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Entre el nacimiento de la clase obrera en Chile y su constitución como sujeto político (I Parte) 

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Dedicado a Luis Vitale

Entre el nacimiento de la clase obrera en Chile y su constitución como sujeto político.
El “Congreso obrero” de 1885 y la Huelga general de 1890 como antecedentes históricos de la matanza de Santa María [1].
Miguel Fuentes M (2)

Resumen
Se presenta una contextualización histórica de la masacre obrera de 1907 en la Escuela de Santa María, haciendo hincapié en la imbricación de las condiciones estructurales que habrían permitido el nacimiento de nuevos actores sociales y políticos (la burguesía industrial y el proletariado). Esto último se encontraría en la base de una profunda re-configuración de la lucha de clases en nuestro país hacia comienzos del siglo pasado. En otras palabras, el reemplazo, y superación, de la tradición política del mutualismo y de las diversas expresiones de rebeldía social asociadas a los sectores peonales, por el advenimiento de las formas de lucha y organización propias de la clase obrera moderna. En este escenario, de transición de las formas de lucha, tanto el “congreso obrero” de 1885 como la huelga general de 1890, marcarían la temprana constitución del movimiento obrero como sujeto político nacional. Los antecedentes inmediatos de su protagonismo histórico, el cual se consolidaría durante las primeras décadas del siglo XX, con el origen de la AOAN, la FOCH y la fundación del partido comunista de Recabarren (asociado a la Tercera Internacional de Lenin y Trotsky). Hacia finales de este primer momento, fundacional al nivel de la lucha de los sectores obreros, la masacre de 1907 en Iquique constituiría uno de los puntos más álgidos de este proceso, adquiriendo el carácter de un verdadero hito del origen de la lucha y la organización de la clase obrera chilena hasta hoy.

1. Introducción
La matanza de la escuela Santa María no puede ser entendida sin una visión de conjunto acerca del periodo en que esta acontece. Aquella no es tan solo otro hecho de sangre que afectó a los trabajadores por esos años, o una manifestación más del encono con que se enseñaron las elites dirigentes y el ejército en contra de los sectores populares. Tampoco es simplemente otro ejemplo del valor y abnegación con que irrumpió la lucha de la clase obrera a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Es más, la matanza de Santa María no puede ser reducida a las causas particulares que la provocaron; entre otras, el desarrollo de la huelga en la pampa y su extensión a Iquique, la existencia de un aparato estatal oligárquico y de una elite que sentía escozor ante la más mínima amenaza del “populacho”, la acción decisiva de la oficialidad militar predispuesta a la represión, etc.

Por el contrario, aquella hunde sus raíces en el encuentro de una importante cantidad de procesos históricos, los cuales llegaron a tener por aquel entonces una importancia decisiva. El desarrollo del primer ciclo industrializador, con uno de sus puntos neurálgicos en el norte salitrero y con el establecimiento de una rama económica capitalista-industrial plena (la minería del salitre), el avance del proceso de proletarización de la masa peonal en cierta ramas productivas y el nacimiento de algunos de los más tempranos destacamentos del proletariado minero, así como también la progresiva subordinación del aparato estatal al capital imperialista inglés y la manifestación de las primeras formas de la lucha de clases contemporánea, son algunos de dichos procesos. Es justamente uno de estos últimos, la constitución de la clase obrera como sujeto político, el que abordaremos en el presente artículo. Como trataremos de mostrar a continuación, pensamos que uno de los significados más profundos que tiene la matanza de la escuela Santa María tiene que ver, precisamente, con el encuentro, o más bien choque, entre el desarrollo de un nuevo protagonismo histórico, el de la clase obrera que nace a la vida política y que deviene en el eje de la organización y de la lucha de los sectores populares, por un lado, y la defensa acérrima que hicieron las elites dirigentes del orden liberal-conservador propio de aquellas décadas, por otro. De esta manera, la matanza se inscribe como uno de los puntos más álgidos de aquel enfrentamiento, adquiriendo el carácter de un hito fundacional de la lucha de clases moderna en nuestro país.

Fue hace algo más de un siglo cuando los trabajadores chilenos comenzaron a impulsar sus primeras experiencias de lucha. Por aquellos momentos, estos debieron cargar sobre sus hombros con los costos de la brutal imposición de la llamada “modernización mercantil”, así como también con la profundización de un régimen económico y político salvajemente liberal, contrario a satisfacer sus demandas más básicas. En este escenario, el movimiento obrero dio una serie de importantes pasos en el camino de su organización política. Sería justamente la convocatoria al “Congreso Obrero” del año 1885, y sobre todo la huelga general de 1890, lo que marcaría la entrada definitiva de la clase obrera como actor político nacional y como sujeto histórico.

2. El contexto del surgimiento de la clase obrera como sujeto político
El escenario económico, social y político de la segunda mitad del siglo XIX en nuestro país es uno de profundas transformaciones. Durante estás décadas, la sociedad chilena fue profundamente reconfigurada, y hasta cierto punto desgarrada, por una serie de importantes procesos de cambio. Dentro de estos, con directas implicancias para el surgimiento de la lucha y la organización del proletariado chileno, podemos mencionar los siguientes:

2.1 Industrialización parcial y constitución del proletariado moderno
En líneas generales, durante el siglo XIX se produce en Chile, por un lado, el establecimiento, y la consolidación tardía, de un sistema económico basado en la penetración (y en el control progresivo) del capital extranjero sobre las palancas fundamentales de nuestra economía. Así también, el impulso de un proceso de industrialización parcial de ciertas ramas productivas, alentada por el capital foráneo [3]. De esta manera, durante este periodo se produce en nuestro país la transición entre un modo de producción colonial a uno capitalista semi-colonial moderno [4].

Este proceso de industrialización, el cual tuvo lugar sobre todo a partir de los años 1870 y 1880, trajo como resultado una serie de importantes transformaciones que afectaron al conjunto de la estructura económica y social de aquel entonces. Efectivamente, dicho proceso constituyó uno de los más importantes antecedentes, además de otros como el de la peonización y proletarización generalizada de la fuerza de trabajo [5], para el asentamiento de las condiciones históricas del desarrollo económico y social chileno desde aquellos días hasta el presente. Esto se tradujo, entre otras cosas, en la consolidación de un régimen económico mono-exportador de materias primas, así como, igualmente, en el surgimiento de la burguesía y de la clase obrera moderna [6]. Ahora bien, este proceso, si bien representó un importante impulso de las fuerzas productivas de nuestro país, se dio tan solo de manera parcial y selectiva [7]. En realidad, de la mano de los intereses del capital extranjero, dicho proceso de industrialización terminó por acentuar el carácter dependiente de nuestra economía, desincentivando un proceso de industrialización pleno [8]. Sin embargo, aclarado el alcance parcial que tuvo por aquellos momentos aquel proceso industrializador (limitado tan solo a ciertos sectores del sistema productivo), es importante recalcar el hecho de que este proceso implicó el desarrollo de algunos sectores económicos claves.
Entre aquellos, sobre todo, el del sector minero y metalúrgico, así como también el del rubro alimenticio (fundamentalmente cervecerías) y el de confección de artículos de cuero y calzado, entre otros [9].

Hacia las últimas décadas del siglo XIX se había producido en Chile, por tanto, un importante proceso de transformación capitalista, sobre todo en los sectores más dinámicos de la economía nacional. El creciente “peso específico” que fue obteniendo la naciente clase obrera en el sistema económico, al calor del afianzamiento del Capitalismo moderno y de la proletarización generalizada de la fuerza de trabajo, así como también la perdida de protagonismo social de otros sectores sociales, sobre todo del artesanado y del peonaje [10], fueron así algunos de los aspectos en que dicha transformación se expresó más claramente. Es en este marco que hizo irrupción la lucha y la organización del proletariado chileno, trayendo consigo, como ya hemos dicho, una importante re-configuración de la lucha de clases en Chile [11]. Una profunda ruptura histórica al nivel de la organización y los métodos de lucha de los sectores populares. Es decir, el surgimiento de un nuevo protagonismo social y político, el del proletariado como caudillo de la nación oprimida.

2.2 La profundización liberal de las condiciones de opresión de los sectores populares
Transversal a todo el siglo XIX, como contra-cara del asentamiento del régimen político liberal, así como también de la riqueza y del alto nivel de vida que exhibieron las minorías dominantes durante este periodo, fueron las condiciones de intensa explotación y opresión que afectaron al conjunto de los sectores populares [12]. El hambre y la miseria de las ciudades y el campo, la elevadísima mortandad infantil, las enfermedades y las paupérrimas condiciones de vivienda, se dejaron sentir con fuerza, cotidianamente, en un vasto sector de la población chilena durante este periodo [13]. Esta situación, que comúnmente se ha denominado como la “cuestión social”, no fue sino la expresión de la brutal instauración de un régimen económico, social y político liberal ultra-autoritario, incapaz de asegurar los derechos sociales más básicos. De esta forma, hacia las últimas décadas del siglo XIX, el proceso de transición capitalista en curso, y dentro de aquel el desarrollo del proceso de industrialización parcial al que ya hemos hecho mención, lejos de significar una superación de las condiciones de opresión que el pueblo chileno había debido soportar hasta ese entonces, implicó (por el contrario) una preservación de las mismas [14]. El nacimiento del sistema capitalista reprodujo de esta manera, y profundizó (de la mano del fortalecimiento del régimen político liberal, en el marco de las distintas guerras civiles del periodo), las más bestiales formas de explotación de clase. En poco tiempo, la naciente clase obrera heredó sobre sus hombros (de manera concentrada) el peso de la explotación y opresión histórica que había afectado al conjunto de los sectores populares en el pasado [15].

2.3 La resistencia del artesanado y de los sectores populares a la proletarización. La tradición política del mutualismo
Fue durante este periodo, de rampante explotación liberal, que los sectores populares; el artesanado en primer lugar, y la clase obrera posteriormente, levantaron sus primeras organizaciones políticas [16]. Los primeros, influidos por el ideario liberal-democrático, planteándose el problema de la llamada “regeneración moral y espiritual del pueblo” [17]. Los segundos, más tardíamente (y aunque en sus comienzos también influidos por el liberalismo), comenzando a enfrentar, de hecho, con sus propios métodos (la huelga obrera y la acción directa, entre otros), las bases mismas de la explotación capitalista y de la sociedad de clases.

Como constata Illanes [18], el surgimiento del mutualismo fue un verdadero punto de ruptura que marcó el nacimiento del movimiento popular chileno a la vida política [19]. Esta tradición tendió a cuestionar, aunque sin llegar a quebrar totalmente con los intereses de los sectores dominantes, las ya viejas prácticas de instrumentalización política que acostumbraban implementar las elites criollas periódicamente: entre otras, la tradicional “convocatoria” y “movilización” del bajo pueblo, en pos de una u otra facción gobernante [20]. Se puede afirmar, por tanto, que el mutualismo chileno, de carácter primordialmente artesanal, constituyó una de las primeras formas de organización política que se planteó hacer suyos, resistiendo el avasallante proceso de proletarización en curso, los intereses del conjunto de los sectores populares [21]. Con el tiempo, esta tradición llegaría a tener una importancia fundamental (aunque altamente contradictoria) en los orígenes mismos de la lucha del proletariado chileno, representando así (más allá de los límites que le impuso su cercanía a la burguesía liberal y a su programa político) la primera forma de asociatividad política surgida en el seno del movimiento popular de nuestro país [22]. De hecho, la importancia del mutualismo radica en que este no solo precedió a las demás formas de organización obrero y popular que se dieron en Chile a partir de ese entonces: entre otras, las sociedades filarmónicas de obreros, las mancomunales y los sindicatos, sino además en que se transformó (entre las décadas de 1850 y la de 1880) en el eje articulador de la actividad política de los principales bastiones del movimiento popular por ese entonces [23].

Durante este periodo, las figuras de Bilbao, Arcos, Laynez y Vivaceta, representaron de esta manera una de las expresiones más vivas del ideal de cambio de aquellos sectores que, influidos por el programa liberal-democrático, se ponían de pie para enfrentar a la oligarquía dominante [24]. Sería tan solo a partir de 1870, y sobre todo a partir de la década de 1880, cuando la experiencia del mutualismo decantaría en el nacimiento de nuevas formas de organización social y política [25]. Estas últimas; por ejemplo, las mancomunales y la Federación obrera, no solo llegarían a sintetizar en sí la tradición mutualista, tomando como propia su rica experiencia política, sino que la complementarían, superándola y, en forma cada vez más creciente, estableciendo una importante ruptura con aquella.

Notas
1. Este artículo ha sido presentado como ponencia en el “II Encuentro de Historiadores. A Cien Años de la Masacre de la Escuela de Santa María. 1907-2007”. Universidad Arturo Prat. Iquique, Diciembre 2007.
2. Licenciado en Historia. Estudiante de Licenciatura en Antropología con mención Arqueología (IV año). Universidad de Chile. casilla2009@hotmail.com
3. Ortega. L., “Acerca de los orígenes de la industrialización en Chile”, en Nueva historia, año 1, n° 2, Londres. 1981.
4. Salazar. G., Historia de la acumulación capitalista en Chile (apuntes de clases), LOM Ediciones, Santiago. 2003.
5. Salazar. G., Labradores, Peones y Proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, LOM Ediciones, Santiago. 2000.
6. Ortega.L., op. cit.
7. Grez, S., De la regeneración del pueblo a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), DIBAM – RIL Editores, Santiago. 1998.
8. Salazar. G., Historia de la acumulación…, op. cit.
9. Grez, S., De la regeneración del pueblo…, op. cit.
10. Grez, S., “La trayectoria histórica del mutualismo en Chile, 1853-1900”, en Mapocho número 35, DIBAM, Santiago. 1994.
11. Grez, S., “Transición en las formas de lucha: motines peonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907)”, en Historia, número 33, PUC, Santiago. 2000.
12. Illanes, M., La Revolución Solidaria. Editorial Prisma. Santiago. 1990.
13. Ídem.
14. Salazar. G., Historia de la acumulación…, op. cit.
15. Grez, S., De la regeneración del pueblo…, op. cit.
16. Ídem.
17. Ídem.
18. Illanes, M., La Revolución Solidaria…, op. cit.
19. Grez, S., De la regeneración del pueblo…, op. cit.
20. Illanes, M., La Revolución Solidaria…, op. cit.
21. Grez, S., De la regeneración del pueblo…, op. cit.
22. Ídem.
23. Illanes, M., La Revolución Solidaria…, op. cit.
24. Ídem.
25. Grez, S., “La trayectoria histórica…”, loc. cit.

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