Publicado el 27 Feb, 2013
Reseña a Fuentes, Claudio.
El Pacto: Poder, Constitución y prácticas políticas en Chile (1990-2010)
Editorial UDP, 2013.
La transición chilena es un caso de estudio a nivel global. Los acuerdos, tensiones y complicidades que marcaron la relación entre civiles y militares también lo es. En rigor, ese es el objeto de estudio real detrás de la transición chilena: cómo los uniformados y los políticos le dieron salida al régimen de Pinochet. Los intelectuales chilenos que han escrito sobre el tema supieron copar la década de los 90 con libros, ensayos y columnas que pusieron en primera línea los cuestionamientos a la legitimidad del orden institucional heredado de la Dictadura. Los trabajos de Tomás Moulian, Alfredo Jocelyn-Holt, Armando Uribe, Ascanio Cavallo, Manuel Antonio Garretón y otros tantos tocaban, en lo grueso, la misma tecla: la Constitución Política de 1980.
Una tecla que dejó de sonar cuando Ricardo Lagos asumió el poder. Los libros y ensayos ácidos que corroían las bases mismas de los acuerdos dieron paso a una sociología descriptiva y una autocomplacencia general que derivó en un consenso imposible de rebatir: la transición chilena había sido un éxito. Pese a que el dictador no fue juzgado por sus crímenes, pese a que su legado institucional estaba intacto, pese a que el modelo económico fue aceptado sin mayores reproches, pese a todo el proceso global había sido pacífico.
El triunfo de Ricardo Lagos en el verano del año 2000 vaticinaba la entrada a una etapa post-transición, una suerte de síntesis histórica que prometía superar los clivajes del pasado. En ese clima, recordemos, se negociaron las reformas a la Constitución Política que borraron del texto los llamados “enclaves autoritarios”. El más reciente libro de Claudio Fuentes, “El Pacto”, hace referencia, desde el título, a la condición subjetiva que habitaba en la elite en esos años. De ahí que Fuentes se ocupe de narrar, en una suerte de contra-crónica, la trastienda de cómo se negoció la Constitución, quienes la negociaron y bajo qué principios actuaron.
El gobierno de Lagos venía saliendo de una crisis política acaecida como consecuencia de sucesivos escándalos de corrupción cuyo punto más álgido fue el caso Inverlink. La salida institucional fue pactada entre el ministro del Interior, José Miguel Insulza, y el presidente del principal partido de oposición, el hoy ministro de Economía Pablo Longueira. Ese entendimiento desembocó en una reforma al Estado y sirvió de prólogo al asunto mayor, aquel que Fuentes estudia a cabalidad: las reformas constitucionales. En octubre de 2004 tuvo lugar lo que el autor denomina como “el acuerdo más trascendente desde el retorno a la democracia en Chile”.
En esa instancia, la elite política convino en remover los enclaves autoritarios y, con ello, darle nuevos visos de legitimidad a la Constitución Política. El libro de Claudio Fuentes explica la cuestión en una doble dimensión, por un lado muestra que, conceptualmente, operó el principio de representación y una estrategia global de gradualismo. Por otro lado, explica en formato de crónica las controversias suscitadas a propósito de los resquemores que buena parte de la derecha tenía y del maximalismo incubado en los sectores autoflagelantes de la Concertación.
El libro de Fuentes permite perfilar en sentido histórico lo mismo que otros intelectuales observaron en los 90: una transición inacabada, insípida, con más gusto a empate que a verdadera reforma democrática. Para la Concertación, la Constitución de 1980 ha sido un tema complejo desde comienzos de la transición. Este tópico está en el seno mismo de la campaña del NO porque participar en el plebiscito de 1988 era legitimar tácitamente el texto constitucional. Años más tarde Patricio Aylwin dijo que había que aceptarla “como un hecho” mientras que, años más tarde, la idea de una nueva constitución estaba en el programa de gobierno de la candidatura de Eduardo Frei en 2009. Todo lo cual muestra la inherente dualidad que habita en los cuadros concertacionistas sobre la Constitución Política: gobernar bajo reglas engendradas en Dictadura.
En estricto rigor, el texto de 1980 ha sido objeto de 85 modificaciones, agrupadas en 9 procesos de reforma. El primero ocurrió en 1989, cuando el régimen saliente negoció con la oposición un paquete de reformas constitucionales que menguaron el carácter autoritario de los artículos originales. El antiguo artículo octavo, que prohibía la participación política de partidos de inspiración marxista, fue derogado en conjunto con otras disposiciones que reflejaban el carácter autoritario del texto emanado de la comisión Ortúzar. Las demás reformas fueron avanzando en la senda de democratizar la carta fundamental, pero contaron siempre con el férreo escepticismo de la UDI y sectores de RN que, majaderamente, calificaron el asunto como una cuestión alejada de las prioridades de la gente.
El rol de la UDI en la negociación relatada en El Pacto no puede ser pasado por alto. Es algo más que un partido político velando por sus intereses. Si se compara cada una de las cartas fundamentales y los sistemas de partidos que engendraron, salta a la vista que ninguna otra organización -en solitario- tuvo tantos escaños, tanto poder simbólico y tantas oficinas burocráticas como tienen hoy los gremialistas. Son más decisivos que la DC bajo la Constitución de 1925. Mucho más que los antiguos partidos Conservador y Liberal, eternamente empatados en los salones parlamentaristas. Incluso más poderosos que los pelucones civiles, siempre subordinados a los caudillos militares.
La UDI es la orgánica política más poderosa que ha visto Chile. La Constitución de 1980 y el sistema binominal así lo permiten, de ahí que sean tan celosos guardianes del texto. Ese peso simbólico ya era nítido en 2004, así lo deja ver el libro de Fuentes. La política de los consensos, fundada por Allamand y compañía, ahora le pertenecía a Longueira y sus boys. Cuando la Concertación quiso pactar la transición, llamó a la sede de Antonio Varas. Cuando Insulza buscó un interlocutor, tuvo que dirigirse a calle Suecia. Mal que mal, fueron quince años que no pasaron en vano. Los 90 consagraron una primera transición dirigida desde el puente RN-DC, con todas las implicancias centrípetas que eso tiene. Los 2000, en cambio, están marcados por el nexo PS-UDI, saltándose el centro y consolidando un diálogo en clave “técnica” entre los centros de estudios. De ahí el rol de Libertad y Desarrollo, principal agente intelectual del proyecto conservador.
En 2004, la UDI razonó tácticamente, constató su peso electoral, observó el éxito de su relato “popular” y aquilató la atomización de RN. Y concluyó lo evidente. La UDI apoyó nuevas reformas a la Constitución de 1980 para borrar los “enclaves autoritarios”, pero, a cambio de eso, se constituyó ella misma como el enclave autoritario. El poder de veto hoy no descansa en los militares ni en los senadores designados. Hoy el freno institucional contra-mayoritario lo ejerce la UDI cuyos escaños en el Congreso, sumados al peso simbólico que ejerce sobre RN hacen inviable cualquier reforma sustancial a las instituciones políticas. Esto no lo dice Fuentes, pero aporta los detalles y los conceptos como para hacer preguntas agudas que arrojan respuestas difíciles de deglutir.
El Pacto es un libro sólido que permite observar en perspectiva el tira y afloja que ocurrió en el seno de la elite política en 2004. Es una investigación de altísimo nivel académico tanto por su manejo de datos como por la seriedad de las tesis propuestas. Claudio Fuentes ha desarrollado una línea de trabajo sobre la transición que debe ser revisada a la luz de los debates de los años 90 que, lentamente, fueron durmiéndose en la opinión pública. El mismo autor publicó antes el libro titulado La transición de los militares (2006) en que relata la microfísica de los procesos vividos al interior de las fuerzas armadas. En ese mismo espíritu, El Pacto narra la trastienda del acuerdo constitucional de 2004, que refleja el ethos de la elite y la creciente incidencia de los cuadros “técnicos” en los debates.
El Pacto, además, permite entrever que, detrás de los grandes acuerdos, habita hoy un profundo cuestionamiento a los acuerdos cupulares, a la democracia de los consensos alejada de la calle. Hoy, así lo piensa Fuentes, el pacto se encuentra cuestionado desde todos los frentes. Por eso el libro contiene no solo un análisis y una potente investigación. Es, también, un signo de alerta que debe ser comprendido por toda la clase dirigente. Un nuevo pacto parece ser necesario. La pregunta es si la actual elite lo comprende.
PUBLICADO EN POLÍTICA NACIONAL
Biografía de Claudio Fuentes:
Claudio Fuentes Saavedra (Santiago, 1966) es Ph.D. en ciencia política de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill), profesor titular de la Universidad Diego Portales y director de su Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, ICSO. Obtuvo el premio a la mejor tesis (sección derechos humanos) de la Asociación Estadounidense de Ciencia Política (APSA, 2003) y la beca Luksic de investigación de la Universidad de Harvard (2011). Es autor de Contesting the Iron Fist (Routlegde, 2004) y La transición de los militares (Lom, 2006), coautor de Instituciones cautivas (Catalonia-FLACSO, 2008) y editor de En nombre del pueblo (Fundación Böll-UDP, 2010).
*Fuente: Ballotage
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