Estudio U. de Chile revela cómo el precio del cobre incide en trayectorias educativas en zonas mineras
por Ma. Fca. Maldonado Wilson (Chile)
4 meses atrás 5 min lectura
06 de junio de 2026
Investigación de Nathaly Rivera, académica del Departamento de Economía, junto a Lenin Balza, del Banco Interamericano de Desarrollo, y Camilo De Los Rios, de Duke University, muestra que las alzas en el precio del cobre pueden aumentar la matrícula en educación superior en zonas mineras, especialmente en carreras técnicas, pero también elevar la deserción en programas profesionales entre jóvenes de menores ingresos.
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Digging deep: Resource exploitation and higher education
Nuestro país es uno de los principales productores de cobre del mundo y, cada vez que su precio sube, los efectos se sienten mucho más allá de la economía nacional. También pueden influir en decisiones íntimas y decisivas para miles de jóvenes: seguir estudiando, postergar la educación superior o ingresar antes al mercado laboral.
Ese es el foco de Digging deep: Resource exploitation and higher education, artículo publicado en la revista World Development por Nathaly Rivera, académica del Departamento de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile; Lenin Balza, del Banco Interamericano de Desarrollo; y Camilo De Los Rios, de Duke University. La investigación analiza cómo los shocks positivos del sector minero, asociados al aumento del precio del cobre, impactan en las trayectorias de educación superior de estudiantes de zonas mineras en Chile.
A partir del cruce de datos administrativos de más de tres millones de egresados de enseñanza media entre 2006 y 2018, información del precio internacional del cobre e indicadores territoriales sobre riqueza minera, el estudio identifica un fenómeno con dos caras: cuando sube el precio del cobre, aumenta la probabilidad de ingresar a la educación superior, pero también crece la posibilidad de abandonar una carrera antes de terminarla.
“Cuando sube el precio del cobre, aumenta la matrícula en educación superior en las zonas mineras, pero al mismo tiempo aumenta la deserción”, explica Nathaly Rivera. Según la investigación, un alza de un dólar en el precio del cobre eleva la probabilidad de matrícula en cerca de 2,6 puntos porcentuales, equivalente a un aumento de 3,6%. Sin embargo, también disminuye la probabilidad de completar una carrera entre 0,3 y 3,8 puntos porcentuales, lo que equivale a una caída cercana al 9% en la tasa de finalización en estas regiones.
La clave, advierte la académica, está en mirar quiénes son los estudiantes afectados. El aumento de matrícula se concentra principalmente en jóvenes de ingresos medios, identificados en el estudio a partir de su egreso de colegios particulares subvencionados. Además, se trata sobre todo de matrícula tardía, es decir, estudiantes que no entran necesariamente a la educación superior inmediatamente después de cuarto medio, sino un tiempo después. Esta matrícula se orienta con mayor fuerza hacia programas técnicos y vocacionales, más vinculados a las necesidades del sector extractivo.
La deserción, en cambio, se concentra en estudiantes de menores ingresos, asociados en la investigación a establecimientos públicos. Para este grupo, el auge minero puede abrir oportunidades laborales atractivas en el corto plazo, lo que eleva el costo de oportunidad de seguir estudiando. En otras palabras, cuando los salarios o la empleabilidad mejoran en el sector, continuar una carrera larga puede volverse menos atractivo frente a la posibilidad de trabajar.
“Para estos jóvenes, los retornos relativos de un título caen frente al salario que podría estar ofreciendo el sector minero en el corto plazo, y muchos abandonan antes de titularse”, señala Rivera. El efecto, agrega, es más fuerte en carreras profesionales de cuatro años o más que en programas técnicos, justamente porque exigen postergar por más tiempo el ingreso al mercado laboral.
El estudio muestra, además, que estudiantes provenientes de colegios particulares no presentan efectos significativos frente a estas variaciones. Para Rivera, este punto es especialmente relevante, porque revela que los booms de recursos naturales no afectan a todos por igual: mientras algunos hogares pueden aprovechar mejores ingresos para financiar estudios, otros jóvenes enfrentan trayectorias educativas más sensibles al ciclo económico.
“Este hallazgo nos ayuda a entender que la tensión sobre si los estudiantes tienden a invertir más o menos en educación durante altos precios del cobre depende del nivel socioeconómico”, plantea la investigadora. La académica también subraya que desertar no siempre debe interpretarse como una mala decisión individual. En algunos casos, entrar al mercado laboral durante un boom puede ser una respuesta racional frente a los retornos esperados de la educación. Sin embargo, la alarma aparece cuando esa decisión se concentra sistemáticamente en jóvenes de menores recursos.
Desde esa perspectiva, la investigación abre preguntas relevantes para las políticas públicas en regiones mineras. Para la autora, la evidencia no apunta solo a un problema de acceso, ya que la matrícula efectivamente aumenta, sino sobre todo a un desafío de persistencia y titulación. Por eso, programas de retención, becas de manutención, apoyo académico y acompañamiento durante períodos de altos precios podrían ser herramientas clave para reducir el costo de seguir estudiando.
Otra línea de acción se relaciona con la matrícula tardía. El estudio encuentra evidencia sugerente de que parte de estos jóvenes, durante el período entre el egreso de la enseñanza media y el ingreso a la educación superior, podrían no estar estudiando ni trabajando. Aunque no es posible saber con certeza qué ocurre en ese intervalo, Rivera plantea que allí existe un espacio para fortalecer programas de transición, orientación vocacional, preparación para la admisión y articulación con centros de formación técnica.
En el largo plazo, advierte la investigación, estos resultados también dialogan con desafíos estructurales para Chile: la movilidad social, la diversificación productiva y la resiliencia económica de los territorios mineros. Si una parte importante de jóvenes de menores ingresos abandona carreras profesionales durante los ciclos de bonanza, sus posibilidades de acceder a empleos de mayor calificación pueden verse limitadas, al igual que la capacidad de las regiones para adaptarse cuando los precios de los commodities bajan.
“Si una parte importante de los jóvenes de regiones mineras se queda sin título profesional, su capacidad de transitar hacia empleos de mayor calificación, y la capacidad de la región de adaptarse cuando los precios caen, queda comprometida”,
sostiene Rivera. Por eso, más que mirar el boom del cobre solo como una oportunidad económica, el estudio propone observar sus efectos distributivos y educativos, especialmente en un país que busca avanzar hacia mayor equidad territorial y movilidad social.
*Fuente: UChile
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