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¿Se acerca el fin del imperio del Impuesto Específico a los Combustibles IEC?

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En el mercado hay diferentes tipos de precios y uno extraño, el de la bencina al consumidor: con un amplísimo rango en el mundo y un  precio altísimo en el  país.

Ya en mayo del 2008 nuestro gabinete de estudios del futuro plateaba que: los productores de petróleo se había dado  cuenta y que debían agradecer a quienes habían hecho el experimento de subir tan exageradamente el precio de los combustibles al detalle, puesto que habían demostrado empíricamente que ante subidas mayores del petróleo las demandas eran inelásticas. También, que las alzas de los precios a los consumidores, finalmente, no se medían en términos de: la población, el ingreso per cápita, la densidad automotriz, la descontaminación, desincentivo de motorizados, impactos en salud o la rentabilidad social sino que por el volumen recaudado.

No es extraño que hoy día el precio de un litro de bencina sin plomo varíe de casi no tener precio en Venezuela, menos de  $ 100 en Arabia Saudita o Kuwait, $ 400 en México, $ 430 en Estados Unidos, $ 850 en España   y  $ 950 en Turquía, uno de los más caros. El precio que pagan los consumidores por este combustible está alejado de todo principio de competencia y mercado, sobre todo en una economía abierta al mundo. Las razones para que se tenga que pagar en Chile uno de los precios más altos del mundo no se debe: a si los parámetros del modelo son constantes o no, o si son variables o si son incógnitas de un modelo o si es un conjunto de ecuaciones indeterminadas con infinitos resultados o si tiene por objeto descontaminar o reconstruir  caminos dañados por el terremoto de 1985. Son consideraciones generalmente ambiguas, sin un destino preciso de las captaciones y de sus rentabilidades, además, discriminantes para diferentes consumidores del producto y, finalmente, cuando se atenúan con los  subsidios, éstos  al final salen de los bolsillos de los mismos que pagan los impuestos en un círculo vicioso, al que se suma el costo de los peajes cuando se suponía en su origen debían financiar las entonces llamadas carreteras.

En los últimos 5 años se estima que se recolectaron, desde los consumidores,  muchos miles de millones de dólares en impuestos específicos a la bencina y resulta muy curioso  que una cifra algo mayor, se supone,  se gastó en sólo un año, el 2009, de las reservas nacionales,  sin que aún se sepa -en país que todo lo contabiliza- su empleo y rentabilidad social y o privada.

Sin embargo, el futuro de los automovilistas se vislumbra con muy diferentes escenarios. Por una parte se plantean futuros muy diversos para el petróleo y el gas natural: algunos destacan que los nuevos grandes yacimientos inducirán a mantener o bajar los precios, otros esperan alzas del barril de petróleo para llegar a unos US$ 150 a mediados de este año.  Por otra parte, se incrementa el uso de otras formas de energía alternativa para los autos, algunas en combinación con la bencina, otras híbridas con electricidad o con gas natural y otros vehículos usarán sólo electricidad. Estos escenarios conducen a diferentes estrategias a las empresas y a las personas y a tomar decisiones de mediano plazo que podrían tender a impulsar el uso del auto, por razones de costo y de menor contaminación. Mientras sube el precio del impuesto al combustible y su insaciable maquinaria recaudadora de impuestos a las personas asociada… baja el precio del viaje en bicicleta.

Por eso, en un escenario en el que los autos consuman sólo  electricidad u otro combustible no convencional alternativo y no contaminante: ¿Qué va a pasar con el impuesto específico entonces?

Omar Villanueva Olmedo
Director
OLIBAR Consultores
Lic. Cs. Económicas & Adm. 
Universidad de Chile

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