Después del triunfo de la derecha, resulta claro que hay tres ámbitos privilegiados en los cuales se va a desarrollar la oposición política al actual gobierno, a saber: Parlamento. Medios y Movilización Social. Cada uno de ellos posee características que le son propias, sin embargo, los tres están íntimamente ligados entre sí. Por lo tanto, cualquiera sea la estrategia opositora al gobierno del señor Piñera, debiera considerar todas las aristas involucradas en su quehacer inmediato.
Durante los años concertacionistas, la cuestión parlamentaria se convirtió en uno de los intereses centrales de los diversos partidos políticos. Debido, en gran medida, a la legislación vigente, los equilibrios en ambas Cámaras se han mantenido, y aún hoy persisten, con muy pocas variaciones significativas. Por ello, es previsible que gobierno y oposición se vean forzados a “negociar” las distintas iniciativas presentadas por el Ejecutivo.
Si en el ámbito legislativo se advierte un equilibrio, no se puede decir lo mismo en el terreno de lo mediático. El diagnóstico es claro: la propiedad y orientación de los medios de comunicación en Chile hace patente un marcado desequilibrio. Durante dos décadas de gobiernos concertacionistas esta situación no sólo no se atenuó sino que tendió a acentuarse. Todo el interés mostrado por los partidos políticos en posicionarse a nivel parlamentario, se transformó en desinterés a la hora de plantearse con una mínima seriedad el desarrollo de medios alternativos a los grandes monopolios.
En los estudios de comunicaciones, se sabe que los medios no actúan de manera aislada sino que conforman un “sistema” o un “régimen”, de suerte que, cualquier política debe ser pensada de manera integral. En la actualidad, los medios electrónicos han desplazado a los medios impresos. La televisión y los medios digitales han adquirido una inusitada importancia estos últimos años. Asimismo, bajo ciertas condiciones, la radio FM mantiene cierto protagonismo. No obstante, la voz opositora debe encontrar múltiples cauces que incluyan lo impreso, lo audiovisual y, ciertamente, lo digital.
Ninguno de los gobiernos concertacionistas se preocupó de proteger los precarios medios de comunicación desarrollados durante los años de la dictadura militar, más bien se los dejó al arbitrio del mercado, frente a poderosas y voraces empresas periodísticas nacionales y extranjeras. En pocas palabras, la Concertación renunció a una política comunicacional digna de tal nombre, y hoy, convertida en oposición, su negligencia se convierte en un costo político. No obstante, de poco sirve llorar sobre la leche derramada, la cuestión de fondo es cómo articular una política consistente para el desarrollo de medios opositores.
Una oposición sin medios de comunicación no es, tan sólo, una debilidad del conglomerado opositor. Una democracia en que los opositores carecen de medios para hacer oír su voz, muestra, precisamente, el feble tinglado democrático en que se sostiene la institucionalidad chilena. La comunicación social en una democracia de baja intensidad, como la nuestra, ha dejado de ser un problema de mercado para devenir en un problema político de primera importancia para todos los ciudadanos.
– El autor es investigador y docente de Escuela Latinoamericana de Postgrados, ELAP. Universidad ARCIS
– Agradecemos el envíod e este material a Jordi Berenguer
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