El tiempo de la Gran Transformación y de la Corrupción General
por Leonardo Boff (Brasil)
12 años atrás 5 min lectura
2014-01-24
Normalmente las sociedades se asientan sobre el siguiente trípode: la economía, que garantiza la base material de la vida humana para que sea buena y decente; la política, por la cual se distribuye el poder y se organizan las instituciones que hacen funcionar la convivencia social; y la ética, que establece los valores y normas que rigen los comportamientos humanos para que haya justicia y paz y para que se resuelvan los conflictos sin recurrir a la violencia. Generalmente la ética viene acompañada de un aura espiritual que responde por el sentido último de la vida y del universo, exigencias siempre presentes en la agenda humana.
Estas instancias se entrelazan en una sociedad funcional, pero siempre en este orden: la economía obedece a la política y la política se somete a la ética.
Pero a partir de la revolución industrial en el siglo XIX, más exactamente a partir de 1834en Inglaterra, la economía empezó a despegarse de la política y a soterrar a la ética. Surgió una economía de mercado de forma que todo el sistema económico fuese dirigido y controlado solamente por el mercado libre de cualquier control o de un límite ético.
La marca registrada de este mercado no es la cooperación sino la competición, que va más allá de la economía e impregna todas las relaciones humanas. Pero ahora se creó, al decir Karl Polanyi, «un nuevo credo totalmente materialista que creía que todos los problemas podrían resolverse con una cantidad ilimitada de bienes materiales» (La Gran Transformación, Campus 2000, p. 58). Este credo es asumido todavía hoy con fervor religioso por la mayoría de los economistas del sistema imperante y, en general, por las políticas públicas.
A partir de ese momento, la economía iba a funcionar como el único eje articulador de todas las instancias sociales. Todo iba a pasar por la economía, concretamente, por el PIB. Quien estudió en detalle este proceso fue el filósofo e historiador de la economía antes mencionado, Karl Polanyi (1866-1964), de ascendencia húngara y judía y más tarde convertido al cristianismo de vertiente calvinista. Nacido en Viena, desarrolló su actividad en Inglaterra y después, bajo la presión macarthista, entre Toronto en Canadá y la Universidad de Columbia en Estados Unidos. El demostró que «en vez de estar la economía embutida en las relaciones sociales, son las relaciones sociales las que están embutidas en el sistema económico» (p. 77). Entonces ocurrió lo que él llama La Gran Transformación: de una economía de mercado se pasó a una sociedad de mercado.
Como consecuencia nació un nuevo sistema social, nunca habido antes, donde no existe la sociedad, solo los individuos compitiendo entre sí, cosa que Reagan y Thatcher van a repetir hasta la saciedad. Todo cambió, pues todo, realmente todo, se vuelve mercancía. Cualquier bien será llevado al mercado para ser negociado con vistas al lucro individual: productos naturales, manufacturados, cosas sagradas ligadas directamente a la vida como el agua potable, las semillas, los suelos, los órganos humanos. Polanyi no deja de anotar que todo esto es «contrario a la sustancia humana y natural de las sociedades». Pero fue lo que triunfó, especialmente en la posguerra. El mercado es «un elemento útil, pero subordinado a una comunidad democrática» dice Polanyi. El pensador está en la base de la «democracia económica».
Aquí cabe recordar las palabras proféticas de Karl Marx en La miseria de la filosofía, 1847: «Llegó, en fin, un tiempo en que todo lo que los hombres habían considerado inalienable se volvió objeto de cambio, de tráfico y podía venderse. El tiempo en que las propias cosas que hasta entonces eran co-participadas pero jamás cambiadas; dadas, pero jamás vendidas; adquiridas pero jamás compradas –virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia etc.– en que todo pasó al comercio. El tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o para hablar en términos de economía política, el tiempo en que cualquier cosa, moral o física, una vez vuelta valor venal es llevada al mercado para recibir un precio, en su más justo valor».
Los efectos socioambientales desastrosos de esa mercantilización de todo, los estamos sintiendo hoy por el caos ecológico de la Tierra. Tenemos que repensar el lugar de la economía en el conjunto de la vida humana, especialmente frente a los límites de la Tierra. El individualismo más feroz, la acumulación obsesiva e ilimitada debilita aquellos valores sin los cuales ninguna sociedad puede considerarse humana: la cooperación, el cuidado de unos a otros, el amor y la veneración por la Madre Tierra y la escucha de la conciencia que nos incita para bien de todos.
Cuando una sociedad como la nuestra, entorpecida por culpa de su craso materialismo, se vuelve incapaz de sentir al otro como otro, solamente como eventual productor y consumidor, está cavando su propio abismo. Lo que dijo Chomsky hace días en Grecia (22/12/2013) vale como llamada de alerta: «quienes lideran la corrida hacia el precipicio son las sociedades más ricas y poderosas, con incomparables ventajas como Estados Unidos y Canadá. Esta es la loca racionalidad de la ‘democracia capitalista’ realmente existente.”
Ahora cabe aplicar el There is no Alternative (TINA): No hay alternativa: o mudamos o pereceremos porque nuestros bienes materiales no nos salvarán. Es el precio letal por haber entregado nuestro destino la dictadura de la economía transformada en un “dios salvador” de todos los problemas.
*Fuente: Koinonia
Artículos Relacionados
Un juicio político a Bolsonaro sólo solucionaría un problema a la derecha
por Juraima Almeida (Brasil)
7 años atrás 7 min lectura
Las FARC y el narcotráfico
por Carlos Figueroa Ibarra (Desde Puebla, México)
13 años atrás 3 min lectura
Evaluaciones de desempeño: lo mejor de nosotros (para vomitar)
por Daniel Pizarro (Chile)
13 años atrás 3 min lectura
Laurence Golborne: qué te decapiten ¿”Es posible”?
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
Sebastián Piñera y Nicolás Sarkozy: populismo derechista mediático
por Rafael Gumucio Rivas (Chile)
15 años atrás 5 min lectura
1 Comentario
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.
Israel Rojas: «Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana»
por piensaChile
36 segundos atrás
15 de febrero de 2026
Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana. Lucharé contra el fascismo y el imperialismo. Para evitar que desaparezca el sueño de Martí y de Fidel: el de una nación donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre, y para que el futuro del país esté en manos de hombres y mujeres de ciencia. Para seguir echando mi suerte con los pobres de la tierra, hasta que desaparezca toda inequidad.
Clases sociales en una formación social y… ¿a nivel planetario?
por Manuel Acuña Asenjo (Chile)
2 horas atrás
15 de febrero de 2026
Las clases sociales no aparecen porque sí: representan los particulares intereses de grupos humanos; existen, en consecuencia, en oposición, no solamente con su contraparte sino, además, entre ellas mismas, es decir, entre sus propias fracciones.
Gaza – Miles de palestinos evaporados por Israel con bombas térmicas y termobáricas estadounidenses
por Baptiste Maisonnave
3 días atrás
12 de febrero de 2026
En el momento del impacto, la explosión alcanza una temperatura y una presión tales que el cuerpo humano se evapora, desaparece.
Sáhara Occidental. EE UU impone la ley del silencio en la reunión entre Marruecos y el Polisario en Madrid
por Juan Carlos Sanz
3 días atrás
12 de febrero de 2026
El diálogo sobre el futuro del Sáhara entre Marruecos y el Frente Polisario impulsado por Estados Unidos se ha iniciado aparentemente este domingo en Madrid sin más confirmación oficial que la mención del Ministerio de Asuntos Exteriores Español a una “reunión multilateral” y la presencia expresa de los jefes de la diplomacia de la Argelia y Mauritania.
Si lo que se propone como «salvación de la humanidad» se entiende de modo espiritual, etico o moral, habrá que vivir en forma religiosa, ética o moralmente.
Pero si se piensa en términos de salvar a la humanidad como especie, ¿porqué seguimos pensando en que todo materialismo es malo?
Para salvarse como espíritu, como esencia, como chispa divina, solo hay que vivir místicamente.
Ser un ave solitaria que convive con todas las demás, con buen sentido común, dando lo máxiimo en servicio a los demás, y tomando lo mínimo necesario para sí mismo. Eso es, para mí, lo que es ser religioso. Imagínense no a Cristo, que es la máxima expresión, sino a un desconocido señor o señora que entrega su propio salvavidas a un jovencito o a una embarazada para que salte del Titanic, y se queda agarrado a un poste, consciente de haber dado lo mejor de sí.
Pero para que la humanidad se salve en términos de especie sobre un planeta, solo hacen falta recursos materiales. Los mejores recursos materiales, en el menor tiempo posible. Y de ninguna manera, estar desesperado por el hecho de que esa salvación no implique necesariamente salvar -a -toda- la -humanidad.
Algunos quieren ver nuestra actual situación como aquellos suicidios masivos de animales del ártico, que se lanzan cada tanto al abismo por millares, en una incomprensible reacción ante un desequilibrio que hace funcionar así a su sistema «biodefensivo a ultranza».
Aludo a la última cita del artículo.
Revisemos mejor todos los recursos conque nuestro barco cuenta: ¿están en condiciones de ser usados en condiciones normales y más que normales?
La economía es tan valiosa como la moral, la ciencia, y el sentido religioso.