Chile, la corrupta naturaleza del desastre
por Alberto Harambour (Chile)
10 años atrás 4 min lectura
27/03/2015
Antes fue la ira de dios, que lavaba los pecados del mundo. Ahora las inundaciones son responsabilidad de las lluvias. Si los pueblos tenían los gobernantes que se merecían, y por tanto debían obedecer, ahora la corrupción es responsabilidad de los bajos sueldos de las autoridades, del desmedido afán de lucro de algún empresario poco escrupuloso, de la falta de información. En unos casos o en otros, la responsabilidad escapa a todo control ciudadano: se trata de la naturaleza de la naturaleza o la naturaleza humana, corrupta, o la naturaleza divina del castigo. El desastre es superior a los hombres y a las mujeres. Es anterior a la historia que hacen los hombres y las mujeres. Simplemente es así. La política es así. La naturaleza es así.
Y no.
Los ríos han sido secados en Atacama por las explotaciones mineras que contaminan las napas subterráneas, tal como en Arauco los bosques nativos han sido arrasados para instalar plantaciones de pino y eucaliptus, que han secado o contaminado las napas, erosionado los suelos y vaciado los residuos de la producción de celulosa al mar. Las piscinas y tranques de residuos mineros que rodean a los pueblos y ciudades de Atacama se desbordan con lluvias que bajo otro contexto hubiesen sido un inmenso alivio a la pobreza de suelos y gentes. En el valle del Huasco, campesinos en una tierra sin agua fueron arrasados por un río casi inexistente, el mismo día en que tribunales absolvieron a Barrick Gold por daños a los glaciares que ha destruido. En el sur, el agua robada a las araucarias y a los campesinos para alimentar la industria favorece los incendios. Araucarias y alerces no pueden ser talados. Su madera sólo puede ser comercializada a partir de árboles muertos. Su eliminación facilita la incesante expansión de las forestales. Hay duda razonable, y muy extendida, sobre el origen del fuego. A muy grandes empresarios y a muy pobres campesinos, rodeados de sequedad y pinos, beneficiará la tragedia.
“Los actuales niveles de desigualdad en Chile son incompatibles con el pleno respeto de los derechos humanos” señalaba hace pocos días el relator especial de la ONU sobre extrema pobreza. Esa desigualdad se expresa en las tragedias de norte a sur, y esa desigualdad es la base de la corrupción. El uso del poder público para obtener beneficios privados, más extendido y más sabido que lo que la prensa monopólica o los representantes del duopolio político admiten, se traduce en perjuicio social. En Jahuel y Copiapó y Chañaral y Taltal, al menos, los aluviones tienen su origen en la naturaleza del régimen de aguas y minería, profundamente corruptos desde su origen, con José Piñera. El sistema es tan perverso que en pleno siglo XXI lo natural es obstáculo o amenaza: se teme a la lluvia, inevitable, y se facilita la destrucción industrial, sabida y previsible en sus efectos. Por eso no hay desastres naturales si no desastres sociales. Su solución es política y económica.
O dicho de otra manera: la catástrofe ambiental y el desastre político son problema de la naturaleza soberana de la ciudadanía. A estas alturas, en medio del descrédito político de las dos coaliciones que se han alternado en el gobierno, recuperar esa naturaleza es la única salida posible para reconciliar vida social y orden jurídico-político. Para quitarle naturalidad a la miseria y restituirla al goce social de la naturaleza y la riqueza. El camino es la asamblea constituyente, un espacio de deliberación desde las comunidades para que ellas construyan un orden a su medida, en el marco de las regiones y la comunidad nacional.
Si en las condiciones actuales de desigualdad de acceso al poder económico, político y comunicacional sería normal que ese proceso fuese monopolizado por los mismos de siempre, el desafío para las comunidades y organizaciones democráticas es mayor. No sólo debe lograrse la apertura de un proceso constituyente, además hay que garantizar que trascienda a la formalidad legal, los contenidos conservadores y las proyecciones inmovilizadoras. La única forma de conseguirlo es ir llenando de banderas transformadoras, contenidos participativos y gestos de pluralismo su planteamiento. La responsabilidad no es de la élite, del Estado o las empresas, si no de todas y todos los que consideran tan urgente como necesario la recuperación de la soberanía de manos de dios o el diablo, la naturaleza o las empresas.
*Fuente: El Desconcierto
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La lógica del libertinaje del mercado es el causante de las inundaciones e incendios: los ríos en Atacama se secan por la minería que contamina las napas subterráneas, tal como en Arauco los bosques nativos son arrasados para instalar plantaciones de pino y eucaliptus. Es decir, el responsable del cambio climático, de la caída real de nuestra calidad de vida y de la violencia ejercida contra el medioambiente, es el modo capitalista de producir.
De ahí surge la necesidad de cambios estructurales, de definir otro modelo de desarrollo, uno que vaya más allá de la estrategia primario- exportadora que nos transforma en un país pobre, carenciado, desigual, injusto y gobernado por una casta política corrupta, soberbia y que se piensa impune. Es prioritaria la lucha de los trabajadores bajo la consigna de la Asamblea Constituyente libre, soberana y democrática, conducida y protagonizada por el movimiento popular.
El desmadre medioambiental acontecido fue un gran escenario de operaciones de desastres y tardanzas, donde las élites y castas políticas de Chile llegaron otra vez tarde a la historia.
Por ejemplo para el ejército desplegar todo su potencial e infraestructura a modo de ejercicios y práctica de capacidades y de paso fundirse en labores de apoyo y socorro, haciendo carne las timbaleras arengas de cada año en el parque O ‘higgins.
La verdad «chispeza» no se puede pedir a una casta de oficiales, al menos sí una visión estratégica de planificación y acción. No en vano el ejercito se lleva gran parte del presupuesto nacional, fue la oportunidad perdida de «mostrar» labores del «contingente profesional», levantado hospitales de campaña, fuerzas terrestres, coordinación y telecomunicaciones, ingeniería mecánica, puentes aéreos, suministro y equipamiento aéreo-naval y en especial, análisis e inteligencia. Ésto último, considerando la capacidad a esta altura ociosa de fuerzas e infra-estructura militar asentada en la zona, bajo la supuesta visión geo-estratégica y disuasiva frente a nuestros potenciales enemigos y hermanos países vecinos.
Al menos sabemos que en caso de virtuales conflictos «limítrofes» de ésta envergadura, contamos con soporte agua desde Bolivia y eventualmente carreteras argentinas, nos permitan desplegar fuerzas móviles. Ya que nuestro país partido en dos (era que no) ante la paupérrima realidad vial, en especial la ruta 5 ( en concesión-extranjera, lo mismo que el agua, electricidad, tele-comunicaciones, etc.etc,ect. ) y particularmente el desmantelamiento de ferroviario como histórica vía alternativa. Mencionando de paso enlaces telefónicos o vía satélite, con aparatos sin batería o descargados, torres de comunicación y energía destruidas. O la destacada y patética imagen del poder político central gobernante, llamando a la calma por cadena nacional en una zona sin energía eléctrica. Osea una secuela cinematográfica de errores, al estilo 27-F, eso sí, año 2015 a cargo de los mismos actores, (a estás alturas, me permito hacer uso de nuestro connotado humor negro para enfrentar la desgracia ; !!! Bajo el mando de los mismos comediantes…!!!!).
Pero sigamos, que les parecería que desde el satéite militar alfa, podamos acceder y estudiar el comportamiento de riadas en la topografía y eventualmente «descubrir» un supuesto sabotaje o liberación de relaves mineros, insisto, esto también en un simulado escenario bélico.
Esta desagradable y dramática realidad, pudo ser la oportunidad de realizar ejercicios conjuntos con fuerzas combinadas y observadoras a modo de capacidad y solidaridad continental de fuerzas bélicas.
Próximamente eso sí, en 5 o 10 años y al estilo televisivo, cuyos dueños además propietarios mineros expanden su positiva influencia sobre todo ámbito nacional, informarán condicionalmente bajo censura o amenaza laboral (Como en los viejos tiempos) el GRAVE y hasta irreparable daño ambiental por contaminación de desechos químicos y mineros. Y otra vez, a las fuerzas armadas se les escapo la oportunidad de enfrentar un escenario de conflicto de estilo química donde desplegar sus capacidades e infraestructura,(si es que la tienen y si están, ya saben están a buena guarnición)
En fin, en un escenario real presentado por la naturaleza y la geografía, se pudo hacer un calce simulado o mejor aún «camuflado» a gusto y ficción militar, (Donde las cosa nunca son lo que parecen, por secreto y seguridad nacional obvio, por ejemplo un ex-general y comandante en jefe a cargo del sistema electoral político del estado, a este nivel ya estamos hablado de un best seller, con «estrellas» de peso).
Cabe destacar que el presente ejercicio no consideró ni arriesgaba la vida de soldados,. Digo esto a fin e evitar desproporcionas reacciones e interpretaciones castrenses, ya que, el costo y los muertos lo puso la población civil del histórico norte grande, que produce el sueldo para pagar y mantener el nepotismo y corrupción de graves vicios y fallos de discriminación e ineptitud de normas de la ley y la justicia. La miope incapacidad y egoísmos de políticos y la irresponsabilidad y juicio público de profesionales y y planificación urbana.
Sin más que agregar para la reflexión.
Henry Aldea Molina
Poeta y periodista