El lenguaje genocida de la derecha chilena
por José Miguel Carrera (Chile)
17 años atrás 5 min lectura
Todos los que fuimos jóvenes en la época de la Unidad Popular y durante la dictadura de Pinochet recordamos el odio de la derecha expresado en frases rimbombantes acerca del peligro del comunismo y de la participación de los comunistas en la política chilena.
Seguramente los más mayores recordarán los fundamentos de la “Ley maldita” del mal gobierno del presidente González Videla para poner fuera de la ley al Partido Comunista chileno.
Agustín Edwards anunciaba que el comunismo traería tanques militares rusos a La Moneda. Los únicos tanques que llegaron a destruirla, como sabemos todos, fueron los de las propias Fuerzas Armadas chilenas.
Personajes como Sergio Onofre Jarpa, Juan de Dios Carmona, Jaime Guzmán, Eduardo Frei Montalva y Gonzalo Vial competían en el uso del lenguaje que hicieran aparecer lo más terrible posible a los militantes comunistas. Incluso Vial participó en la elaboración del Libro Blanco donde se inventó el Plan Zeta para “justificar” la represión que vendría después del golpe de Estado, se compró luego que ese libro fue financiado por la CIA norteamericana.
Luego los generales golpistas Pinochet, Leigh, Mendoza y Merino justificaron el ataque a La Moneda y el golpe ante el peligro inminente del comunismo.
Los diarios derechistas El Mercurio, La Tercera y La Segunda, entre otros, defendieron la dictadura con largos artículos y espectaculares titulares que anunciaban lo terrible y peligroso que era el marxismo para los chilenos, argumentando que perdíamos la libertad, la familia, la patria potestad sobre los hijos y miles de mentiras más.
El mundo y los chilenos supimos lo que significaba ese lenguaje genocida. En carne propia comprobamos que el anticomunismo de la derecha significaba asesinatos y aniquilamiento de los militantes comunistas, socialistas, miristas y de la Unidad Popular, la muerte del presidente Allende, la desaparición hasta nuestros días de cientos de mujeres y hombres. Gente sencilla de nuestro pueblo fue ejecutada, asesinada a mansalva, y otros miles fueron exiliados o expulsados de sus trabajos porque olían a comunismo.
Hoy, la derecha, a través del partido empresarial UDI, Unión “Demócrata” Independiente, por medio de sus voceros y máximas autoridades relanza nuevamente ese lenguaje genocida para atemorizar a los chilenos.
Juan Antonio Coloma, timonel derechista, dice que “la inclusión del PC” en la campaña de Frei es “la izquierdización definitiva de la campaña”. Con ese preámbulo, Víctor Pérez, su Secretario General, anuncia el peligro del comunismo tal como lo hacía la derecha de antaño, recalcando que “los comunistas llevaron al país a la peor crisis institucional de la historia de Chile, un pasado que nadie quiere repetir”.
El dirigente derechista, Felipe Salaberry, dijo que “en Chile y en el mundo, el PC es un partido que propone el uso de la violencia para conseguir sus objetivos”. Estas frases son expresadas por los que fueron parte del gobierno golpista y se consideran sus herederos legítimos.
Se suma a lo anterior las declaraciones del hermano del candidato-empresario Piñera, pinochetista de corazón y bolsillo, José Piñera, genio de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), que han generado millonarias ganancias a sus administradores y por supuesto pírricas jubilaciones a sus verdaderos beneficiarios: los trabajadores chilenos.
José Piñera dice que “hay pruebas del uso electoral obsceno que hizo Frei Ruiz-Tagle de la muerte de Eduardo Frei Montalva”. Nada dice este individuo de la confabulación que ha descubierto la justicia chilena acerca de la muerte del padre del actual candidato de la Concertación, hecho sucedido en el gobierno del dictador Pinochet, del que él era parte.
El lenguaje genocida que incluye omitir la verdad, sumado al poder del dinero que fluye a raudales de sus arcas económicas acumuladas durante todos estos años, son el poder político y electoral actual de la derecha chilena. No existe otra razón que justifique su fuerza electoral que no sea el poder económico que han construido desde el golpe militar al gobierno del presidente Salvador Allende.
Pero hay que decir la verdad. La responsable de esta situación, del poder de la derecha y su desfachatez de culpar a los comunistas de los crímenes de la dictadura tiene un hilo conductor: las políticas de los gobiernos de la Concertación.
La Concertación se esmeró, primero, en negociar una salida que mantuviera inalterable la obra antipopular de la dictadura, permitió que los civiles y militares vinculados a los golpistas mantuvieran sus cuotas de poder y riquezas esquilmadas al Estado chileno. Aceptaron enclaves intocables que impidieron democratizar el Estado, las FFAA y el Poder Judicial. En segundo lugar, sus gobiernos han incrementado la desigualdad y la riqueza del empresariado en contraposición a los trabajadores chilenos.
Hoy la Concertación pone contra la pared al pueblo. Todos estos años han gobernado con la derecha, pero ahora nos dicen que si no los apoyamos en enero, vendrá la derecha, y llama a unir a todos los progresistas para impedir que la derecha sea gobierno. A los desplazados de estos años de sus gobiernos, los reprimidos en las huelgas, los luchadores por un mejor salario y en especial sectores del pueblo mapuche les cuesta tragarse eso de que ahora pueden ser de ese “progresismo”.
Hace rato que la derecha está en el poder. Es dueña de nuestras fuentes de trabajo, administra nuestros ahorros previsionales, controla nuestra ética y moral en instituciones dirigidas por sus personeros, regula nuestra educación en escuelas y universidades privadas, maneja nuestras riquezas básicas como el cobre y al agua asociada a empresas trasnacionales, y de igual manera cobra las cuentas de la luz y los teléfonos.
Hay que estar atentos al lenguaje de la derecha chilena cuando amenaza que viene el comunismo, ya que seguramente nos tiene preparada alguna mala receta.
Construyamos un Chile Digno.
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