La esencia del modelo neoliberal chileno consiste, entre otras aberraciones, en lograr la mayor rentabilidad en el menor tiempo posible, y lo único que no puede hacer el capitalismo de los Chicago Boys es buscar la igualdad, pues su ADN es, por definición, anti igualitario: mientras más diferencias haya entre ricos y pobres, más exitoso es el modelo. La diferencia entre el Chile de Pinochet y el de Reagan y Thatcher es que el primero fue impuesto por una dictadura a sangre y fuego – en consecuencia, total y radical – y en los otros dos países fue incompleto, pues la democracia lo impedía.
El modelo chileno tiene como cimientos la desigualdad: se trata de que cada día haya menos ricos y se acreciente la masa de pobres y, aún en democracia, se aniquila el tejido social, pues no existe comunidad, sino individuos y familias, por lo tanto, los únicos bienes existentes pertenecen al Estado, que es cada vez más “enano”, no puede regular ninguna actividad humana.
La Concertación no ha hecho más que darle más fuerza a este modelo, con la ventaja, respecto al gobierno de Pinochet, de un prestigio internacional fruto de una lucha democrática, que pretendía heredad los valores de la epopeya allendista. Al poco andar, apareció al desnudo que los nuevos ricos concertacionistas eran tanto o más neoliberales que los mismos Chicago Boys.
En 2011, el modelo comenzó a presentar muestras de agotamiento: ya no era aceptable una tiranía tan radical por parte del mercado, así, la educación no podía seguir siendo un bien de consumo – sujeto a oferta y demanda – sino un derecho social; la Previsión convertida en un ahorro forzoso para favorecer a las grandes empresas internacionales y adaptada a un juego “de ruleta” con la plata de los cotizantes no resistía más; la salud pública, convertida en un “mierdero impresionante”, y la privada, en un robo manifiesto; los trabajadores eran tratados como siervos de la gleba, sólo para seguir enriqueciendo al puñado de ricos; veíamos por doquier ciudades segregadas, barrios más elegantes que cualquiera de los europeos y poblaciones no lejanas a las rucas: Afortunadamente, de la latencia de este país se hizo manifiesta la calle, la rebelión masiva de los movimientos que reclamaban por la gratuidad en la educación, mejor salud , una vivienda digna y, sobre todo, el fin del imperio del mercado, que había invadido todos los aspectos de la vida humana.
El modelo chileno, un fetiche adorado por los neoliberales del todo el mundo comenzó, a partir de 2011 especialmente, su camino a la agonía: los estudiantes ya no retrocederán, al contrario, cada día serán más claros y exigentes en sus justas reivindicaciones, y no se les puede engañar con propuestos y signos gatopardistas; la calle se ha convertido en un actor de la política, y la élite, las castas y los clanes económicos ya no pueden hacer lo que se les antoja. Así se está gestando también la rebelión en los otros sociales.
La reforma tributaria, la educación gratuita y la nueva Constitución, los tres pilares del programa del actual gobierno aun cuando aún vagos y gradualistas, han logrado poner en cuestión elementos centrales del modelo chileno. Ante esta ofensiva, era lógico que despertara la resistencia de los dueños de Chile y los partidos que los partidos que los representan en las instituciones políticas, especialmente la UDI y Renovación Nacional.
El clivaje actual se puede caracterizar por el combate entre reformismo o la mantención del modelo actual chileno. Como todo cambio – en este caso, profundo respecto a un paradigma neoliberal que había sido mantenido incólume por 25 años de Concertación-piñerismo – no basta con la decisión del gobierno de aplicar un programa, sino que también es imprescindible la presión de los movimientos sociales que, permanentemente, exijan el cumplimiento del programa ofrecido, junto a una democratización ininterrumpida.
Como nunca, han surgido en los medios de Prensa nacionales e internacionales los viudos y viudas del paradigma neoliberal: abundan los comentaristas y analistas políticos que anuncian el caos si los chilenos llegasen a asesinar el modelo – en este plano se luce el idiota latinoamericano, Álvaro Vargas Llosa – pero mientras más contraten “plañideras”, tanto mejor para el Chile que se levanta.
El modelo neoliberal de mercado, cuya esencia es la desigualdad y el imperialismo del mercado, se hace incompatible con una sociedad de derechos igualitarios y solidarios.
08/05/2014
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“Un obrero sin trabajo, no importa que sea o no sea marxista, no importa que sea o no sea cristiano, no importa que no tenga ideología política, es un hombre que tiene derecho al trabajo y debemos dárselo nosotros”.
Muy bien,Gumucio, el primer parrafo lo dice todo. Felicitaciones. Y lo del idiota latinoamericano, bueno, eso es cierto.