Las cincuenta medidas son una trampa para tontos
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 4 min lectura
La política nunca ha sido regida por la razón, sino por el sentimiento y la voluntad. Muy pocos ciudadanos votan por los programas políticos y dudo que muchos electores lean, de verdad, esos enormes mamotretos, que contienen términos técnicos, a veces difíciles de entender para el común de la gente. Que un programa cueste tres puntos del PIB, el otro cinco y el siguiente, siete, es fundamental para que un programa presidencial sea creíble y financiado. En un país que cuenta con un alto índice de analfabetismo funcional – en algunos casos, ni los profesores comprenden lo que leen, menos interpretar un gráfico, es muy difícil que se entienda la diferencia entre un punto o dos del PIB y, así, en todas las demás materias – no se puede pedir que sea entendido y analizado un programa político en su profundidad y se tomen las decisiones en consecuencia.
El sufragio es, fundamentalmente, expresión de sentimientos respecto a la capacidad del liderazgo político para interpretar los anhelos de un pueblo: nadie se entusiasma tanto por un programa, sino por la empatía y el carisma de un candidato. Veamos: Michelle Bachelet logra movilizar, por sí sola, mil veces más electores que la Concertación en su conjunto – como conglomerado, es rechazado por el 70% de la población -.
Las cuarenta medidas de Salvador Allende, en las elecciones de 1970, tuvieron impacto por ir, directamente, a la médula: hasta hoy pervive el “medio litro de leche” para cada niño chileno; la copia de Bachelet, con cincuenta medidas, es menos substancial que la del líder socialista Allende. Confieso que me cuesta descubrir alguna propuesta interesante y novedosa en la propuesta, 1) leo tonterías como aumentar el número de carabineros para controlar la delincuencia, pues se ha comprobado que esta medida no tiene ningún éxito; 2) en otro ámbito, propone formar una serie de “comisiones” – política que se aplicó durante su gobierno – pero que, sabemos, sirvieron para muy poco; 3) crear nuevos ministerios que, pienso, sólo ocasionarían gastos y dispersión y burocracia; 4) en el área cultural, se limita, especialmente, a salvar los monumentos nacionales, y no hay intención de derogar el IVA a los libros – para que “la gente lea” – ni, mucho menos, una reforma de fondo que logre sacar a este país de la inopia cultural a que nos han conducido los gobiernos del duopolio neoliberal – Chile es la “Beocia” de América Latina -.
Esta manía de proponer medidas a cumplir en los primeros cien días de mandato no tienen ningún riesgo, pues se sabe que nadie fiscalizará su cumplimiento y, por parte de los electores, acostumbrados a permitir que les metan las manos a sus bolsillos, no podrán, ni siquiera, querellarse de publicidad engañosa a la candidata o candidato que las prometió – ni siquiera existe un “SERNAC político”, salvo el de mi “teniente Andrés Velasco” -. Si, al menos, hubiera un compromiso ante notario público – aunque estos funcionarios están un poco desprestigiados – los ciudadanos podrían exigir su cumplimiento. La mejor solución para salvar esta situación de engaño a la fe pública sería la convocatoria a un plebiscito revocatorio, mediante el cual se podrían enviar un “PLR” a los mentirosos.
En su primera encarnación, la “bella señora” mintió a destajo: prometió, por ejemplo, un gabinete paritario y terminó con otro de “machotes”; dijo que nadie se repetiría el plato, pero ella encabeza este despropósito; prometió fortalecer la educación pública, pero la destruyó con la LGE. Concedámosle el derecho de arrepentimiento por las mentiras y omisiones en su primera vida.
Los “sacerdotes de la diosa” nos aseguran que las cincuenta medidas son sólo un adelanto de un gran programa que va a ser revelado unos días antes de la elección, a la espera de un acuerdo entre “rogelios” y democratacristianos de derecha – entre Pepóne y Don Camillo -, especialmente en sectores como educación, salud, tributos, reformas políticas y, sobre todo en áreas llamadas “sensibles”, como el matrimonio igualitario, despenalización del aborto, muerte dulce, legalización de la marihuana, entre otros.
La mujeres tienen mucha habilidad en engañar con mentiras piadosas a los hombres, por ejemplo, decirles que es el más inteligente, humorista y persona brillante; el saber explotar el narcisismo masculino constituye un arma letal, que es empleada, comúnmente, para engatusar al mal llamado sexo fuerte; Michelle Bachelet lo emplea con sus seguidores y con muy buenos resultados, “macabeos pululan en Hipocritalandia”.
09/10/2013
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