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Apicultores acusan al MINAGRI de ignorar contaminación transgénica

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“Cero control” por parte del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) denuncian los apicultores sobre la contaminación transgénica que se extiende en la zona centro-sur de Chile. Aun cuando se supone que nuestro país produce miel orgánica, la Unión Europea está devolviendo los cargamentos de Chile, al evidenciar que la miel está contaminada con polen transgénico, a causa de que el Ministerio de Agricultura no controla la ubicación de estos cultivos. Adicionalmente, los profesionales de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) denunciaron que está en serio riesgo el patrimonio genético al interior de parques nacionales y reservas, que se supone que están allí para preservar la biodiversidad, aun cuando en la práctica el polen transgénico se expande a través del aire, sin que exista control.

Italia prohibió hace unos días el cultivo de transgénicos en su territorio, con lo que se sumó a la mayoría de los países de la Unión Europea. Sólo quedan Portugal y España como reductos de agro-transgénicos. Lo anterior, a causa de una investigación de la universidad francesa de Caen, que evidenció que estos alimentos son cancerígenos, además de la mortandad de abejas en las temporadas recientes.

En América Latina, se prohibieron en Perú, Venezuela y Ecuador. Brasil tiene ley de etiquetado, para que la gente pueda decidir si quiere o no comer transgénicos.

En Chile, el ministro de Agricultura Luis Mayol, ha declarado su apoyo a esta industria, pese a que los productores de miel insisten en la situación de muerte de abejas que consumen pesticidas, y al hecho de que la Unión Europea esté devolviendo cargamentos.

En Chile la miel se produce como orgánica, pero en Europa descubren que es transgénica. Y como obligan a etiquetar los productos transgénicos, pero Chile no tiene ley de etiquetado, entonces devuelven el cargamento.

Así lo denuncia la presidenta de Asociación Gremial de Apicultores de Chile, Jeanette Avilés, quien dice que antes ganaban 2 mil pesos por kilo de miel, y ahora la mitad debido a la política del SAG: “Hemos tenido conflicto con el SAG porque no sabemos cuál es la prioridad. No podemos competir con los transgénicos, para exportar la miel estamos vendiendo a menos de mil pesos por kilo, no hay negocio. Estados Unidos se sumó, pero paga poco, se pierden muchas utilidades”.

Treinta millones de dólares anuales exportaban antes de la contaminación transgénica del polen. Ahora han perdido cerca del 70% del mercado de Europa. Mandan la miel a Estados Unidos, que al igual que Chile no regula los transgénicos, pero pagan menos porque la miel no es orgánica.

La Asociación Gremial de Apicultores de Chile critica al ministro de Agricultura Luis Mayol, y al director del SAG, Aníbal Ariztía, por “la retórica sobre Chile Potencia Agroalimentaria”. El país ya es primer productor latinoamericano de fruta de mesa, pero eso se debe a los apicultores que hoy son ninguneados, aduce Avilés.

“No nos toman en cuenta la apicultura chilena en la parte agrícola, lo ven por el lado de la miel, pero no la polinización, no se considera que no habría fruta sin apicultores. Si no polinizan, afecta a la exportación de frutas. Los berries pagan para polinizar como 50 mil pesos por cajón, pero nadie se preocupa que las abejas no tomen pesticidas, no hay control, nunca se preocupan de si se cumplen las medidas, cero control”, indicó.

La Universidad Mayor y el INTA han comprobado contaminación transgénica en la zona centro sur de Chile. Los organismos genéticamente modificados viajan por el aire desde predios transgénicos que no se sabe dónde están. El SAG responde, a través de la Ley de Acceso a Información Pública, que “no realiza estudios de cruzamiento”.

El presidente del Sindicato de Profesionales de CONAF, Jorge Martínez, agrega que no hay control ni información del posible impacto negativo de la contaminación transgénica sobre el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas, donde están los parques nacionales y las reservas.

“La verdad es que el control es mínimo. Fiscalizar la actividad privada se reduce al mínimo, la información es escasa, es difícil prevenir los efectos por presencia de transgénicos, en zonas declaradas como parque o reserva. En la zona central hay menos representación de sistemas vegetacionales que existen en esta área”, señaló.

Diversos expertos han hecho ver el imperativo de que Chile cumpla estándares básicos para desarrollar la industria de transgénicos, como adherir al Protocolo de Cartagena sobre estándares mínimos de información; crear una ley de etiquetado que permita a la ciudadanía decidir si desea comer transgénicos, y finalmente planificar el uso del territorio, para evitar perjuicios como el que enfrentan los productores de mieles que ya no son orgánicas.

*Fuente: Radio de la U de Chile

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