Una simple opinión en una red social, según yo argumentada, dio pie a que SSS fuera acusado de “misógino”. Así de simple, un adjetivo (des)calificativo como “argumento”. Este tipo de cosas uno las puede esperar, en general, de dos tipos de persona: de demagogos que evitan la argumentación a propósito, pues justamente desean colocar una etiqueta; y, por otro lado, de las mentes mansas que asumen esas etiquetas como efectivamente reales.
Me imagino que ninguna de las dos opciones antes mencionadas, es el caso de quien lanzó tal acusación a quien esto escribe. Tal vez sólo andaba en un mal día. O quizás mi “escribimiento” es deficiente y me expresé muy mal.
Por ello, para despejar toda duda, quise escribir mi opinión en forma más extensa o en una versión que se puede llamar “con manzanitas”.
La polémica se suscitó a propósito de que cuando se considera que hasta el momento hay 3 candidatas a la presidencia (a pesar de que la prensa invisibilice a Roxana Miranda y sólo tome en cuenta a las 2 neoliberales), no pude dejar de recordar la campaña presidencial del 2005. La que llevó a la presidencia a Michelle Bachelet.
Si hacen memoria, recordarán que las brillantes mentes marqueteras del comando de la Concer-traición, levantaron una estrategia totalmente sexista disfrazada de visión de “género”. Nos dijeron hasta el cansancio que, sólo por el hecho de su condición de mujer, Bachelet tenía un liderazgo singularmente positivo y que sería una buena presidenta. Sexismo que hubiera sido ferozmente criticado y ridiculizado si, desde la derecha opositora u otra candidatura, se hubiera sostenido la campaña presidencial en los sobresalientes méritos que su candidato poseía por el simple hecho de ser hombre.
En base a tal “argumento” (insisto, totalmente sexista) de las excelsas cualidades de Bachelet como mujer, se llevó adelante la campaña para cazar votos femeninos: las ciudadanas debían elegirla por solidaridad de género… y los hombres más progresistas o conscientes, debían sufragar por ella para así mostrar que no eran machistas que discriminaban a una mujer.
A su vez, el “argumento” de género sirvió para “blindar” a la candidata de las críticas “masculinas” (¡de críticas políticas!): cualquier reproche de un hombre hacia ella, lo dejaría al descubierto como machista y/o misógino. Como bien vociferó Ricardo I, el rey Sol, en alguna ocasión.
El punto es que hoy, con Roxana Miranda y Evelyn Matthei, hay 2 candidatas más fuera de Bachelet. Situación que provocaría un terrible dilema. Pues, ¿qué opción tomar en términos de reconocimiento de liderazgo y solidaridad de género? Es decir, ¿por cuál de estas 3 mujeres votar?
Ante tamaña disyuntiva en que nos sitúa la actual campaña, con 3 mujeres que postulan a la presidencia: ¿qué harán las féminas que pisaron en 2005 los burdos “palitos” de la solidaridad de género o de la superioridad del liderazgo femenino? Y, por el otro lado, ¿qué harán los hombres que quisieran apoyar la igualdad de género y demostrar públicamente que no son “trogloditas” misóginos?
En este aparentemente insoluble aprieto, uno podría esperar una guía de las mismas brillantes mentes marqueteras del comando de la Concer-traición, hoy Nueva Pillería. Ya que en cuanto a candidatas y género, lo que era obvio el 2005 debería seguir siéndolo el 2013. Entonces, uno esperaría una sabia indicación acerca de la conveniencia de votar por una mujer por el hecho de ser una mujer… ¡porque ahora son 3 mujeres!
Aunque en realidad, esta vez no he escuchado desde la Nueva Pillería argumentos de género tan profundos como los del 2005… ¿Será acaso que ya habrán entendido que no sólo era una estrategia rasca, aunque diera resultado, sino patéticamente infundada? Pensemos en un hombre señalando la superioridad de los varones por ser varones o un racista afirmando la superioridad de los blancos por ser blancos. No da ni para darle un par de vueltas, ¿no?
Y, obviamente, aquí estamos hablando de estrategias de una campaña política. No de género, ni de mujeres u hombres, ni de machismo o feminismo, ni de discriminación, ni nada parecido. A menos que estemos ante una mente mansa que compró todo el discurso concer-traicionista del 2005… Si así fuera, entonces cualquier crítica a la candidata de la Nueva Pillería sería efectivamente machismo y misoginia.
Pero, aun así, si una campaña política sólo se trata de una cuestión de género, todavía no me queda claro por cuál de las 3 mujeres votar.
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