Dime que comes y te diré de qué te enfermarás
por Olga Larrazabal S. (Chile)
16 años atrás 5 min lectura
Dicen los médicos que somos lo que comemos, y los biólogos agregan que
somos lo que vemos, oímos, olemos, degustamos, tocamos, y también somos
consecuencia de todas las ondas que no vemos y que ocupan el espacio y
que nos atraviesan e influyen en nuestro organismo. De esas influencias
depende nuestra salud física y mental, y la mayoría de ellas es
incontrolable. Pero dentro del campo que podemos controlar un poco, está
la comida.
Como pertenecemos a la familia de la vida terrestre, lo que ingerimos
está adaptado a la conformación molecular de la vida que todos
compartimos en nuestro planeta. Si lo que comemos no corresponde a este
sistema, es tóxico para nosotros y se llama veneno.
Algunos animales y plantas justamente desarrollan moléculas anómalas
para matar a otros seres vivos.
Una de la substancias más importantes en nuestro desarrollo humano es la
familia de los aceites y grasas, que han contribuido al súper
desarrollo del cerebro humano permitiéndolo agrandarse por sobre los
otros primates pudiendo anidar la reflexión consciente, el habla, un
excelente campo visual, y una estupenda motricidad fina. Dicen los
biólogos y arqueólogos, que el hombre fue hace varios millones de años
un carroñero que se comía las médulas de los huesos desechados por los
felinos gigantes con los cuales convivía y al cambiar su dieta comenzó
su evolución cerebral.
Así, de ser herbívoro, se transformó en omnívoro, y de ahí en los
últimos años, en comedor de papas fritas , hamburguesas y hot dogs
completos.
Las guerras, que produjeron en Europa falta de alimentos, hicieron que
las investigaciones químicas se orientaran a la búsqueda de fuentes de
grasas comestibles que imitaran productos naturales y resistieran la
oxidación, es decir la rancidez. Ahí apareció la margarina, sucedánea
de la mantequilla, y durante mucho tiempo ha reinado por sobre esta
última atribuyéndole virtudes como la de producir menos colesterol, en
un mundo que come en exceso y no hace trabajos pesados.
También aparecieron en el mundo las industrias alimentarias, que reducen
las horas de trabajo en la cocina y producen frituras de gran consumo,
bizcochos y galletas, cremas y masas, cosas que llevan materias grasas
que antiguamente eran aceites de oliva o de girasol o mantequilla, y
actualmente son estos sucedáneos creados por los químicos, que imitan
mantecas, mantequillas, cremas, mayonesas etc.
El problema es que el cuerpo está diseñado para digerir aceites y
grasas naturales y no estos productos artificiales, ya que la naturaleza
tiene un sistema de comunicación entre las moléculas que es de
llave-cerradura, y que permite dividir en este caso las grasas y
aceites, para que el cuerpo los use eficientemente. El hidrogenar
aceites para hacer margarina, significa convertir un líquido en un
sólido taponando con hidrógeno los enlaces y este proceso conlleva el
cambiar la ubicación espacial de la molécula, estropeando el sistema
llave-cerradura. Esto hace que estas substancias no puedan ser
divididas, asimiladas y enviadas a reparar neuronas, por ejemplo, sino
que se almacenan como grasa corporal de mala clase.
Estas moléculas “viradas” se llaman TRANS y los biólogos y
nutricionistas las consideran perjudiciales para la salud, y su
acumulación da origen a problemas inmunológicos, alergias, cáncer y
obesidad, carencia de concentración en niños por falta de aceites
adecuados, falta de desarrollo intelectual y enfermedades degenerativas.
Tanto así que desde el año 2006 es obligación que la industria
alimentaria ponga en sus etiquetas el contenido de grasas TRANS. Pero
¿Quién lee las etiquetas de las papas fritas, los nachos, las masas para
empanadas, los aceites vegetales y la margarina? Casi nadie Además
vienen con letras microscópicas y nadie sabe lo que quiere decir TRANS
La difusión médica se ha concentrado el abuso de alimentos que tienen
colesterol, como la mantequilla, pero nadie dice nada de los perjuicios
de los sucedáneos, que son muchísimo más grandes que los del colesterol,
que por último el cuerpo lo produce porque es la forma que se trasladan
los aceites y grasas en el torrente sanguíneo. De este modo los
fabricantes de alimentos rotulan hasta el agua mineral como “libre de
colesterol” frase que es casi sinónimo de santidad, despreocupándose de
otros componentes bastante más peligrosos.
Actualmente los nutricionistas y biólogos aconsejan preferir la
mantequilla, el aceite de oliva, y el de maravilla, a la margarina y
los malos aceites vegetales de procedencia incierta y evitar las papas
fritas y masas envasadas, galletas de coktail, ramitas, chocolates y
todas esas cositas grasosas llenas de sal y azúcar que están
convirtiendo a nuestros niños en obesos y enfermos. Es mejor comerse
una marraqueta con palta, o con un huevo revuelto que una con margarina o
un hot-dog.
Yo reemplacé las galletas de cocktail por marraqueta cortada en rodajas
finitas y tostada, y arriba le pongo queso fresco con ají picado o salsa
de tomate con orégano y saco aplauso.
Pero también me había entrado la comodidad y había empezado a comprar
una masa de hoja hecha que venden en los supermercados, y al virar el
envase me fijé que en su parte trasera decía con todas sus letras:
Aceites TRANS: 2 unid. Y decidí escribir este artículo y compartir la
información ya que si nosotros no nos cuidamos entre nosotros, no va a
ser la industria la que nos cuide.
De modo que invito a que todos miren los componentes de lo que compran y
en vez de fijarse tanto en el colesterol, abran sus ojos a las Grasas
TRANS.
Y les agrego lo que está pasando en USA y que aparece en la Wikipedia:
“El 25 de julio de 2008, California fue el primer estado de Estados
Unidos en prohibir los ácidos grasos trans en restaurantes. Con efecto
en 1 de enero de 2010, los restaurantes californianos tendrán prohibida
la utilización de aceites, mantecas y margarinas que contengan ácidos
grasos trans "artificiales" para untar o para freir, con la excepción de
las rosquillas fritas. Se prohibirá que las rosquillas y otra
repostería contengan ácidos grasos trans "artificiales" a partir del 1
de enero de 2011. La comida envasada, sin embargo, no está cubierta por
la prohibición y se continuará permitiendo que contenga ácidos grasos
trans.3
Si ellos se cuidan de las grasas TRANS, a pesar de la oposición de la
gran industria, por algo será.
Junio 2010
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