la decisión que ha tomado con mi persona«. Además, fue enfático en señalar que él no había reconocido el gobierno de Carmona. Y, ante la solicitud de renuncia, dijo que «no se me ha dado ninguna razón específica«.
El dicho popular de que «la cuerda se corta por la parte más delgada«, es una realidad en Chile. Se despide al embajador, mientras que Lagos y su canciller, que también reconocieron y apoyaron a los golpistas, continúan en sus cargos, aplicando las instrucciones de EE.UU en política internacional, como lo demuestra su condena al pueblo cubano en Ginebra por supuestas violaciones a los DD.HH.
La Fogata 22 de abril del 2002
Nota de la Redacción de PiensaChile: El autor murió el 27.06.2002, pocas semanas despues de escribir y publicar este artículo en defensa del proceso democrático que vive Venezuela y de denuncia de la actitud que mantuvo el gobierno chileno de la Concertación de Ricardo Lagos.


Declaración del Gobierno de Chile
Buscar la declaración del gobierno chileno en los principales diarios locales es inútil. No está accesible al común de los mortales. Buscarla en el sitio del Ministerio de Relaciones Exteriores tampoco nos fue posible. Si al final la encontramos es porque sabíamos parte de su texto y buscamos allí ingresando “alteración de institucionalidad en venezuela”, como condición de búsqueda. Recién entonces la pudimos encontrar, para confirmar el texto con otra versión que estaba en nuestro poder.

La Redacción de PiensaChile

GOBIERNO DE CHILE LAMENTA ALTERACIóN DE INSTITUCIONALIDAD EN VENEZUELA

Viernes 12 de abril de 2002.-
La Cancillería da a conocer la siguiente: Declaración del Gobierno de Chile
Ante los hechos ocurridos en las últimas horas en Venezuela, el Gobierno de Chile lamenta que la conducción del Gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad.
A su vez, insta a la normalización de la institucionalidad democrática, a la mantención de los tradicionales principios democráticos de Venezuela y a que se adopten las medidas necesarias para convocar a la brevedad a elecciones libres.

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