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Lo verdaderamente imprescindible

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A propósito de un homenaje que se me hizo en La Moneda, con ocasión de mi nonagésimo segundo aniversario, desarrollé estos conceptos:                                     

Considero que los servidores públicos son lo verdaderamente imprescindible…  es claro, los que cumplen bien su función.

Los servidores públicos en una nación son todos los funcionarios del Estado, desde el Presidente (o la Presidenta), Ministros, Parlamentarios y Jueces hasta el Maestro de una Escuela o el portero de un Consultorio. O sea, todos los nombrados, directa o indirectamente por los ciudadanos para el servicio del bien común.

Hay un círculo más amplio, que llamaríamos servidores civiles, que son todos los que pertenecen  a la comunidad nacional y que gozan de sus beneficios. Por esto mismo deben retribuir a la comunidad sirviéndola. Aquí están las dueñas de casa, los obreros, los profesionales etc.. Todos pertenecemos a una comunidad humana, aún un Robinson Crusoe ha nacido en ella.

Cada ciudadano es un individuo que tiene que sustentar su vida, y tal vez una familia, y puede tener otros objetivos válidos. Pero recibe mucho por vivir en sociedad (educación, cultura, medios de subsistencia)) y debe retribuir y colaborar.

El sociólogo Jacques Rousseau habla de un virtual contrato social que hacemos todos para que juntos podamos crear condiciones favorables a la vida. Estas constituirían el bien común. Nuestra motivación sería, pues, cumplir con ese virtual contrato.

Pero frente al enfoque individualista de Rousseau está el comunitario de Aristóteles y Santo Tomás. Somos parte del todo y hemos de contribuir como partes al bien del todo. Lo pide la justicia social y la caridad social. Aquí el bien común es el bien de todos.

Los servidores públicos en cambio tienen un contrato, no virtual sino real, que los obliga a servir. Pero aquí lo indicado es desarrollar una verdadera mística del servicio fundada en la justicia y el amor.

Pasemos ahora de una clarificación conceptual a la apreciación de nuestra realidad chilena.

1.- El desprestigio de la política encierra, sin duda, una cierta proporción de simple egoísmo, comodidad, falta de disposición a servir.

Se da entre nosotros una tendencia al servicio, que considero “a natura”. Pero, más fuerte se advierte en la mujer que en el hombre en algunos servicios como la educación y el cuidado de la salud. Pero esta tendencia positiva y sana tiene que luchar contra un individualismo alentado por una cultura hedonista y codiciosa de dinero. Los medios de comunicación fomentan estas tendencias.

Veamos cuánta falta nos hace, aquí en Chile, esta mística del servicio. Esta mística debe llevar a un cumplimiento responsable de la tarea, poniendo en él el interés y el corazón. Daré algunos indicios de nuestro déficit.

2.- La falta de interés de nuestros jóvenes por entrar en el servicio público, y los que entran lo hacen mayormente por el sueldo. Esto ha sucedido, por ejemplo, en el magisterio y los resultados han sido trágicos.

3.- Hay, con todo, jóvenes idealistas que se enrolan, por ejemplo, en los voluntariados como “Un techo para Chile”. Pero me he encontrado con algunos de ellos muy desilusionados de su trabajo en algunos Ministerios por encontrarse en un ambiente de flojera, aprovechamiento: gente que vegeta.

4.- La corrupción es el síntoma extremo de la búsqueda del interés propio con perjuicio del común.

5.- Congresales que suben sus sueldos. Profesionales que trabajan en empresas del Estado con sueldos exorbitantes. Médicos que no honran su profesión de servicio, anteponiendo excesivas ganancias en la atención particular al servicio en consultorios o en las regiones.

Se requiere, a mi juicio, una verdadera reforma estatal de todas las instituciones públicas, no solamente institucional sino de personal, que elimine el cuoteo, el partidismo preponderante, los sueldos tan dispares (tanto el sueldo muy alto como el muy bajo son negativos) y que instale el control y la responsabilidad efectivos.

Se requiere una reforma constitucional, el Bien Común requiere equidad y después de 30 años de vigencia de la Constitución, Chile es el país más inequitativo. Es una crisis de nuestra democracia.

Hay que hacer un gran esfuerzo de educación cívica para contrarrestar el individualismo y materialismo reinantes, y crear un sentido prevalente de servicio público y cívico, una valoración del Bien Común.

Antes de terminar diré que en vista del futuro, de esta adveniente globalización mundial, hemos de ampliar nuestra visión de servicio al Bien Común. El Bien Común nacional ha de irse integrando en el Bien Común mundial.  Chile entero debe sentirse parte del mundo, y toda parte ha de ponerse al servicio del todo. Debe estar dispuesta a sacrificar su bien parcial al bien del todo. Chile ha de poder superar sus nacionalismos, que miran al pasado, y asumir un universalismo  que lo integrará a la construcción de un mundo de justicia, equidad y paz.
La Nación, Julio de 2009

* Fuente: Reflexión y Liberación 

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