La Moneda en la mira por vacilaciones luego del terremoto
por Jorge Molina Sanhueza (Chile)
16 años atrás 6 min lectura
Las tres ramas de las Fuerzas Armadas (Marina, Ejército y FACh) estaban plenamente operativas a poco más de dos horas del mismo 27 de febrero para asumir la misión de tomar control de localidades devastadas y prestar ayuda con hospitales de campaña y establecer puentes logísticos. Sólo esperaban la orden presidencial.
Sin embargo, la descoordinación al interior del gobierno y el desconocimiento de la magnitud de la catástrofe hicieron que la Presidenta Bachelet recién tomara la decisión de decretar el estado de excepción constitucional el domingo, luego de un mediático viaje en helicóptero del ministro de Defensa Francisco Vidal (PPD), las visitas a distintas localidades del Mandatario electo Sebastián Piñera y la transmisión en directo por la televisión de saqueos a supermercados en Concepción.
Fuentes militares consultadas por El Mostrador manifestaron que al interior de las Fuerzas Armadas hubo “molestia” y “desconcierto” por la demora gubernamental. Esta “sensación” surgió, se indicó, porque las relaciones desde que Bachelet fuera ministra de Defensa durante la administración Lagos siempre han sido óptimas, más aún desde 2006 a la fecha cuando la militante PS asumió la Primera Magistratura. Y claro, es una mujer que entiende de los temas. No sólo por ser hija de un general de la FACh, sino por haber hecho un postgrado en la materia.
“Esto se trata de un tema país y las Fuerzas Armadas somos parte del país. Estamos preparados para asumir la responsabilidad que implica controlar catástrofes de este tipo”, dijo un miembro del generalato.
Un experto del Ministerio del Interior en materias de seguridad ciudadana explicó a este medio que dentro de las variables sobre orden público que se manejaban el sábado 27 por la mañana, la número uno eran los saqueos y el desborde de la autoridad.
Las palabras del mundo castrense también alcanzan a la FACh, cuyos pilotos estaban también plenamente operativos en el Grupo 10 para llevar ayuda donde se necesitara. De hecho, el comandante en jefe Ricardo Ortega decretó el estado de alistamiento mucho antes de que el Ejecutivo diera la orden, hecho que motivó más de un guiño en Palacio. En suma, la lógica política detrás de la decisión retrasó todo, dicen los militares.
De hecho, ayer Ortega confirmó esta situación y señaló que efectivamente “nosotros teníamos todos nuestros aviones disponibles dos horas después del terremoto, con tripulaciones… los helicópteros, los aviones, teníamos todo listo. Nosotros somos los encargados de repartir personas, alimentos, del transporte, pero tenemos que llevar esas cosas, no las tenemos”.
Lo anterior se ve agravado pues por el nivel de catástrofe ocurrido en la séptima y octava regiones era deducible que podía producirse un desorden de gran magnitud, atendido que la cadena de suministros estaba rota. No había luz, ni agua, ni gas, ni alimentos. Caminos cortados, muertos y desaparecidos, edificios en el suelo y la “marejada” que hizo desaparecer pueblos casi completos, como por ejemplo Constitución, Pelluhue e Iloca.
Un experto del Ministerio del Interior en materias de seguridad ciudadana explicó a este medio que dentro de las variables sobre orden público que se manejaban el sábado 27 por la mañana, la número uno eran los saqueos y el desborde de la autoridad. Se sabía que ocurriría. Pero aún así hubo dubitaciones y demoras.
Pasados ya unos días, en el gobierno reconocen que los desórdenes se produjeron por un vacío de poder y autoridad en las zonas siniestradas, máxime cuando la decisión de decretar el estado de excepción y el toque de queda, se dio a conocer el domingo recién pasadas las 15:00.
Los principales impulsores de integrar a las Fuerzas Armadas, según fuentes de gobierno, fueron el titular del MOP Sergio Bitar y Edmundo Pérez Yoma, a lo que se plegó el secretario de Defensa, Francisco Vidal. Bachelet dudaba, sobre todo porque sus asesores más cercanos estimaban que aplicar el estado de sitio recordaba tiempos de la dictadura militar de Pinochet, tomando en cuenta que bajo esta figura jurídica se restringen las libertades individuales.
Más aún, pasado el fin de semana, el lunes, había ministros que querían ir urgente a Concepción para dar señal de autoridad y control, ante los múltiples saqueos. Según fuentes que conocieron la situación, el director de comunicaciones de La Moneda, Juan Carvajal, rechazó la idea porque “no quería que le hicieran sombra a Presidenta”.
Con este análisis de La Moneda detrás, es fácil colegir por qué Bachelet sólo ayer instaló la frase que muchos de los afectados por el saqueo y el pillaje esperaban: “Se actuará con todo el rigor de la ley y con toda la severidad necesaria”, marcó el giro comunicacional de la Presidencia.
Pero no todo fue color de rosa para las Fuerzas Armadas. La Marina, por ejemplo, recibió un “tirón de orejas” de parte de Vidal, debido al error de “interpretación” de parte del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) sobre el riesgo real de tsunami en la costas del país.
Si bien es cierto luego se corrigió el análisis y se logró que varias localidades fueran alertadas, logrando salvar vidas humanas, Vidal fue categórico con una frase para el bronce, refiriéndose a lo ocurrido en las costas de la Séptima y Octava regiones como también en la isla de Juan Fernández: “Es maremoto de aquí a Burundi, y hubo un error”.
Sin embargo, pese a este error, los ojos están puestos en la Oficina Nacional de Emergencias, dirigida por Carmen Fernández, a quien responsabilizan por la demora en la reacción para entregar ayuda y ponerla a disposición de la FACH, por ejemplo.
Al respecto, aunque sin referirse al caso puntual, ayer el ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma, explicó que no es hora de “hacer caza de brujas” y que ya habrá tiempo para medir las responsabilidades durante la crisis.
Seguridad nacional
Más allá de la catástrofe misma, subyace un tema de seguridad nacional, dicen fuentes de la comunidad de inteligencia. Y es que la demora en reaccionar por parte del gobierno en sacar a los militares a la calle, junto a la construcción de puentes de distribución, son un verdadero dulce para los servicios de inteligencia vecinos, principalmente del Perú y Argentina.
Lo anterior se produce por varios factores. El primero porque el movimiento de tropas fue lento. Quedan claros cuáles serán los puntos del país a los que hay que destruir para cortar las comunicaciones y caminos, pues en crisis de este tipo la producción de información es gratis. Está en los medios, y las fotografías y testimonios de los afectados por el terremoto hablan por sí solos.
Por ejemplo, durante la última Parada Militar fue posible ver, por primera vez, todo el despliegue del poder de fuego nacional, como un símbolo de que el país está preparado para un conflicto armado. Se suma a ello que gran parte de las fotografías de ejercicios de combate que se han publicado el año pasado siempre son con la tenida de combate del norte de Chile. Sin duda símbolos claros.
Por ahora, el poder de operatividad de los más de 12 mil soldados apostados en la zona está a prueba. No sólo deberán demostrar disciplina y control de la situación, sino también evitar hechos que enloden su actuar, más allá de que la población haya pedido su presencia a gritos.
* Fuente: El Mostrador
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