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Entrevista con Mumia Abu-Jamal: «Bolívar estaría orgulloso» 

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Un cuarto de siglo al borde de la muerte
El pasado 17 de mayo de 2007 se cumplieron cincuenta y tres años de la decisión de la corte suprema estadounidense en el caso Brown v. Board of Education, que puso fin a la segregación por raza en el uso de facilidades públicas en Estados Unidos. Ese mismo día, en la sala de la Corte Federal del Tercer Circuito de Apelaciones en Filadelfia, se dio una nueva audiencia en la acción legal que el periodista estadounidense sentenciado a muerte, Mumia Abu-Jamal, lleva en contra del estado de Pennsylvania por discriminación racial en la selección del jurado que en 1982 lo sentenció a morir en la silla eléctrica.

Mumia es de origen afroamericano y se destacó desde muy joven como periodista en los barrios pobres de las minorías en Filadelfia. Fue miembro fundador del Partido Panteras Negras (Black Panther Party) en Pennsylvania y luego trabajó en la edición del periódico de la organización en Nueva York y California. En un juicio caracterizado por animosidad racial y política, así como por numerosas violaciones del debido proceso de ley, fue declarado culpable en 1982 de la muerte de un policía anglosajón en Filadelfia, ciudad notoria por el uso de la pena de muerte en contra de las minorías. El caso de Mumia ha estado en apelación desde entonces y ha sido objeto de múltiples campañas de solidaridad en Estados Unidos, Europa, América Latina y Africa.

En el año 2001 la Corte federal de Distrito de Filadelfia coincidió en parte con Mumia en su reclamo de justicia. En una decisión que sólo puede explicarse por el significado político del caso, el juez revocó la sentencia de muerte, pero se negó a dejarlo en libertad; efectivamente condenándolo a cárcel de por vida. Las organizaciones de policías anglosajones en Pennsylvania demandaban que Mumia fuera ejecutado inmediatamente para así mandar un mensaje claro a los grupos minoritarios radicales en Estados Unidos. Estas asociaciones policíacas, de ideología ultra derechista, tienen mucho poder financiero y político a través de todo el país. El juez, al parecer, no se atrevió por ello a hacer plena justicia en el caso.

Mumia apeló entonces la decisión de la corte federal de distrito, exigiendo que no sólo se le revocara su sentencia a muerte, sino que además se le otorgara un juicio justo para probar su inocencia. En ello, se ha visto favorecido por el hecho de que varios de los testigos de la procuraduría en el juicio de 1982 han admitido con el pasar del tiempo que fueron presionados a declarar en contra de Mumia por la policía de Filadelfia. Empleados de la corte han revelado también que el juez que sentenció a Mumia se jactaba de la cantidad de negros que había enviado a la silla eléctrica y de que Mumia no sería excepción. Contrario a las propias leyes de Estados Unidos, la procuraduría excluyó indebidamente a once ciudadanos afroamericanos de pertenecer al jurado. Mas, como era de esperarse, la fiscalía también apeló la decisión de la corte federal de distrito en el año 2001, buscando que se restableciera la condena a muerte. El resultado de este cruce de apelaciones, es que Mumia enfrenta todavía la posibilidad de morir electrocutado por un crimen que no cometió.

Aunque su vida está en juego, a Mumia no se le permitió estar presente en la vista del 17 de mayo de 2007 ante la Corte Federal de Apelaciones del Tercer Circuito. Afortunadamente, varios grupos -incluyendo el equipo legal de la Asociación Nacional para el Avance de la las Personas de Color (NAACP)- intervinieron en los procedimientos a favor de la concesión de un nuevo juicio para el periodista estadounidense. Para la NAACP, el caso de Mumia plantea cuestiones fundamentales para los derechos de las minorías étnicas en Estados Unidos. Así, señala la organización en un varios de sus documentos: “A pesar de la evidencia contundente de discriminación en la selección del jurado, la corte federal que revocó la sentencia a muerte de Mumia Abu-Jamal en el 2001, no sólo falló en no revocar el fallo de culpabilidad y concederle un nuevo juicio, sino que tampoco condenó el modo discriminatorio en que se seleccionó el jurado. El equipo legal de la NAACP le está pidiendo a la Corte Federal de Apelaciones del Tercer Circuito que conceda una audiencia nueva a Mumia Abu-Jamal para que éste demuestre que la procuraduría discriminó en la selección del jurado. Queremos que la corte declare que la discriminación racial no debe tener lugar alguno en el sistema de justicia criminal de Estados Unidos.”

Venezuela y los grandes medios
Lo que sigue a continuación es un diálogo que sostuvimos recientemente con Mumia acerca de su caso, los eventos recientes en Venezuela, la libertad de expresión y la manipulación de la información por parte de los medios. Se trata de una plática continua que mantenemos desde hace tiempo con Mumia, a quien nos une no sólo una gran amistad sino lazos de cooperación estrecha en la lucha por un mundo mejor.

– Sé que te mantienes al tanto de los eventos políticos en América Latina. ¿Qué piensas sobre la no-renovación de la licencia de Radio Caracas Televisión de Venezuela (RCTV) por el gobierno de Venezuela?
Bueno, como periodista y escritor, me preocupo por todo lo que pueda oler a censura, particularmente por el estado. Pero cuando leo libros como el de Tariq Ali, Piratas de El Caribe, veo claramente el papel de los medios de comunicación burgueses en el golpe de estado de abril de 2002 en contra de Chávez. Allá, uno de los principales conspiradores del golpe, el vice-admirante Víctor Ramírez, fue “al aire” durante las primeras horas de la acción para anunciar que el control de los medios era una de principales armas letales de los golpistas. El papel de los grandes medios ha sido el de ser instrumentos en contra de la democracia, el servir de armas en contra de la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos, en contra de Chávez y como portavoces de las elites.

Entonces, de lo que estamos hablando en Venezuela es del uso de los grandes medios como instrumentos de la guerra de clase, como armas que sirven a las clases poderosas.

– ¿Crees entonces que urge hacer una revolución en contra de la manipulación de la información por los grandes medios? Yo pienso que es vital. Esto es particularmente cierto cuando miras el modo en la los grandes medios ayudaron a los intereses corporativos y del estado vendiéndole a la gente una guerra inventada.

Los movimientos progresistas tienen que crear alternativas a los grandes medios. Estos últimos no son sino empresas subsidiarias de las grandes corporaciones. Debido al control y a la propiedad por las grandes corporaciones, reflejan los intereses económicos, políticos y de clase de los poderosos. No pueden hacer otra cosa.

Pero si miras a los datos de la circulación y de las suscripciones de periódicos en Estados Unidos, verás que casi todos van en caída. La gente se está alejando de los grandes medios. Ya no confían en lo que éstos publican, dicen o transmiten. La revolución en contra de la manipulación de la información por los grandes medios, entonces, ya ha comenzado.

– ¿Cómo describes la relación entre esos medios y el gobierno de Estados Unidos? ¿Conspiran en contra de la gente?
Bueno, lo que llamamos en este país mainstream media es un instrumento de los ricos, disfrazado de un servicio público para la persona común y corriente. Como dijera Marx, el Estado no es otra cosa que el ejecutivo al servicio de la clase dominante. Si eso es así, entonces, los grandes medios son un instrumento del ejecutivo. Esto se puede ver claramente en los preparativos que llevaron a la invasión de Irak, pero también es evidente en todo el ruido y bravuconeo que vemos ahora con Irán. En esencia, nada ha cambiado.

Salvo contadas excepciones, la llamada mainstream media traicionó a sus clientes y a la ciudadanía en general, al venderles una guerra por el más cínico de los motivos posibles: por miedo a perder televidentes y por no ser vistos como “suaves” con el terrorismo. Así, los presentadores de noticias, terminaron con la bandera norteamericana al hombro y poniendo música militar en sus programas para demostrar cuán “americanos” eran, mientras le vendían una guerra a un público carente de información.

– ¿Es la Internet la solución al problema? ¿Qué importancia tiene ésta para las organizaciones progresistas?
La Internet tiene mucho potencial, pero también tiene sus limitaciones. En Estados Unidos y en todo el mundo hay millones de personas pobres que simplemente no pueden sufragar el acceso a ésta. Antes se hablaba de la división racial en Estados Unidos, ahora se habla también de la división digital.

Además, si bien ésta ha demostrado ser una herramienta poderosísima de comunicación, la Internet podría llegar a ser un obstáculo de alta tecnología a la comunicación. Puede desalentar la interacción y el diálogo directo entre las personas, sin que haya un sistema intermediario. Enviarle correos electrónicos a las personas, no es organizarlas. Enviar megabytes a una lista de miles de individuos no es organizarlos. No hay nada como la comunicación íntima -de persona a persona- para mover a la gente. Para mover a las personas, hay que estar entre ellas, trabajar con ellas y educarse con ellas. Las personas no son receptáculos pasivos; son por naturaleza entes que interaccionan.

– ¿Por qué no ha logrado la izquierda norteamericana convertirse en una alternativa para las masas?
La izquierda en Estados Unidos sufre todavía las consecuencias del periodo de McCarthy, cuando la represión sembró un miedo terrible entre importantes sectores de la población del país. Como resultado directo, la izquierda estadounidense se encuentra terriblemente subdesarrollada y carece de poder social significativo.

De hecho, muchos que hoy se consideran de izquierda son realmente lo que yo llamo “imperialistas de izquierda”, pues han votado en el pasado por las guerras y buscan aumentar el tamaño y poder del estado burgués. Pero, ¿qué es el neoliberalismo sino el viejo imperialismo con una máscara nueva? El izquierdismo que existe en Estados Unidos es débil, inefectivo y profundamente nacionalista (aunque sea por razones supuestamente defensivas). Hay muchos periódicos de izquierda, digitales e impresos, pero tienen poco impacto.

– ¿Se contagiará alguna vez Estados Unidos de las corrientes progresistas que hoy arropan a América Latina?
Es verdaderamente impresionante observar el crecimiento de movimientos sociales genuinos en América Latina. La influencia de estos movimientos sociales ha podido verse aquí en Estados Unidos en eventos como la marcha a favor de los trabajadores indocumentados hace par de años en varias ciudades. El número de personas que participaron en esas marchas no tenía precedente.

Los hispanos son el grupo étnico de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Dado que son un grupo muy diverso -es decir, hay mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos y otros- traen consigo hacia el norte un caudal de experiencias de lucha.

América Latina va a tener un impacto poderoso no sólo en los grupos progresistas de Estados Unidos, sino en la sociedad norteamericana en su conjunto. Bolívar, pienso yo, estaría muy orgulloso.

* El alegato sometido por la NAACP en la vista del pasado 17 de mayo de 2007 puede encontrase en la pagina digita de la organización www.naacpldf.org
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